Fábrica de Innovación Creativa en el Tívoli: un modelo contra la violencia en Colima | La Crónica de Hoy
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Fábrica de Innovación Creativa en el Tívoli: un modelo contra la violencia en Colima

Reportaje. El Tívoli es una colonia de la ciudad de Colima, estigmatizada y marginada, con altos índices de violencia y drogadicción, donde las familias están encabezadas por mujeres, que sostienen los hogares ante la ausencia de la figura paterna, ya sea porque no existe o porque éste ha sido asesinado

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Es una tarde de noviembre de 2018; el cielo es claro y no hay mucho viento. Por la ciudad se respira una tranquilidad que asemeja al correr de los riachuelos que atraviesan la capital de Colima. El fondo del paisaje es vigilado por el Volcán de Fuego que con furia dormida advierte lo que ocultan las entrañas de ésta, en apariencia, tranquila ciudad.

A escasos tres kilómetros del centro de Colima hay un río y al lado del río unas vías de tren que en conjunto forman la estrecha puerta de entrada y de salida a uno de los barrios más peligrosos no sólo de la ciudad, sino de todo el estado. Se trata del barrio conocido como El Tívoli que, en el pasado, fue un complejo industrial ligado a un aeropuerto que ya no existe, y a las vías férreas que hacían parada ahí como punto de tránsito desde el Puerto de Manzanillo. Este complejo, con su subestación eléctrica, con el paso de los años, se fue deprimiendo y la idea de progreso y las esperanzas en la industria de El Tívoli no alcanzaron al rápido avance del tiempo.

Fue entonces que la zona fue abandonada y ocupada irregularmente. Carlos Martínez Vuelvas, secretario de Cultura del estado de Colima, dice que El Tívoli es una metáfora del fracaso del progreso económico, el cual no es democrático pues no llega a todos: el progreso, afirma, sólo es para quien observa el paisaje montado en el tren. Las vías dividen, mutilan los centros culturales y convivenciales, pero ésta, sólo es una explicación metafórica.

En el año 2018, Colima fue el estado de la República mexicana con la mayor tasa de homicidios, ya que se registraron 81.09 homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Pero ¿por qué Colima está viviendo este estado de violencia? Según el mismo secretario de Cultura, quizá, se trate justamente de las desigualdades que atrae también la abundancia económica.

Manzanillo es el cuarto puerto más importante de toda la costa del Pacífico en el continente americano, el cual transporta más de 3 millones de contenedores. Para Martínez Vuelvas esto ha provocado que la distribución de los empleos y la riqueza no sea democrática, es decir, “hay que generar contención cultural en torno a esas vías de progreso, es lo que creo que como sociedad no hemos hecho, no hemos generado modelos de contención para las desigualdades del progreso”.

Colima es uno de los polígonos, es decir, una de las más de 100 demarcaciones identificadas por la Secretaria de Gobernación como puntos de riesgo vinculados con la violencia y la delincuencia. El Tívoli está en el ojo de este huracán. En el año 2015 se realizó un diagnóstico a través de una caminata nocturna por esta zona. Autoridades de las secretarías de Gobernación (Segob), Desarrollo Urbano, Territorial y Urbano (Sedatu), de los gobiernos del estado y municipal, así como vecinos y organizaciones de esta comunidad detectaron que uno de los graves problemas era la violencia hacia las mujeres, pues no existían las condiciones urbanísticas para que ellas pudieran transitar en la zona o hacia fuera con seguridad, sin miedo de ser agredidas. 

Con un diálogo entre muchas de las mujeres de El Tívoli, y las autoridades, a través de las calles, los espacios públicos, como las canchas y las plazas, fueron ellas, las mujeres, las que compartieron sus deseos de detener el clima de agresión que estaban viviendo. Así se tomaron decisiones y rutas de acción para establecer una estrategia para frenar esta violencia. Fue así como se realizó el mural que entre ellas y los niños y niñas de la comunidad pintaron bajo el nombre de Jardín Tívoli; también se construyó, desde ese 2015, la Multicancha Tívoli, como un acto de recuperación del espacio público, antes, tomado por la delincuencia local. Asimismo, en conjunto con Sedatu y los gobiernos locales, en esta parte de la ciudad de Colima también se construyó una unidad deportiva y la recuperación de parques y jardines. Pero quizá el espacio más emblemático fue la construcción de un centro cultural, edificado en las viejas instalaciones de la subestación eléctrica, en un terreno baldío que, según Carlos Martínez, secretario de Cultura, era “un terreno, de más o menos cuatro hectáreas, que era un foco de inseguridad muy fuerte”. Ahí se construyó la Fábrica de Innovación Creativa en El Tívoli.

EN LA FÁBRICA. Él es Esaú Hernández, director de la Fábrica de Innovación, él ha estado en este lugar desde el inicio de su construcción en El Tívoli. El proceso no ha sido nada sencillo, se trata de una zona estigmatizada y marginada al sur de la ciudad de Colima. La mayor parte de las familias de este barrio, antes un lugar de bonanza económica, están encabezadas por mujeres, jefas de familia que se han encargado de sostener los hogares ante la ausencia de la figura paterna, ya sea porque no existe o porque éste ha sido asesinado.  

Esaú cuenta que además de la problemática que existe en el seno de las familias de El Tívoli, el tema de la drogadicción con metanfetaminas es uno de los más frecuentes. Ahí, muchas personas cultivan drogas con químicos y gasolinas, lo que ha generado un alto grado de adicciones. En el comienzo, en el espacio que hoy es la Fábrica de Innovación Creativa, primero atrajeron a los niños y niñas para comenzar una nueva convivencia social; de esta manera, cuenta Esaú desde su oficina que antes era el taller de máquinas de la subestación, pensaban atraer también a sus mamás, pero se dieron cuenta que algo estaba roto en la red familiar, pues “niños de seis años ‘nos decían: no a ellas no, pinches viejas, que se vayan a la chingada’. Niños de seis años, no creas que más grandes; y lo decían por diversas circunstancias”.

Ante esta situación, desde el 2016 intervinieron con la pinta de murales, la construcción de nuevas vías de comunicación entre El Tívoli y el centro de Colima, y dentro de la Fábrica, Esaú recuerda que ya con las niñas, niños y sus madres realizaron trabajo comunitario a través de la participación de promotores de lectura, de actividades deportivas, la enseñanza de fotografía y artes visuales, el aprendizaje de instrumentos musicales y música tradicional. Nuestra metodología fue siempre de Cultura de Paz, es decir, de mantener un diálogo permanente entre la gente para saber qué desea, cuáles son sus necesidades y qué quieren hacer. A esta metodología, comenta Esaú Hernández, se le conoce como “intervención-acción participativa; si funciona seguimos adelante, si no funciona, hay que comenzar otra vez”.

Según Esaú esta Cultura de Paz ha funcionado y se observa en el mismo entorno. Ya que los actos delictivos, desde 2015, han “venido disminuyendo, y en gran medida, el tema de los delitos de alto impacto. Cuando nosotros empezamos a trabajar aquí, obviamente, sobre todo hacia la zona del canal que es un lugar que está aquí cerca, era todo un tiradero de cuerpos en general. Era un sitio donde habitualmente iban y dejaban cuerpos, entonces eso es algo que desde hace un año y medio o dos que no se presenta. Y obedece, primero, a una labor policial; dos, porque se ocupó el espacio público con gente; tres,porque está mejor iluminado y porque hay mejor mantenimiento y, cuatro, porque la gente ha recuperado lo que le pertenece”.

LA ENSEÑANZA EN ARTE. Gabriela Medina es una de las maestras en la Fábrica de El Tívoli. Ella trabaja con niñas, niños y adolescentes. Les ha enseñado en los últimos años ha usar la cámara fotográfica. Comenzó con un curso de cortometraje. Ellos, los niños de El Tívoli escribieron un guion de terror al que titularon La Casona. Después, con la cámara fotográfica hicieron la grabación. Muchos de estos videos están en la página de Facebook de la Fábrica de Innovación. Además, la maestra Gabriela les enseña fotografía, desde muy pequeños los niños agarran la cámara y aprenden a crear encuadres y composiciones. Después entienden elementos de obturador y de iluminación. Gabriela recuerda que, a raíz de estos cursos, a uno de los niños sus padres le regalaron una cámara el día de su cumpleaños. 

— Gabriela, ¿cómo te gustaría ver en el futuro a estos niños?, le pregunto.

— “Pues, a mí me gustaría seguir viendo el proceso de los niños, o sea, por ejemplo, yo comencé a ver el proceso de Chanel, así le decimos a uno de los niños. Chanel, desde que era un niño, era super-agresivo, contestaba muy mal, se peleaba a cada rato con otros niños. Tenía ciertas ideas de lo que quería hacer más adelante, quería ser un cholo, te decía cuando le preguntabas. Pero ahorita hay una evolución desde aquel tiempo, desde hace tres años a ahorita, pues ya no se pelea, ya casi no dice groserías, ya no quiere ser cholo, ya quiere ser soldado”.

Gabriela me invita a pasar a uno de los cuartos de lo que era la subestación eléctrica, ahora convertido en cuarto de clases y estudio de fotografía. En el centro hay un teatro de sombras que ha construido al lado de los niños que visitan la Fábrica. Los niños del taller de fotografía y video de Gabriela contarán historias del barrio de la ciudad por medio de ese juego de luces y lo grabarán para forjar un nuevo producto.

Según datos del Centro de Prevención de la Violencia del estado de Colima, desde que se implementó este programa en El Tívoli, y sus alrededores, los índices de delitos han disminuido; por ejemplo: los homicidios pasaron de 3 en 2017 a cero en 2018; lesiones por arma de fuego; de 5 en 2017 a cero en 2018; violencia contra la mujer, de 11 en 2017 a 1 en 2018; portación de armas, de 10 en 2017 a 4 en 2018.

¿Será que se puede medir así el resultado de este programa público de Cultura de Paz? Tal vez, como dice el maestro Esaú Hernández, todo es un trabajo en conjunto entre autoridades, comunidad y organizaciones civiles, como el Consorcio Internacional de Arte (ConArte), quienes apoyaron a las autoridades para establecer algunas de las estrategias a seguir. Estrategias que van ligadas a otras acciones de urbanismo y seguridad pública.

Pero tal vez el resultado más efectivo es el que reconocen los mismos maestros de la Fábrica: que, como resultado de las actividades en las que participan estos niños, cuando hayan crecido puedan reconocer al otro y así evitar un homicidio, un acto delictivo, o un enfrentamiento entre familiares, amigos y vecinos.

 

Imágenes tomadas por los
alumnos del taller de fotografía de
la Fábrica de Innovación Creativa.

 

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