José María Vigil transformó el templo de San Agustín en la Biblioteca Nacional | La Crónica de Hoy
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José María Vigil transformó el templo de San Agustín en la Biblioteca Nacional

Legado. Él organizó los libros de la Biblioteca Nacional de México cuando ésta se ubicaba en el Centro Histórico de la Ciudad de México —hoy en Ciudad Universitaria—, y recuperó el manuscrito de Cantares mexicanos que años después estudiaría el nahuatlato Miguel León-Portilla, señala Miguel Ángel Castro

José María Vigil transformó el templo de San Agustín en la Biblioteca Nacional | La Crónica de Hoy

Un mexicano del siglo XIX que amó los libros fue el jalisciense José María Vigil (1829-1909). Este pensador y periodista que es considerado el impulsor de la bibliotecología en el país hizo posible uno de los mayores sueños del expresidente Benito Juárez: convertir un templo en un lugar de ciencia, esto es, la transformación republicana del convento y templo de San Agustín a Biblioteca Nacional.

Con motivo del Día Internacional del Libro, Crónica recuerda a José María Vigil, quien organizó los libros de la Biblioteca Nacional de México cuando ésta se ubicaba en el Centro Histórico de la Ciudad de México —hoy en Ciudad Universitaria—, y quien recuperó el manuscrito de Cantares mexicanos que años después estudiaría el nahuatlato Miguel León-Portilla.

“José María Vigil es figura del siglo XIX desde varios puntos de vista. Como liberal siempre tuvo una posición republicana, respaldó todos los proyectos republicanos y uno de ellos fue la Biblioteca Nacional de México que se fundó en 1867 por decreto del presidente Benito Juárez”, señala en entrevista Miguel Ángel Castro, investigador del Instituto de Investigaciones Bibliográficas (IIB) de la UNAM.

El también coordinador del reciente libro José María Vigil. A cien años de su muerte editado por el IIB, indica que Vigil llegó a la dirección de la Biblioteca que entonces se ubicaba en el Convento y Templo de San Agustín (República de El Salvador 76, Centro Histórico de la CDMX) en enero de 1881 e inició el trabajo de catalogación de libros.

Aunque el expresidente Benito Juárez no vio la total transformación republicana del recinto, José María Vigil transformó ese inmueble católico en el repositorio de todas las publicaciones del país durante el gobierno de Manuel González (1880-1884).

“La primera etapa del trabajo de Vigil fue muy importante porque fue la adaptación del extemplo a Biblioteca. Se hicieron muchísimas cosas porque la misión era transformar lo que había sido un espacio religioso en un espacio laico. Pasó de ser sede del templo católico a templo de la sabiduría y educación, lo cual no fue sencillo”, platica Castro.

La polémica de esa transformación, precisa, fue la pérdida de obras de arte novohispano y aunque la mayoría se rescató para resguardarse en otros espacios, Vigil remodeló el recinto con arquitectos sobresalientes de la época: Vicente Heredia y Eleuterio Méndez.

En el libro, el investigador de la UNAM retoma los testimonios de la época en donde se detalla que estos arquitectos construyeron nuevas fachadas al norte y poniente, convirtieron una puerta en un nicho para cobijar una estatua de Minerva y conservaron la portada principal, así como la ventana ochavada del coro, por mencionar algunos cambios.

De esa manera, la Biblioteca Nacional se inauguró el 2 de abril de 1884 y pasaron 45 años para que este repositorio de libros fuera administrado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Colaboré en el libro con el texto Vigil y los espíritus tutelares de la Biblioteca Nacional y cuando se reabra este edificio de San Agustín volveremos a contemplar muchas de las esculturas que menciono. Por ejemplo, tras las críticas se decidió conservar el relieve de San Agustín atribuido con reservas a Claudio de Arciniega, y la capilla de la Tercera Orden. Además, en la verja se pusieron bustos de escritores mexicanos importantes”, detalla el investigador.

Miguel Ángel Castro añade que después de que Vigil pusiera en marcha la Biblioteca Nacional, el pensador del siglo XIX inició a hacer catálogos.

“En ese entonces no había una disciplina como ahora la de bibliotecología, Vigil fue un gran bibliotecólogo porque emprendió, a mano, los catálogos para organizar los libros, los cuales se fueron adquiriendo por depósito legal”, señala.

Años más tarde, agrega, José María Vigil creó el Instituto Bibliográfico Mexicano (en 1889).

“Fue por una invitación de los ingleses quienes estaban empezando a identificar las bibliografías nacionales, entonces invitaron a México a crear su comisión para continuar esa labor. El Instituto Bibliográfico Mexicano nació así al interior de la Biblioteca Nacional”, detalla.

— ¿Vigil tuvo un interés en la cultura prehispánica?

— Cuando llegó a la Biblioteca Nacional Vigil narra que encontró medio abandonado un manuscrito que le llamó la atención, por lo que lo empezó a estudiar y años después, sería el doctor Miguel León-Portilla quien continuara ese trabajo. Se trata de los Cantares mexicanos.

“Esta colección de poesías y textos nahuas es uno de los manuscrito más valiosos de la Biblioteca Nacional. Vigil rescató el documento, lo estudió e incluso, escribió el texto Cantares mexicanos. Pero sí, siempre le interesó estudiar la poesía náhuatl”, responde.

El investigador de la UNAM destaca que Vigil trabajó con Irineo Paz, padre del escritor Octavio Paz. En el libro precisa que el 1 de enero de 1833 trabajó como editorialista de La Patria, cuya dirección estaba a cargo de Irineo Paz.

José María Vigil. A cien años de su muerte reúne el trabajo de 20 investigadores de la UNAM, entre ellos, Pablo Mora, Lilia Vieyra Sánchez, Laurette Godinas, Evelia Trejo, Aurora Cano Andaluz y Edwin Alcántara Machuca.

 

Datos sobre José María Vigil

Fue director de la Biblioteca Nacional de México durante 29 años.

Fundó la primera asociación de periodistas de México.

Fundó el periódico El Porvenir en 1874.

Fue director del Archivo General de la Nación de 1873 a 1875.

Inició la publicación de Historia de las Indias, de Fray Bartolomé de las Casas y Crónica mexicana de Fernando de Alvarado Tezozómoc.

Vivió en el número 18 de Arco de San Agustín, hoy República de El Salvador, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

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