“Estamos en Arizona antes de que Santa Anna la perdiera; no hay miedo a Trump”: Tito Armenta | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 30 de Marzo, 2017

“Estamos en Arizona antes de que Santa Anna la perdiera; no hay miedo a Trump”: Tito Armenta

Raíces. Los Armenta de última generación no hablan español, pero combinan el gusto mexicano con los hábitos americanos. Niegan discriminación y coinciden con Trump en que algunos medios de comunicación mienten. Afirman que a la larga el discurso del mandatario estadunidense se moderará y la relación bilateral mejorará, pues a los dos países les conviene

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Estuvimos aquí desde que Antonio López de Santa Anna perdió el territorio y nunca hemos tenido problema con quienes se consideran ‘americanos’ puros, comenta Tito,  el father de la generación de los Armenta que vive actualmente en Tucson, herederos de una larga tradición en Arizona.

Así, como relata en inglés durante una cena familiar, ellos nunca cruzaron la frontera, sino que la frontera cruzó hacia el sur y los Armenta estaban allí. De vivir en México (en las provincias septentrionales de la Nueva España también), pasaron a vivir en el floreciente Estados Unidos de América.

Uno de sus tatarabuelos vivió los tiempos en los que Santa Anna perdió en la guerra esta parte del territorio mexicano a los Estados Unidos. Así que desde entonces vive aquí. El español de los Armenta se perdió en algún momento. Tito no habla español y tampoco le preocupa aprenderlo, no lo necesita, asegura. A contracorriente de muchos gringos que en Tucson se ven en la necesidad de estrujar el español para fines laborales o comerciales, el jefe de la familia Armenta lleva orgulloso su apellido y su origen sin complicarse la vida. Nació, creció y se ha desarrollado como un hombre importante para su comunidad —y para los latinos— hablando sólo inglés.

Crónica pasa un par de días con los Armenta. Tito invita a pasar la tarde del viernes en la barra de uno de los muchos restaurantes de la ciudad. Él no toma alcohol y una limonada es suficiente para apagar la sed que provoca el calor desértico que invade las tardes en esta pequeña y amable ciudad de la Unión Americana. Tito es, en eso, algo puritano.

La esposa de Tito va de un lado a otro en su “truck” (así le dice ella). Maneja y su interlocutor, en este caso el que esto escribe, es pendejeado continuamente. Así es Connie, una mujer morena de complexión media, nació en Mexicali y habla un excelente español en el que abundan los modismos del norte y los “mira güey” o “este pendejo” que suenan a chilangos. Ella no es, pues, una oriunda de Arizona, sino una mexicana llegada que, con muchos más, representan un continuo intercambio cultural en esta ciudad. Un nuevo activo para que los Armenta continúen su historia en este estado de la Unión Americana.

Es Connie quien da una referencia sobre las razones por las que Trump pudo ganar adeptos. Acaba de ser despedida de su puesto como gerente de ventas en una pequeña empresa del centro de Tucson. Pero va a emprender un negocio en el que, dada la naturaleza intercultural de la ciudad, puede tener buenas perspectivas: trabajará cómo intérprete español-inglés desde casa.

Tito y Connie tienen un hijo, Santino, de doce años. Todos viven en una zona conocida como Marana que ellos pronuncian como Marrana. Antes de que se construyera alguna vivienda en esta zona, los campos eran de cultivo, el verde dominaba.

En los campos que todavía se distinguen se cultivaba algodón, pero a los productores locales les sucedió algo que puede ligarse también a la apertura de nuevos paradísmas económicos: el producto o se compraba muy barato o sencillamente no se vendía. La mejor opción fue dejar de cultivar y vender el terreno.

Tito y Connie hacen 25 minutos desde su casa hasta el centro de Tucson, una distancia y tiempo considerable para los hábitos y los modos de esta zona.

Santino también es monolingüe. En inglés ha vivido su infancia y tampoco le importa mucho aprender el español más allá de esa pronunciación con doble erre para decir Marrana en lugar de Marana.

Santino fue nombrado así por un personaje de la película El Padrino de la que su papá es fanático, en la cinta Sonny es uno de los hijos del patriarca interpretado por el actor James Cann.

Santino es un chaval vivo, atento y educado, con gusto presume su habitación plagada de juguetes. Tiene maquetas en todas escalas de la Guerra de las Galaxias.

MEX-ARIZONA. Los 300 metros cuadrados (unos 180 de construcción) de los Armenta, se pensó para la composición actual de la familia. Tiene 4 habitaciones, tres baños y un garage para tres autos grandes. Por dentro, trae a la mente la concepción mexicana del hogar.

Pero lo que se ha identificado como gusto y uso mexicano, se combina con las hábitos americanos por excelencia.

En uno de los cuartos de la casa, Tito guarda uno de sus más preciados tesoros: sus armas. Se trata de 5 pistolas y 8 rifles de distintos calibres. Están a resguardo, pero solo eso, ni bajo llave ni con candados, Tito ha enseñado a Santino a manejarlas y no le da miedo que su hijo se acerque a ellas pues le ha enseñado a usarlas y sobre todo a respetarlas. Los Armenta de última generación tienen esa relación con las armas que sólo un americano tiene.

Se le hace una pregunta obvia, ¿para qué tener armas en casa? Y la respuesta es obvia también, “para defender a mi familia y a mi hogar”, dice con cierto orgullo. La frase es profunda en una sociedad que se fincó, en parte, bajo la premisa de que el pueblo armado jamás será subyugado.

“¿De que los defenderías Tito? De cualquier peligro, algún ladrón o alguien que quiera entrar”.

En una comunidad en dónde los índices delictivos son mínimos, casi imperceptibles, Tito asegura a Crónica que no se puede confiar pues siempre habrá alguien que ambicione lo que otro tiene, además la ley le permite tener armas en su casa.

Es curioso pues Santino puede, con un permiso especial comprar armas de calibres bajos en las armerías de la zona, pero no cigarros o alcohol; tampoco billetes de lotería.

La cena con los Armenta depara alimentos propios de la fusión universal: ensalada y pollo con pasta. La amabilidad de Connie es indudablemente mexicana, hace sentir como en casa.

La plática incluye todos los temas, que si les da miedo la política de Donald Trump, que si han sufrido discriminación, que si en la escuela hay señalamientos de odio o cosa por el estilo.

La respuesta es más que sorprendente. No a todo, ni hay miedo, ni ha habido discriminación y nada sobre los señalamientos de odio, la vida aquí sigue y no hay nadie más seguro que los Armenta de que seguirá siendo tan multicultural como lo ha sido hasta ahora.

Tito no duda ni un segundo en decir que él votó por Donald Trump, a fin de cuentas coincide con él en muchas cosas.

Considera que algunos medios de comunicación mienten o exageran las cosas y que la gente está, por lo mismo mal informada, quienes están aquí de manera legal no tienen nada que temer, sin embargo los que han cometido algún crimen, considera, es mejor que se vayan.

Asegura a Crónica que a la larga el discurso de Trump se va a moderar, las modificaciones a las leyes tomaran su curso y la relación con México mejorará pues al final a las dos naciones le conviene. Trump es hombre de negocios, calcula Tito Armenta, y verá que los negocios con México son fundamentales para los EU.

La cena termina y la conversación también. Sólo el tiempo dirá y acomodará las cosas; sólo el tiempo dará la razón a Trump o a sus detractores, es la conclusión en la casa Mex-arizona de los Armenta.

Tito se mantendrá en su trabajo en el sistema de transporte de Tucson, Santino en la escuela y Connie trabajando desde casa. La plática con Crónica ha abierto cierta curiosidad en los varones de la familia Armenta y hay una duda sobre si deberían aprender español. Si llegan a aprender el idioma de sus antepasados es algo que se sabrá, también, sólo con el tiempo.

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