El sistema, a la ofensiva | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 24 de Septiembre, 2017

El sistema, a la ofensiva

QUINTA PARTE

El 68 explicado a los jóvenes

Había expuesto a mis alumnos, con grandes trazos, el inicio del conflicto, marcado por la violencia policiaca, la (torpe y absurda) entrada en escena del ejército y la digna respuesta del rector de la UNAM, que encabezó una gran manifestación en el sur de la ciudad de México. Me pidieron que continuara.

–Los medios, dije, habían construido la imagen de un conflicto entre el gobierno y un puñado de comunistas o alborotadores, pero la manifestación del rector modificó rápidamente este cuadro: en realidad, se había atropellado la autonomía de la Universidad y la acción militar destruyó brutalmente el estado de derecho de México. El rector tenía razón, pero estaba desafiando al sistema político en su conjunto. La respuesta vino, directamente, del presidente de la República, Gustavo Díaz Ordaz, quién tomó la palabra desde Jalisco (donde se encontraba). El discurso de GDO fue una pieza maestra de oratoria que reunió –cosa usual en él– demagogia, solemnidad y cursilería pero que proyectó, diáfanamente, la furia delirante que se había apoderado del señor presidente por el desafío del rector y los universitarios. Pero fue también una maniobra política astuta para convocar a todas las fuerzas del sistema en torno a su persona y aplastar a la minoría disidente. “No quiero decir, dijo, que a nadie le han dolido más que a mí, porque nunca he pretendido ser el primero en nada, ni significarme frente a todos quienes son mis iguales, pero estoy entre los mexicanos a quienes más les haya herido y lacerado la pérdida transitoria de la tranquilidad en la capital de nuestro país, por algaradas en el fondo sin importancia. A mí me ha dolido en lo más intenso del alma que se hayan suscitado esos deplorables y bochornosos acontecimientos. Muchas cosas nos unen a los mexicanos, muchas y muy importantes; muy pocas nos separan. Cuando asome la discordia entre nosotros, acordémonos de lo que nos une, olvidémonos de lo que nos separa. Con la sangre y la vida de nuestros héroes, con el sacrificio abnegado de millones de mexicanos, a través de los años, hemos ido construyendo esta patria que tiene muchos y lacerantes problemas, muchas escaseces, pero que es nuestra patria y que, además, es dulce y acogedora, que ha sido nuestra cuna, que es nuestro hogar y será nuestra tumba. ¿No vale la pena que todo eso que con tanto esfuerzo, con tantas vidas, con tantos sacrificios hemos logrado reunir como acervo valioso para dejarlo a nuestros hijos y nuestros nietos, no vale la pena que lo defendamos y lo cuidemos? Una mano está tendida, la de un hombre que a través de la pequeña historia de su vida ha demostrado que sabe ser leal. Los mexicanos dirán si esa mano se queda tendida en el aire o bien esa mano, de acuerdo con la tradición del mexicano, con la verdadera tradición del verdadero, del genuino, del auténtico mexicano, se ve acompañada por millones de manos que, entre todos, quieren reestablecer la paz y la tranquilidad de las conciencias”.

–Al decir que extendía su mano, estaba invitando a dialogar a los universitarios. ¿No es cierto?

–No lo creo. Hay que analizarlo pues no usó un lenguaje llano, sino una retórica tortuosa, indirecta, pero, si observan bien, el discurso no invitaba a dialogar a los descontentos, sino que, por el contrario, criticaba los desórdenes (“los deplorables y bochornosos acontecimientos” que “a nadie le han dolido más que a mí” y que le dolieron en “lo más intenso del alma”) y, dado que ponían en peligro a la patria, llamaba, no a todos los mexicanos, sino sólo a los “verdaderos, genuinos, auténticos mexicanos”. Fue una trampa discursiva muy bien armada porque todos los mexicanos nos sentimos verdaderos, genuinos y auténticos, o sea que todos estábamos obligados a acudir a su llamado. Pero los universitarios no podían hacerlo por el simple hecho de que, al hacerlo, incurrirían en una incongruencia. Si te golpean, no puedes postrarte ante quien te golpea sin perder tu dignidad. Por otro lado, la ocupación militar de la preparatoria fue una violación a la autonomía y una ofensa a los universitarios. ¿Deberían los universitarios ahora atender al llamado presidencial que significaba un gesto incondicional de sometimiento? En realidad, lo que estaba en peligro no era “la patria” sino el sistema autoritario PRI-Gobierno. Estaba en peligro la unidad nacional como la entendía el PRI. Ante la emergencia de una discrepancia (manifiesta en la manifestación del rector), la solución del presidente fue pedir a los discrepantes que renunciaran a su opinión y en silencio se inclinaran ante él. Esta petición no podía tener eco en la UNAM por su autonomía, por su historia de libertad interna que contrastaba con el entorno autoritario. La Universidad nunca se humillaría ante la autoridad presidencial.  Sin embargo, la fuerza retórica del discurso, y la proyección amplísima que tuvo fueron un reconocimiento tácito de la gravedad de la situación política que había surgido. Díaz Ordaz percibió que la protesta que se estaba gestando impactaba contra el principio de autoridad, la clave del régimen autoritario PRI-Gobierno. Al advertirlo, decidió usar todas sus cartas políticas en una jugada y el efecto que tuvo su discurso fue enorme. En el mismo acto en que lo pronunció (una reunión de empresarios) fue interpelado por gritos histéricos de “¡No, esa mano no quedará tendida en el aire!” “¡Nosotros tomamos su mano señor presidente!” y el gobernador de Jalisco declaró “Tres y medio millones de jaliscienses toman la mano del presidente para mantener la paz del país en el trabajo y la dignidad”. Al día siguiente, se desencadenó una campaña con tintes fanáticos donde centenas o millares de sindicatos, empresarios y grupos de distinto orden, en la prensa, la radio y la televisión recogían, solícitos, la mano presidencial, todo lo cual significaba un consenso a favor de la paz y en contra de los agitadores de la capital.

–¿Y cómo reaccionaron los estudiantes?

–Los estudiantes, en esos momentos, todavía eran presa de la fascinación que había despertado en ellos la manifestación del rector; estaban todavía experimentando el éxito de la marcha. Pero en ese momento comenzaron a darse simultáneamente en la UNAM y el IPN un conjunto de acciones dirigidas a crear una organización centralizada capaz de darle continuidad al movimiento que había comenzado con los actos políticos del rector Barros Sierra. El motor de la organización fueron realmente los estudiantes del Politécnico pues los de la UNAM estaban más desorganizados: las antiguas sociedades de alumnos habían desaparecido y en el ala de humanidades existía una lamentable división fomentada por las pugnas entre grupos y grupúsculos de la izquierda. La noche del día 29 (cuando intervino el ejército en la preparatoria) los líderes estudiantiles de la Facultad de Filosofía y Letras, de Ciencias políticas, de Economía, de Derecho y Ciencias se reunieron en un salón de Filosofía para discutir la posibilidad de una organización. (En estas escuelas y facultades se realizaron asambleas de alumnos, se acordaron paros indefinidos de actividades y se conformaron comités de huelga, aunque en algunos casos se denominaron “comités de lucha” que era una expresión más beligerante).

Pero este cónclave de líderes no fructificó pues, como era usual, en la política estudiantil de la UNAM, la reunión se perdió en disquisiciones ideológicas y descalificaciones mutuas. Sin embargo, los estudiantes ya habían tomado la iniciativa.  

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