Migrantes de Centroamérica exploran nuevas rutas para evadir violencia en México | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 21 de Agosto, 2017

Migrantes de Centroamérica exploran nuevas rutas para evadir violencia en México

Reportaje. La vulnerabilidad, violencia, padecimientos físicos y psicológicos de los centroamericanos que atraviesan México para llegar a EU, que migran por la exacerbación del crimen en sus países, han generado que busquen rutas alternativas para llegar a su destino. En entrevista, académicos de la UIA explican algunos de los resultados preliminares de sus investigaciones

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"En mi país, es normal matar. Es tan fácil como matar un insecto”. El hondureño de San Pedro Sula fue amenazado por las Maras, pedían “cobro de piso” para que él, su familia y su taller no fueran atacados, se negó. Los criminales regresaron y le dispararon tres veces en la cabeza; salvó su vida, pero le provocaron una parálisis facial, no puede comer ni hablar bien, como tampoco mover los dedos de una de sus manos. Estuvo dos meses en coma… Tiempo después, decidió abandonar su país junto con su familia, rumbo a Estados Unidos, migrar y atravesar México.

“Lo que más me duele es no poder vivir en mi país, tener miedo todos los días de que me maten o les hagan algo a mi mujer y a mis hijos. Duele tener que vivir como un criminal, huyendo todo el tiempo”. El testimonio fue recogido por la organización Médicos Sin Fronteras (MSF), que desde 2012 ofrece atención médica y psicológica a migrantes mexicanos y centroamericanos que atraviesan el país rumbo a Estados Unidos en busca de trabajo. Desde entonces, han atendido a más de 33 mil centroamericanos.

Gran parte de los migrantes de El Salvador, Honduras y Guatemala —región conocida como Triángulo Norte de Centroamérica (TNCA)— han huido de sus países por la violencia exacerbada, generada por los grupos criminales que han tomado control del territorio, principalmente las Maras. Sin embargo, por su condición de indocumentados en nuestro país, también son objeto de extorsión y violencia del crimen organizado, narcotraficantes y las autoridades en colusión con éstos.

EL OTRO MURO. La semana pasada, la Cámara de Representantes de EU aprobó el presupuesto de Defensa para el ejercicio fiscal 2018, que incluye la partida inicial de fondos valorada en mil 600 millones de dólares que solicitó Donald Trump para el inicio de la construcción del muro fronterizo con México. La bravuconería del mandatario estadunidense respecto al muro se ha materializado por primera vez; la condena internacional se mantiene, al igual que el rechazo e indignación más grande de los mexicanos.

Sin embargo, el gobierno nacional carece de fundamentos morales para tal condena, puesto que éste mismo ha erigido, aunque de forma inmaterial, un muro a los migrantes centroamericanos, llamado Plan Integral Frontera Sur.

“Criticamos tanto el muro de Trump cuando en la práctica nosotros tenemos uno llamado Plan Integral Frontera Sur”, señala Martín Íñiguez Ramos, especialista en temas migratorios internacionales de la Universidad Iberoamericana (UIA). Esto ha llevado a que los inmigrantes que quieren cruzar por Tenosique, Tabasco, o por la frontera Guatemala-Chiapas, encuentren grandes obstáculos, agrega.

“En el momento en que cruzan son criminalizados por el gobierno mexicano. En teoría, el Plan Integral Frontera Sur busca defender sus derechos humanos, pero en la práctica los ha hecho más vulnerables. Ése es el otro muro que el gobierno mexicano ha erigido”.

El programa fue presentado por el presidente Enrique Peña en 2014 y tiene como objetivos evitar que los migrantes utilicen el tren de carga conocido como La Bestia; garantizar la seguridad y la protección de los migrantes; así como combatir y erradicar a los grupos criminales que vulneran sus derechos. No obstante, el resultado, al menos en cifras, indica otra realidad.

En 2015, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos detuvo a 337 mil 117 personas, en tanto que en 2014 detuvo a 486 mil 651, 31 por ciento menos, de los cuales 39 mil 970 eran menores no acompañados. Del total de detenidos, 134 mil 572 procedían del TNCA: 57 mil 160 guatemaltecos; 43 mil 564 salvadoreños y 33 mil 848 hondureños. De acuerdo con MSF, la disminución podría deberse, entre otros motivos, a la “externalización del control fronterizo desde EU a México, en virtud de los esfuerzos conjuntos del Plan Frontera Sur. De hecho, las detenciones de personas procedentes del TNCA están descendiendo en Estados Unidos al mismo ritmo que aumentan en México”.

Después de la matanza de San Fernando, Tamaulipas, el gobierno federal apresuró el desarrollo del Plan Integral Frontera Sur, con tal de contrarrestar las críticas al país por el acto atroz, recuerda el académico de la Ibero; no obstante, operativamente ha funcionado de manera inversa a los objetivos planteados.

“Si México solicita una política migratoria más humana a EU y el país no lo hace en su propio territorio con Centroamérica, con qué cara en política exterior solicitamos a los estadunidenses que modifiquen la suya. La primera muestra de una buena política exterior hacia EU es modificando la interior, particularmente quitando el Plan integral Frontera Sur”.

CRISIS HUMANITARIA. De acuerdo con la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), alrededor de medio millón de personas del Triángulo Norte de Centroamérica entran a México cada año. Las tribulaciones por las que pasan los centroamericanos en nuestro territorio son desgarradoras, encumbradas por historias como las de las fosas clandestinas de San Fernando Tamaulipas, destino final de la masacre de 72 migrantes. El paso de los centroamericanos en nuestro territorio está plagado de tragedias: secuestro, violaciones sexuales, tortura, reclutamiento forzoso, mutilaciones, sangre y barbarie, escenario sólo comparable con zonas de guerra, compara MSF.

La organización internacional publicó recientemente el informe “Forzados a huir del Triángulo Norte de Centroamérica: Una crisis humanitaria olvidada”, descrito como el compendio de información médica de los más completos que existen sobre migrantes y refugiados de esta región en nuestro país.

El informe recaba datos obtenidos de 467 encuestas a migrantes, así como datos médicos de pacientes atendidos entre 2015 y 2016. Entre los resultados resaltan que alrededor de la mitad emigraron de su país debido a la violencia. El 43 por ciento dijo haber perdido a un familiar en un incidente violento en los dos años anteriores a su huida; en el caso de los salvadoreños el porcentaje fue de 56.

A su paso por territorio mexicano, refiere el informe, casi el 70 por ciento dijo haber sido víctima de violencia. Un tercio de las mujeres encuestadas sufrió abusos sexuales durante el viaje, en tanto que en hombres fue un 17 por ciento. “Es la cuarta vez que intento cruzar México, pero esto no me había ocurrido antes”, dice una de las hondureñas encuestadas. “Esta vez vine con mi vecina y nos secuestró un grupo de delincuentes, entre ellos también hondureños, además de que la Policía Federal era su cómplice. Fuimos entregadas a miembros de la banda. Me violaron, me pusieron un cuchillo en el cuello y no me resistí (…) habría sido mejor si me hubieran matado”.

Entre los pacientes atendidos por MSF hubo centroamericanos que dijeron sentir un “sufrimiento emocional insoportable” debido a la violencia física y psicológica a la que estuvieron expuestos durante su trayecto: casi la mitad de los encuestados ha sufrido afectaciones emocionales debido a la violencia. De las 33 mil consultas otorgadas por la organización, más de cinco mil fueron en salud mental.

Entre 2015 y 2016, de los refugiados y migrantes atendidos, el 92 por ciento presentaba algún factor de riesgo psicológico; de éste el 52 por ciento padecía ansiedad, 33 por ciento depresión y 11 por ciento estrés postraumático, entre otros. “Las consecuencias psicológicas y físicas de este trato tan cruel, inhumano y degradante son devastadoras”, señala el informe. “La funcionalidad de estas personas queda gravemente afectada, haciendo que los supervivientes sean incapaces de seguir el viaje o cuidarse a sí mismos”.

El documento agrega que estos pacientes necesitan asistencia médica especializada para recuperarse plenamente, no obstante, los servicios no siempre están disponibles donde se producen los abusos. He aquí una encrucijada, debido a la sevicia que enfrentan, los migrantes buscan nuevas rutas que los alejen de las bandas criminales, lo cual, a su vez, los aleja de los albergues y sitios donde pueden recibir atención médica. 

LA OTRA BESTIA. “No sé por qué los mexicanos se quejan tanto de que los tratan mal en Estados Unidos, si aquí lo hacen con los centroamericanos”, dice Víctor, migrante salvadoreño atacado por esbirros de La Bestia, lo que provocó que perdiera una mano. En su trayecto por Chiapas a bordo del tren de carga que transporta diariamente a cientos de migrantes, principalmente de Centroamérica, el aún menor de edad fue agredido y herido por arma blanca en su mano; no buscó asistencia médica por miedo a ser detenido y deportado. Eso complicó la herida. Finalmente fue atendido por personal de MSF, se le practicaron varias cirugías, pero perdió su mano. Huyó de su país por la violencia y sólo encontró más violencia.

De acuerdo a la encuesta realizada por la organización médica, el 59 por ciento de los migrantes y refugiados víctimas de violencia no solicitaron atención médica durante su tránsito por México aunque la necesitaban, como Víctor. “Ello se debió principalmente a cuestiones de seguridad, al temor a represalias o miedo a ser deportados”, apunta el informe.

Debido a la peligrosidad y proliferación de bandas criminales, que el Plan Integral Frontera Sur “erradicaría”, a lo largo de la ruta de La Bestia, los migrantes centroamericanos buscan nuevas rutas para evadirlos, al igual que a las autoridades mexicanas. Investigadores de la UIA estudian estas nuevas rutas, algunas de las cuales bordean las costas del Pacífico, en vez de cruzar el territorio. La ruta inicia en Guatemala y bordea costas de Chiapas, hasta llegar a Oaxaca, a los puertos de Salina Cruz y Juchitán de Zaragoza, bosqueja Martín Íñiguez.

Javier Urbano, coordinador del Programa de Asuntos Migratorios de la Universidad Iberoamericana, encabeza los estudios y señala que todavía conforman los datos de la investigación y que sus resultados aún son preliminares; estima que darán a conocer las conclusiones a finales de año o inicios de 2018.

“Hay rutas nuevas, pero son tan recientes que no sabemos si se consolidarán y serán permanentes o sólo son coyunturales, para eso necesitaremos tiempo. El concepto de nueva ruta tiene entre un año y medio o dos años, rango de tiempo insuficiente para asegurar que cambiará las tradicionales”.

La investigación tiene como objetivo, explica, establecer las nuevas rutas, pero no como fin mismo, sino para hacer un diagnóstico sobre las implicaciones que tendría en la vulnerabilidad de los migrantes centroamericanos. “Esto es, tomando en cuenta que ahora los migrantes se desplazarían por donde no hay la infraestructura montada para su protección y donde no podemos darles seguimiento”, señala Urbano.

Otro de los objetivos, añade, es establecer si la influencia de otros actores, como el crimen organizado, es un factor determinante para que los migrantes busquen nuevas rutas. “Finalmente, queremos saber si el nuevo perfil de ruta también corresponde a un nuevo perfil de migrantes centroamericanos”.

El investigador de la UIA refiere que contar con esta información permitiría buscar nuevas estrategias para el cuidado de los migrantes. “Esto es, cambiando el concepto de protección vinculado a los albergues, los cuales ya enfrentan complicaciones materiales y logísticas”. Ahora, si los migrantes están tomando nuevas rutas, lejos de la capacidad de salvaguarda que pueden tener en los albergues o la atención médica de organizaciones como MSF, Urbano estima que la ayuda podría volverse ambulatoria. “Es una idea potencial, muy preliminar que buscaremos consolidar”.

MSF ha identificado una serie de obstáculos a la asistencia médica urgente y de calidad a los migrantes y refugiados en la ruta desde la frontera con Guatemala, suscribe el reporte “Forzados a huir…”. En las consultas médicas realizadas por la organización entre 2015 y 2016, una de cada cuatro fueron relacionadas con lesiones físicas y traumatismos.

Por ley, el gobierno mexicano debe garantizar la atención médica de toda persona dentro del país; por otra parte, el Seguro Popular otorga cobertura sanitaria sin discriminación a todo migrante indocumentado. No obstante, refiere el documento de MSF, los migrantes y refugiados siguen sufriendo restricciones cuando buscan atención médica, aunado a las reticencias de algunos otros, como Víctor, para hacerlo. Ahora bien, toda esta dinámica cambiaría en las nuevas rutas, por lo que la atención ambulatoria adquiere sentido.

SOLUCIONES COMPLEJAS. El Plan Integral Frontera Sur, el endurecimiento de las políticas migratorias del gobierno estadunidense y el recrudecimiento de la violencia en México están cambiando la dinámica de migración de los centroamericanos. Javier Urbano refiere que cada vez habrá más casos de migrantes que se establecen en nuestro país, en viaje ya no individual, sino acompañados de sus familias, migrantes con mayor nivel escolar y el incremento de los costos cobrados por polleros para cruzarlos a través del territorio nacional y la frontera estadunidense.

“Estos costos alcanzaban los cinco mil dólares, pero desde la llegada de Trump se han incluso hasta duplicado. Los costos elevan las ganancias del crimen organizado, pero muchos no lo pueden pagar, por lo que toman nuevas rutas, como la de Guatemala-Oaxaca, lo que incrementa su vulnerabilidad, porque no tienen atención ni protección de ningún tipo e incluso incrementaría el costo humano si hay ahogados”, abunda Urbano.

La vulnerabilidad, violencia, padecimientos físicos y psicológicos de los centroamericanos que atraviesan México para llegar a EU, que migran por la exacerbación del crimen en sus países, se ha vuelto la tragedia humanitaria más importante del continente y no cesará con facilidad, refieren los académicos de la Ibero. 

“Si el gobierno mexicano quiere seguir una buena práctica en política migratoria tiene que recurrir a lo que han hecho otros países, particularmente aquellos que han cambiado sus políticas interiores facilitando el flujo migratorio, regularizándolo, quitando la vulnerabilidad que cargan en los hombros”, señala Martín Íñiguez.

Por su parte, Javier Urbano explica que cualquier solución es improbable sin la cooperación multilateral de Estados Unidos, México e incluso Canadá. “Las soluciones son muy complejas, operativamente, y de muy largo plazo. Para empezar se deben generar proyectos de desarrollo regional en las zonas de mayor expulsión de migrantes y generar condiciones e incentivos para que no salgan de su país. Centroamérica no tiene los medios por lo que requiere ayuda, al menos, de México y EU con una política de financiamiento, pero esto lleva muchos años, décadas, y los políticos no se manejan así”. En vez de eso, los mandatarios norteamericanos tienen reuniones regionales para abordar el tema, operativamente inútiles, dice Urbano, donde las políticas y medidas emprendidas sólo buscan acentuar el sometimiento de los países centroamericanos.

Martín Íñiguez ve una meta más ambiciosa sobre lo que puede hacer México ante la  diáspora centroamericana, la cual, enfatiza, sería más descarnada sin los defensores de derechos humanos, albergues y organizaciones que amortiguan un poco la tragedia. El especialista refiere que el país podría reconvertir su política y paradigma sobre la migración, viendo en los migrantes actores que podrían detentar la economía mexicana los próximos años, ya que nuestro bono demográfico se lo hemos prácticamente entregado a los estadunidenses. “Debemos verlo como una oportunidad, un gobierno inteligente lo haría, aprovechar la situación en vez de considerarla un obstáculo”.

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