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El politécnico Leobardo Salazar Peña explica cómo la modelación sísmica trabaja en conjunto con la alerta temprana para mejorar la capacidad de respuesta de la sociedad mexicana

Diseñan modelo para anticipar el recorrido e impacto de un sismo

Experto en sismos Leobardo Salazar, es profesor de la ESIA, Unidad Ticomán. Se en sismología computacional. (IPN)

El sismólogo del Instituto Politécnico Nacional (IPN), Leobardo Salazar Peña, desarrolló un modelo matemático y simulaciones computacionales que permiten anticipar cómo se propaga un sismo desde su epicentro hasta distintas regiones del país con la finalidad de pronosticar su recorrido e impacto real. México es uno de los países más sísmicos del mundo. La geografía del territorio lo ubica en una zona de alta actividad tectónica, donde convergen cinco placas: la de Cocos, la del Pacífico, la de Rivera, la de Norteamérica y la del Caribe. La interacción de estas placas provoca movimientos telúricos frecuentes, algunos de ellos devastadores. Basta recordar los terremotos de septiembre de 1985 y 2017 en la Ciudad de México, que dejaron miles de víctimas y daños en la infraestructura urbana.

Ante este escenario, la sociedad mexicana ha aprendido a vivir con riesgo. Una de las herramientas más valiosas con que cuenta hoy la población es la alerta sísmica, un sistema que, a través de sensores distribuidos en zonas de subducción, detecta sismos de gran magnitud y emite avisos segundos antes de que las ondas lleguen a las ciudades, los cuales permiten a la población evacuar edificios, detener transportes o ponerse a salvo, para salvar miles de vidas.

Sin embargo, la ciencia explora nuevas fronteras para fortalecer la prevención. El doctor Leobardo Salazar, de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura (ESIA), Unidad Ticomán, es investigador especializado en sismología computacional y físico del interior de la Tierra por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó en entrevista para la Agencia Informativa Conversus (AIC) cómo la modelación sísmica trabaja en conjunto con la alerta temprana para mejorar la capacidad de respuesta de la sociedad mexicana.

UNA VENTANA AL INTERIOR DE LA TIERRA

La modelación sísmica es un conjunto de técnicas computacionales que permiten simular la propagación de las ondas sísmicas en el subsuelo. A través de ecuaciones matemáticas, información geológica y capacidad de cómputo, los científicos pueden “recrear” cómo se mueve la energía liberada por un terremoto desde su origen hasta las zonas pobladas.

“Lo que hacemos es modelar cómo viajan las ondas sísmicas en el subsuelo y cómo impactan en diferentes regiones, considerando la geología de cada lugar”, reveló el científico politécnico. Esta simulación ayuda a comprender por qué un mismo sismo puede sentirse con intensidades distintas en lugares relativamente cercanos.

Por ejemplo, en la Ciudad de México, construida sobre antiguos lagos, los sedimentos blandos amplifican las ondas sísmicas, lo que genera sacudidas más intensas que en zonas con suelos rocosos. La modelación permite anticipar estos efectos para ofrecer mapas de riesgo mucho más detallados.

NO PREDECIR, SINO ANTICIPAR

El investigador politécnico aclaró que el objetivo de la modelación no es predecir el día exacto de un terremoto. “Hoy no existe la tecnología que permita decir que mañana va a temblar a tal hora y en tal lugar. Lo que sí podemos hacer es anticipar los efectos de un sismo cuando ocurre y eso ya representa una diferencia enorme”, señaló.

La idea es que, al simular en tiempo real cómo se propagan las ondas, se pueda estimar con mayor precisión qué zonas serán más afectadas, con qué intensidad y en cuánto tiempo. De esa manera, la alerta sísmica podría evolucionar de un aviso general a un sistema mucho más específico, capaz de orientar decisiones de emergencia con información personalizada para cada región.

COLABORACIÓN CON LA ALERTA SÍSMICA

Actualmente, la alerta funciona con una red de sensores que detectan los sismos en la costa y transmiten la señal de aviso a las ciudades. El tiempo de anticipación depende de la distancia entre el epicentro y el punto de impacto: puede ser de 60 segundos o apenas de 10.

Leobardo plantea que la modelación puede ser un aliado estratégico de este sistema. Al contar con modelos detallados del subsuelo y con simulaciones de propagación de ondas, la alerta podría calibrar con mayor exactitud el tiempo de llegada y la intensidad esperada en cada zona.

“No hablamos solo de ganar más segundos, que de por sí son vitales, sino de brindar información más precisa. Eso significa que las autoridades de protección civil podrían tomar mejores decisiones y la población tendría una guía más confiable en momentos críticos”, subrayó.

MÁS ALLÁ DEL AVISO

La aplicación de la modelación no se limita a mejorar la alerta, tiene un impacto en la planeación urbana y en la ingeniería estructural. Al conocer cómo responden diferentes zonas de la ciudad a los sismos, es posible diseñar edificios más resistentes y ubicar infraestructuras críticas como hospitales o escuelas en lugares más seguros.

“Cada modelo nos ayuda a entender mejor nuestro territorio. Con esta información, podemos construir ciudades más preparadas y con menos vulnerabilidades”, dijo el investigador politécnico Salazar Peña.

DESAFÍOS TÉCNICOS Y CIENTÍFICOS

El desarrollo de modelos sísmicos requiere de una enorme capacidad de cómputo y de bases de datos geológicas detalladas. No basta con conocer la magnitud de un sismo; es necesario integrar información sobre capas del subsuelo, fallas geológicas, densidad de los materiales y comportamiento histórico de la región.

Además, la simulación debe realizarse en tiempo real para ser útil en una emergencia. Esto implica trabajar con supercomputadoras capaces de procesar millones de operaciones en segundos. En México, aunque existen avances en centros de investigación como en la UNAM, el IPN y el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE), en Baja California, se necesita mayor inversión en infraestructura tecnológica para alcanzar el nivel de países como Japón o Estados Unidos.

UN FUTURO POSIBLE

A pesar de los retos, el potencial de esta tecnología es indiscutible. El científico Leobardo recordó que cada segundo de anticipación significa una diferencia entre la vida y la muerte para miles de personas. “No se trata de reemplazar la alerta, sino de enriquecerla con información más robusta. La combinación de sensores y modelos computacionales puede hacer de nuestro sistema uno de los más avanzados del mundo”, afirmó.

Recalcó que el futuro de la prevención en México depende de la colaboración entre ciencia, tecnología y gobierno. Sin un puente entre la investigación académica y las políticas públicas, los modelos se quedarían en laboratorios sin llegar a la sociedad.

UNA CULTURA DE PREVENCIÓN

Más allá de la tecnología, Salazar Peña insistió en la necesidad de fortalecer la cultura de prevención en México. De nada sirve contar con la alerta más sofisticada si la población no sabe cómo reaccionar. Simulacros, protocolos de emergencia y educación en todos los niveles son elementos indispensables para que la información se traduzca en acciones que salven vidas.

“Los sismos seguirán ocurriendo, lo que podemos cambiar es nuestra capacidad de respuesta”, aseveró.

CIENCIA PARA SALVAR VIDAS

La modelación sísmica representa un paso importante en la lucha contra uno de los fenómenos naturales más temidos en México. No elimina el riesgo, pero ofrece la posibilidad de reducir sus consecuencias. Al integrarse con la alerta sísmica, este avance científico podría convertirse en un escudo más eficaz para millones de personas.

“Cada segundo ganado es una oportunidad para salvar vidas. La ciencia tiene que estar al servicio de la sociedad y la modelación sísmica es un claro ejemplo de cómo el conocimiento puede protegernos”, indicó.

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