El Congreso arriesga el futuro del superpoderoso sincrotrón mexicano

2017-10-29 21:58:57

Entre las 15 economías más grandes del planeta, México es el único país que no cuenta con un sincrotrón, que es un aro capaz de generar una luz mil veces más intensa que la luz del Sol. Con esa luz es posible activar supermicroscopios que, por ejemplo, México ya tuvo que contratar en 2010 para identificar al virus que provocó el brote epidémico de la influenza AH1N1. Pero, además, un sincrotrón también podría ayudar a identificar con anticipación movimientos de la corteza terrestre que desembocan en sismos, entre otras tareas.  

A pesar de que este proyecto ha sido impulsado desde hace más de diez años por físicos mexicanos, y aun cuando hace dos años y nueve meses se concluyó y entregó el proyecto ejecutivo pagado con 5.5 millones de pesos por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), el gobierno del estado de Morelos y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), hasta la fecha no hay una instrucción oficial para que se apruebe o deseche el proyecto.

En septiembre de 2015 se entregó un informe ejecutivo, técnico y científico al Senado de la República, que a su vez emitió un exhorto a la Cámara de Diputados para otorgarle presupuesto, pero no hubo recursos asignados directamente para el sincrotrón en 2016, 2017 ni aparece en el proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2018. Hasta el día de hoy no hay una convocatoria oficial de parte del poder Ejecutivo o del Poder Legislativo para decidir si se debe o no construir este laboratorio nacional.

Para que un ciudadano común sepa lo que es un sincrotrón, se le puede invitar a imaginar un terreno un poco mayor a cuatro canchas de futbol soccer. Después hay que invitarlo a imaginar que ahí dentro hay una construcción circular o un gran tubo que, cerrado, mide 500 metros de circunferencia; es decir, un poco más que las pistas en las que corren los ­atletas dentro de los estadios olímpicos, que miden 400 metros. Así se vería por fuera un sincrotrón.

Dentro de ese anillo de 500 metros se disparan, con equipos especiales, millones de electrones de alta energía que viajan constantemente a una velocidad cercana a la velocidad de la luz (casi 300 mil kilómetros por segundo). En ese estado, los electrones comienzan a emitir una luz mil veces más intensa que la luz del sol. Así, se genera la luminosidad más intensa y estable que hasta hoy se puede producir en un laboratorio en el mundo.

Esa luz generada con ciencia y tecnología es “sacada” por diferentes salidas alrededor del anillo sincrotrón y llevada a microscopios superpoderosos que revelan imágenes sin precedentes. Así se pueden ver y reconocer amenazas como un virus epidémico, pero también moléculas de valor económico como el petróleo, o proteínas o nuevos medicamentos; y materiales estratégicos a nivel nacional, como los suelos, arcillas, magma o incluso los materiales de los que están hechos los objetos arqueológicos, patrimonio de la nación.

Para tener la imagen completa hay que decir que en el sincrotrón, al centro está el anillo de luz y alrededor —como si fueran aspas de un rehilete o de una hélice— hay diferentes laboratorios que extraen la luz y la usan en cientos de procesos científicos y tecnológicos diferentes.

En el mundo hay 60 sincrotrones en 24 países. El 90 por ciento de los estudios que se realizan tienen que ver con investigación aplicada en farmacología, minería, genómica. En Iberoamérica, Brasil tiene dos y España uno. Cada país decide qué laboratorios coloca o en qué estudios se enfocan. Puede haber cinco, diez, doce laboratorios (como si fueran aspas o aletas cada uno) alrededor del anillo y usando la superluz.

PESOS Y CENTAVOS. Existe una limitante muy evidente para construir un sincrotrón en México: el hecho de que requeriría entre 500 y mil millones de dólares (entre 10 mil y 20 mil millones de pesos), en una inversión dividida a lo largo de siete años. La cifra adquiere una dimensión más clara si se recuerda que el presupuesto anual de todo el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, más sus 27 Centros Públicos de Investigación (CPI), sumó 27 mil millones de pesos en el año 2017. Con este dinero se pagan más de 56 mil becas de posgrado en México y el extranjero; más de 27 mil compensaciones salariales de los miembros del Sistema Nacional de Investigadores (SNI); más de mil 500 salarios completos de investigadores del sistema Cátedras Conacyt y todas las convocatorias del país para investigación básica, infraestructura científica y apoyos a empresas de base tecnológica.

Sin embargo, quienes apoyan el esfuerzo presupuestal dicen que los beneficios superan a la inversión pues, por ejemplo, los sismos del mes de septiembre provocaron al país pérdidas superiores a los 43 mil millones de pesos y si el sincrotrón estuviera activo en México, se podría conocer con mayor precisión el movimiento de las placas tectónicas y un sismo de gran magnitud podría anunciarse con tres minutos de anticipación y no sólo con 40 segundos, como ocurre actualmente, de acuerdo con el proyecto ejecutivo.

“Sabemos que es un tema que presupuestalmente es complejo porque requiere un compromiso de inversión transexenal; es decir, se requeriría estar invirtiendo anualmente a este proyecto cerca de 100 millones de dólares (2 mil millones de pesos), durante cerca de siete años. Pero lo que realmente nos decepciona es que ni siquiera se ha iniciado un debate oficial público para decidir si México invertirá o no en este tipo de laboratorio que puede apoyar a la seguridad nacional”,  indicó en entrevista con Crónica el responsable de la elaboración del proyecto ejecutivo, Víctor del Río, científico mexicano que es investigador del Royal Institute of  Technology en Melburne, Australia.

También en entrevista exclusiva con este periódico, el director del Instituto de Física de la UNAM, Manuel Torres Labansat, dijo que no hay que equivocarse y pensar que el proyecto de estudio del sincrotrón ha quedado en un cajón, pues sí se generaron varios productos y resultados del proyecto de 5.5 millones de pesos que fue financiado a través de los Fondos Mixtos o Fomix, de Conacyt.

Detalló que la información que se entregó hace casi tres años ha servido para que desde la comunidad científica se siga el trabajo para visibilizar la conveniencia de contar con un laboratorio sincrotrón, por ejemplo, a través de un foro muy concurrido que se organizó en El Colegio Nacional, además de reuniones con senadores y por medio de un libro que está por publicar el Fondo de Cultura Económica (FCE).

“Sí hubo entregables del proyecto Fomix. Se le dio seguimiento y ha estado habiendo resultados”, indica el investigador universitario. “Una acción importante para incidir en los sectores que toman las decisiones fue un evento que se hizo en el Senado de la República donde senadores de varias comisiones promovieron un acuerdo para exhortar a la Cámara de Diputados a incluir una partida presupuestal para este proyecto”, añadió.

Desafortunadamente, la recomendación expresada por la Cámara de Senadores a la Cámara de Diputados para apoyar financieramente a ese proyecto no prosperó, pues el pronunciamiento fue hecho en septiembre de 2015 y el Proyecto Sincrotrón no fue considerado en los Presupuestos de Egresos de la Federación (PEF) 2016, 2017 ni está mencionado en el proyecto de PEF 2018.

En la Cámara de Diputados, el tema no ha sido abordado oficialmente en ningún panel, foro o mesa de análisis.

QUE SE DISCUTA. Víctor del Río Bello, investigador del Royal Institute of Technology en Melburne (RMIT), Australia  y miembro  de la Red Global MX de talentos mexicanos en el extranjero fue uno de los autores del documento ejecutivo para explicar la importancia estratégica de que México invierta en un sincrotrón. Desde 2011 estuvo involucrado en el planteamiento del proyecto, que fue adoptado e impulsado por el gobernador de Morelos, Graco Ramírez, pero hasta la fecha no se tiene una decisión sobre el futuro del laboratorio sincrotrón.

“El objetivo de mi actual visita a México es que ya se publiquen los estudios ejecutivo, científico y técnico que entregamos”, dice el investigador, que asegura que la última versión de estos estudios se entregó en febrero de 2015 y que en él se incluye un resumen de ocho páginas para que los diputados entiendan concisamente de qué se trata del proyecto.

“Yo le diría al ciudadano común que el contar con un sincrotrón pudo haber ayudado a que la economía del país no se hubiera detenido tantos días, como cuando ocurrió la epidemia de la influenza AH1N1. También le diría a la gente que acaba de sufrir en los temblores que este tipo de equipos podría ayudar a tener dos minutos más para proteger su vida y patrimonio. Este tipo de fenómenos se estudian actualmente en equipos sincrotrón, es un instrumento muy sofisticado que permitiría tener, en dos semanas, resultados de investigación que normalmente tendríamos en dos años”, dice el científico mexicano.

Manuel Torres Labansat, director del Instituto de Física de la UNAM, indicó a Crónica que desde la Universidad se ha impulsado mucho este proyecto y se han generado muchos productos informativos para la sociedad abierta y para las autoridades. Sin embargo, el científico mexicano reconoce que los montos requeridos para este tipo de proyectos son muy altos para el contexto que vive actualmente la ciencia mexicana, que había crecido entre 2012 y 2015 pero que después comenzó una contracción presupuestal, que puede continuar en 2018 con un posible recorte de 4 por ciento al presupuesto general de Conacyt.

“Nosotros seguimos pensando que para el sincrotrón se requerirían, al menos ,500 millones de dólares (10 mil millones de pesos), y hasta el momento la inversión que se canalizó para el primer estudio fue de 5.5 millones de pesos, lo que fue útil pero en una escala totalmente diferente. Si se lleva a cabo una segunda etapa, con un proyecto mucho más elaborado, se requeriría un fondo diez veces mayor que el anterior, como de 50 o 60 millones de pesos que sería pequeño en comparación al total, pero que permitiría tener un proyecto más serio y en detalle”, dice el doctor Torres Labansat.

Sin embargo, el investigador universitario reconoce que no valdría la pena hacer una inversión de 60 millones de pesos para hacer un estudio técnico y ejecutivo más amplio para el sincrotrón si no existe el compromiso de mantener el proyecto hasta que termine de construirse.

“A nivel político sería importante que pudieran tener esta visión transexenal sobre el futuro del país y también reconocer que si hubiera otro proyecto alternativo más importante que éste se apoye, aunque yo pienso que éste sí sería muy benéfico para México”.

A su vez, Víctor del Río opina que en México primero se hizo un proyecto demasiado científico pero ahora está claro que se debe mostrar cuáles son los beneficios directos de este equipo para la población. “Ahí estamos detenidos: ya se dio a conocer el sincrotrón a los científicos, pero ahora hace falta el debate más público”, concluyó Víctor del Río.

 
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