La democracia y la desigualdad - Maria Elena Álvarez de Vicencio | La Crónica de Hoy
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La democracia y la desigualdad | La Crónica de Hoy

La democracia y la desigualdad

Maria Elena Álvarez de Vicencio

La democracia es el régimen  preferido, es superior a cualquier otro régimen de gobierno, ya que permite el cambio de gobernantes sin tener que recurrir a la violencia y al derramamiento de sangre.

Otra ventaja de la democracia es que todos los ciudadanos tienen el mismo peso en las elecciones, lo mismo vale el voto del más sabio o el más rico que el de quien no dispone de esos recursos. Sin embargo, esta ventaja puede abrigar en ella su debilidad si se usa la demagogia.

La democracia presupone que todas las personas son esencialmente iguales; sin embargo, en la práctica no actúan en la misma forma quien tiene recursos materiales e intelectuales y quien carece de lo indispensable; estos últimos pueden ser víctimas de la demagogia, ya que les será difícil discernir sobre todas las promesas de las candidaturas.

La democracia formal requiere de los partidos, las elecciones y los parlamentos, pero cuando los diputados y los senadores no son los genuinos representantes del pueblo, el gobierno se convierte en un problema y se ponen en riesgo las vías institucionales para el cambio pacífico de los gobernantes.

La desigualdad social puede afectar el funcionamiento de la democracia y su efectividad. Si alguno de los candidatos ofrece borrar la desigualdad, puede salir electo con los votos de los que menos tienen  y si destina inequitativamente los recursos, los ciudadanos que están en mejores condiciones y que también tienen problemas, se pueden sentir despreciados por el gobierno y esto puede debilitar la unidad nacional.

Es siempre un reto para los gobernantes satisfacer las necesidades de todos los ciudadanos y en estricta justicia, debían ser primero las de los que padecen más carencias. En nuestro país tenemos gran desigualdad y el Presidente ha ofrecido que estarán “Primero los pobres”. Esto que sería muy justo, puede afectar a otra parte de la sociedad.

Estamos teniendo un ejemplo con la suspensión de las guarderías. Con la decisión que se tomó de clausurarlas y darles dinero a las madres, el gobierno ahorra recursos que destinará a otras obras, tal vez de personas más necesitadas, pero la afectación que la medida causa a los niños, a las familias y a las madres, ha movilizado solicitando amparos para lograr que se suspenda esa medida.

Si en las guarderías existía corrupción, lo que se requiere es eliminar esa corrupción, vigilar que haya transparencia, pero no desaparecer las guarderías. Eliminarlas causaría serio daño a la formación de los niños y niñas ya que es en esa etapa donde se adquieren hábitos y valores que serán definitivos en su vida.

Los programas sociales de beneficencia pueden ser armas de dos filos, resuelven un problema y pueden crear otros, ya que al darles soluciones sin esfuerzo personal, se  enseña a las personas a no ser ellas quienes resuelvan sus necesidades, por lo cual es necesario analizar con toda oportunidad el resultado de los programas, para ajustarlos o reencausarlos. Especial atención requerirá el programa de becas a los jóvenes, ya que se requiere darles seguimiento para estar seguros de que están siendo positivos.

Los gobernantes también requieren dar prioridad a los programas que más beneficien a la comunidad. En nuestro caso es urgente establecer escuelas de educación básica accesibles a todas las comunidades, incluyéndoles un taller que los capacite para realizar un trabajo mientras estudian la educación superior.

Darles las herramientas para que por sí mismos puedan atender a sus necesidades es lo mejor que les puede pasar a los jóvenes. Disminuir la desigualdad entre los que todo tienen y los que de todo carecen es la mayor urgencia a resolver.


Doctora en Ciencias Políticas
melenavicencio@hotmail.com

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