Manuel Espinosa Yglesias, modernizador de la banca mexicana | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 23 de Septiembre, 2018

Manuel Espinosa Yglesias, modernizador de la banca mexicana

► Llegó a convertirse en uno de los grandes empresarios y referentes morales de la iniciativa privada en el México del siglo XX. ► Pensaba que los servicios bancarios tenían que ser accesibles a toda la gente; trasladó sus inquietudes a la filantropía

Manuel Espinosa Yglesias, modernizador de la banca mexicana | La Crónica de Hoy

Fue, sin duda, el gran empresario de los años 70 del siglo pasado, y el hombre más rico de México en aquella época. Manuel Espinosa Yglesias (Puebla, Pue., 1909-Ciudad de México, 2000) transformó su espíritu de emprendedor, y del negocio de cines saltó al ámbito bancario, donde encontró su real vocación en la iniciativa privada. Banquero con espíritu modernizador y competitivo hasta que la nacionalización de la banca, en el sexenio de José López Portillo lo sacó de aquel mundo. Entonces, sus inclinaciones filantrópicas se convirtieron en el eje de su vida, creando instituciones que aún forman parte de la vida pública.

CON LA SUERTE DE SU LADO: LOS DÍAS DE PUEBLA. Manuel Espinosa Yglesias era hijo de un médico que también había estudiado abogacía, Ernesto Espinosa Bravo. Alcalde de Puebla durante un año, la política no había resultado lo que esperó o soñó, y las profesiones en las que se había formado tampoco acababan de colmar sus aspiraciones. Entonces, creó un teatro, el Variedades. Al doctor Espinosa, un apasionado de la ópera, el espacio venía a resultar doblemente satisfactorio. Quienes lo conocieron, aseguraron que era el escenario más grande de todo el país. Pero en 1922, diferencias entre el médico y el gobernador en turno fueron la causa de que, en los primeros días de enero, un atroz incendio acabara con el Variedades.

El doctor Espinosa se rehízo en alma y capital. Tomó aire, multiplicó sus negocios y reabrió el Variedades en febrero de 1923. Por esos días era también el propietario de la Compañía Telefónica del Comercio de Puebla, y en sus días de apogeo, llegó a prestar el servicio a 900 clientes. La Telefónica fue vendida en 1928, y, por ella el doctor Espinosa obtuvo 180 mil pesos oro y 50 mil pesos plata: con ese dinero liquidó deudas y accionistas y empezó otro negocio: una pequeña cadena de salas de cine, que operaba en las ciudades más importantes de Puebla, como Tehuacán, Apizaco o Teziutlán.

Poco le duró el gusto: al año siguiente, el doctor Espinosa supo que padecía un cáncer que lo mataría en unos cuantos meses. Entonces, llamó al segundo de sus cinco hijos, que a la sazón trabajaba en una hacienda. Quería que se hiciera cargo de los negocios de la familia, pues él —contaba en una carta— moriría antes de la Semana Santa de 1929. Ese hijo, Manuel, tenía solamente 20 años y asumió los encargos de su padre.

En sus memorias, Manuel Espinosa Yglesias afirmó que, en aquellos días, fue la suerte y no otra cosa la que lo ayudó a consolidar el negocio familiar, que, aparte de las salas de cine, operaba una pequeña distribuidora con presencia en Puebla, Oaxaca y Tlaxcala. El negocio no era malo, pero sí pequeño. Apercibido por su padre de que lo importante era conseguir películas buenas, su primer triunfo fue conseguir de la Paramount un lote de siete películas, “de las buenas”, ignorante de la estrategia de las distribuidoras de dar lotes con buenos y malos filmes. Pero el tesón del muchacho hizo que se ganara la buena voluntad de la gente de la Paramount en México, y volvió a Puebla con su lote de buenas películas. En su vejez, aseguraría que en todos los años pasados en el negocio de los cines, nunca volvió a tener  en sus manos un paquete de tanta calidad. Incluso, entre aquellas primeras siete películas iba el primer filme sonoro en español: Sombras de Gloria. El cine sonoro era completamente novedoso; se rumoraba que en México ya se estaba trabajando en una película sonorizada —Santa— que no se estrenaría sino hasta 1932, de manera que el pequeño triunfo de Manuel Espinosa Yglesias atrajo a muchos clientes.

El empresario recordaría, mucho tiempo después, que la familia Espinosa Yglesias estrenó Sombras de Gloria en marzo de 1930, en un cine atiborrado, para entera satisfacción del doctor Espinosa, que murió dos semanas después.

Y sí, aparte de una herencia de medio millón de pesos, heredaba a sus hijos un negocio que marchaba. Pero en esos mismos meses de 1930, el negocio de exhibir películas era tan bueno y prometedor, que los Espinosa se encontraron con que un inmigrante vasco, Jesús Cienfuegos, abría el cine Guerrero para competirles. La década pasó con rapidez. Hacia 1939, otro poblano, Gabriel Alarcón abría el cine Reforma, y Cinefuegos trabajaba para establecer cines en el puerto de Veracruz, en Xalapa y en Orizaba. La competencia traía un mensaje: “hay que crecer”. Pero para crecer, los Espinosa necesitaban capital.

Los hermanos Espinosa se decidieron a buscar un socio que aportara el capital necesario para expandirse y ser competitivos. Ese socio era el notorio empresario estadounidense  William O. Jenkins, don “Guillermo Jenkins”, en quien el joven Manuel encontró no solo un socio, sino un auténtico mentor.

DE ALIANZA EN ALIANZA, SE LLEGA AL BANCO. Aunque Jenkins y el doctor Espinosa tenían amistad, nunca fueron socios. Pero Jenkins era todo un personaje del mundo poblano, y se decía que había fincado su fortuna por medio de un falso secuestro. Por los años en que entabló sociedad con la familia Espinosa, tenía intereses en la producción azucarera y, de hecho, ya tenía una sociedad, con Cinefuegos y Alarcón, para el negocio de cines. No obstante, Jenkins accedió a ser socio de los Espinosa y así nació Ultracinemas de México, que empezó a expandirse en Guadalajara y en Toluca, aliado al Variedades, reconvertido en cine, y otro recinto de los Espinosa, el Coliseo. Pero no era suficiente, y los hermanos de Manuel querían dejar el negocio de los cines. Con el apoyo de Jenkins, Manuel compró la parte de sus hermanos, de modo que él y el estadounidense se convirtieron en los únicos socios de Ultracinemas.

En esa alianza, Jenkins y Espinosa Yglesias continuaron creciendo como socios y aliados. El joven aprendió del experimentado inmigrante y, al tiempo, consiguieron hacerse de la que sería su gran empresa en el negocio de los cines, la Compañía Operadora de Teatros, que llegaría a ser líder en el ramo.

El vínculo entre Espinosa y Jenkins fue el camino para que el joven poblano entrar al mundo de la banca. Ambos empresarios, sin importar la diferencia de edades, tuvieron siempre un constante intercambio de impresiones y juntos fraguaron la estrategia de numerosos negocios, en un ambiente de plena confianza, por eso sabía el joven Espinosa que Jenkins tenía acciones del Banco de Comercio. De hecho, era una cantidad importante de acciones que se habían ido juntando, casi inadvertidamente. De hecho, descubrió el joven, Jenkins bien podría tener el control de la institución bancaria. Allí, su espíritu de emprendedor encontró un nuevo reto: sentía que el negocio de los cines era muy conflictivo a fines de los años 40, y el futuro parecía incierto. Allí empezó a cobrar forma la idea: se convertiría en banquero.

EL BANCO DE COMERCIO: RETO Y TRIUNFO. Espinosa consiguió que Jenkins lo nombrara representante suyo en el consejo de administración del Banco de Comercio, del que el estadounidense poseía 41% de las acciones. Todo el tiempo, el joven exploró la manera en que podría conseguir para su socio el control accionario de la institución. Fue cosa de tiempo encontrar alguien que deseaba vender sus acciones.

El siguiente paso fue convencer a Jenkins de una operación no exenta de audacia: Espinosa pretendía cambiarle al estadounidense sus acciones de la Compañía Operadora de Teatros por las acciones del banco. Jenkins, que mantenía al mismo tiempo su sociedad con Gabriel Alarcón en la Cadena de oro, no estaba convencido del asunto: prefería mantener las sociedades en materia de cines, y mantener el vínculo de negocios con Espinosa. Pero la tenacidad del poblano pudo más y Jenkins accedió al intercambio: se quedó con todas las acciones de la Operadora de Teatros, y Espinosa Yglesias se volvió, a los 46 años, el accionista mayoritario del Banco de Comercio.

BANCOMER: AUGE Y CAÍDA DE UN EMPRESARIO. El Banco de Comercio llegó a ser el más importante en manos de un mexicano. Ese fue el origen de un capital muy importante, el más grande que hasta los años 80 del siglo XX, logró un mexicano que, por otro lado, pensaba que era necesario acercar a la banca a la gente común y corriente. Era la década de los 50, y Espinosa Yglesias se convirtió en un completo innovador del mundo bancario. Director de la institución desde 1955, desplegó una gran actividad para multiplicar sus sucursales: entre 1957 y 1964 construyó 200, y se aplicaba a una intensa estrategia de relaciones públicas en cada plaza a donde llegaba el banco; así conocía a los personajes indispensables y hacía clientes.

Quiso hacer de los banqueros personajes del mundo real, no lejanos a su clientela; fue el primero que contrató publicistas para promover el banco, haciendo oídos sordos a las críticas: decían que “no era elegante” que un banco anduviera buscando a la clientela. Manuel Espinosa se quejaba de que los banqueros de viejo cuño gustaban de ver a los clientes casi arrodillados para pedir un préstamo. “Eso no puede ser”, escribió. “Los clientes tienen derechos y merecen respeto”.

Empezaron a ocurrir cosas que la banca mexicana no esperó. Espinosa desarolló el  concepto de banca múltiple, a través de la fusión de la banca de depósito con la financiera e hipotecaria. En los estados de la república, operaba con bancos “regionalizados” cuyos consejos estaban integrados por los hombres de negocios locales.  Después, internacionalizó al banco: abrió sucursales en Los Ángeles y en Londres; después tendría más en Tokio, Sao Paulo y Gran Caimán. Así empezó a construir un banco que en su publicidad pregonaba ser “de ideas modernas”, tan modernas que llegó a los años 80 del siglo pasado con un moderno centro dotado de complejos sistemas de cómputo, pues el antiguo Banco de Comercio se había transformado por completo: se llamaba Bancomer y era uno de los más importantes de toda América Latina, y él, Manuel Espinosa Yglesias, el empresario más importante de México.

LA NACIONALIZACIÓN. La nacionalización de la banca mexicana, en septiembre de 1982, fue un duro golpe para Manuel Espinosa Yglesias. Perdió, según su propio dicho, 90 por ciento de su capital. Cuando escuchaba, junto con su familia, el informe presidencial de José López Portillo, en el cual anunció la medida, el banquero quedó silencioso, aturdido. Después, sobreponiéndose, pidió que sirvieran champaña. Cuando todo mundo tuvo su copa, habló: “Mi vida como banquero ha terminado. Les pido que brinden por mi nueva vida”.

El golpe fue tanto económico como emocional. Espinosa Yglesias siempre sostuvo que la medida había sido una equivocación de la administración lopez-portillista. Quiso volver al mundo de los negocios, adquiriendo algunas de las empresas vinculadas a Bancomer: el gobierno mexicano no accedió y solamente le permitió adquirir empresas que, en su mirada empresarial, no eran las más atractivas, entre ellas la minera Frisco. Cuando los bancos mexicanos fueron reprivatizados, intentó involucrarse y volver a su antiguo mundo, pero el proyecto no se concretó.

Fue en una asamblea de Frisco cuando anunció su retiro del mundo de los negocios para convertirse en un filántropo cuya memoria permanece hoy en centros de investigación, en museos y en escuelas.

 

 

 

Pie de foto; Manuel Espinosa Yglesias, poblano, se encontró en su elemento en el mundo de la banca mexicana.  En dos ocasiones presidió la Asociación de Banqueros de México.

 

Imprimir