Recortes presupuestales merman trabajo de los Centros Conacyt

2019-01-06 20:09:16

Los recortes presupuestales al sistema de ciencia, tecnología e innovación y al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) incluyeron disminuciones a los Centros Públicos de Investigación de la dependencia. Los 27 Centros Conacyt representan una de las principales fuentes de investigación del país y una de las más importantes en su descentralización. Aún mientras se analizaba la Propuesta de Presupuesto de Egresos de la Federación en la Cámara de Diputados, diversos centros hicieron públicas cartas dirigidas a los legisladores y a la opinión pública sobre la importancia de resarcir la disminución de su presupuesto, no obstante, no hallaron eco. 

En entrevista, los directores del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada y de El Colegio de la Frontera Sur explican en qué consiste el trabajo de investigación de estas instituciones y los problemas presupuestales que enfrentan ya desde hace años.

CICESE. La historia de la ciencia mexicana moderna de las últimas cinco décadas tiene dentro de sus momentos más importantes el proceso de descentralización hacia los estados. De esta forma, la creación del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE), no sólo dio lugar a un polo de referencia científica en el noroeste del país, sino  también constancia de este proceso. En 2018, este Centro Conacyt, el más grande de todo el sistema, cumplió 45 años de existencia y no sólo es un referente de la investigación oceanográfica y costera del Pacífico mexicano, sino además de la biotecnología y ecología marina, acuicultura e innovación biomédica, por mencionar algunas áreas. Su director, Silvio Marinone bosqueja el pulso de la institución.

— ¿Cuál ha sido el impacto del CICESE en el desarrollo científico de la región?

— Incidimos regionalmente en muchas áreas, por ejemplo, iniciamos con oceanografía y física aplicada, así como en el desarrollo de instrumentación. En el área de óptica, desde hace varios años nuestros grupos de investigación crecieron internamente y desarrollaron sus propias empresas, muchas de ellas pioneras en la industria de la óptica e instrumentación electrónica.

Por otro lado, en investigación oceanográfica se llevan a cabo muchos estudios básicos para caracterizar nuestros mares alrededor de todo el país, pero principalmente en Baja California; iniciamos un programa en la década de los noventa, el Programa de investigaciones mexicanas de la corriente de California, que se enfoca en la parte sur de la corriente californiana, la cual se origina en el norte de EU y sur de Canadá, pero fluye a lo largo de la costa y pasa por nuestra península. Es una región que sólo nosotros estudiamos. Caracterizamos física, biología, pesquerías y lo importante es que nos permite conocer y coadyuvar con los grupos pesqueros, es una de las zonas más productivas del país.

El director del CICESE añade que en al área de investigación hídrica, el instituto también realiza estudios de caracterización de toda la costa del estado, pero además tienen líneas de estudio aplicado, como en el Valle de Guadalupe, por su importancia en el desarrollo vinícola.

“Pero la península también es una región sísmica, por lo que igualmente desarrollamos instrumentación. Fuimos los primeros en digitalizar las redes de sismógrafos que hay, a través de las cuales se caracteriza la geología de la región y se elaboran mapas de riesgo y otras medidas preventivas.

— En la actualidad, ¿cómo se apuntala el CICESE en el avance de proyectos de trascendencia nacional?

— Nuestra misión es ser un centro público de investigación con el mayor impacto transformador en la sociedad, y si bien se refleja en la investigación que hacemos, destacarían un par de megaproyectos que se gestaron hace cerca de tres años: el Centro Mexicano de Innovación en Energía Geotérmica (CeMIEGeo) y el Consorcio de investigaciones del Golfo de México (CIGoM). Su relevancia ahora se debe a que han pasado la etapa crítica de trabajo, se compró equipo para subproyectos inmersos en ellos y estamos apuntando el cierre de su primera etapa. Es el momento de demostrar que pudimos, junto con todos los colaboradores, llevar estos dos a buen fin en esta fase. Cada uno es más grande que CICESE y llevar a cabo ambos, de manera física y virtual, ha sido un aprendizaje tremendo, inédito en el país.

En 2010, la explosión de la plataforma petrolera Deepwater Horizon, de British Petroleum (BP), causó el derrame más grande en la historia, cinco millones de barriles de crudo fueron vertidos. Se desconoce el impacto real que tuvo, puesto que entonces se ignoraba gran parte de las condiciones del Golfo de México. A partir de entonces, instituciones de todo el país conformaron el CIGoM, con el objetivo de generar el conocimiento de este cuerpo de agua, que sigue expuesto a la explotación petrolera.

Por otro lado, el CeMIEGeo es una alianza academia-industria, también con financiamiento Sener-Conacyt al igual que el CIGoM, que busca promover y acelerar el uso y el desarrollo de la energía geotérmica en nuestro país, mediante la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación. Marinone señala que en este proyecto se desarrollan temas como la evaluación de recursos geotérmicos nacionales, lo que lleva a la caracterización y estudios de la región. “Estudiamos lo más básico, pero también que se puede explotar”. Dentro de los proyectos se encuentran algunos relacionados con el desarrollo tecnológico para la explotación del calor bajo tierra y el uso de calor geotérmico para la producción de electricidad.

— ¿Cuáles son los retos del CICESE en los próximos años?

— No hay que ir tan lejos, porque lo vivimos en el presente. En los últimos dos años el presupuesto ha mermado y nos ha dificultado mucho hacer investigación, puesto que hay menos recursos para hacer estudios, lo cual además desincentiva al personal. Ése es un reto continuo, el presupuesto de cada año. Otro que no se ha logrado es el de un plan de retiro digno. Muchos investigadores y técnicos ya hicieron toda una carrera y es hora que descansen y disfruten de la vida en otro ambiente, pero no lo hacen porque no pueden retirarse más que con una menor parte de su salario actual. Ése es un reto en el presente y hacia futuro, más allá del CICESE, del que no vemos cómo saldremos; además de ser un problema administrativo, evita que se renueve la sangre de la investigación en el centro, lo cual lo haría más productivo y eficiente.

ECOSUR. Dentro de los 27 Centros Públicos de Investigación (CPI) del Conacyt, El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) tiene varios elementos que lo hacen especial, desde su constitución institucional, hasta el desarrollo de investigación multidisciplinaria. La institución es uno de los CPI del sistema Conacyt de mayor tamaño, con cinco unidades repartidas en el sureste mexicano, lo cual lo vuelve una institución compleja, multiforme, pero bien organizada.

Dirigirla es un reto que ha sorteado con empeño y enfrentando riesgos su director general, el doctor Mario González Espinosa, quien en entrevista con Crónica proporciona una referencia del pulso del ECOSUR y su prospección hacia los próximos años. Con tres décadas de experiencia en ECOSUR, González Espinosa dirigió la institución en su periodo 2013-2018 y ha sido esa trayectoria dentro de ella cómo ha generado para él mismo una imagen clara de ésta. Después de varios años, dice que ahora puede exponerla sin la menor duda.

Con áreas de investigación en agricultura, sustentabilidad, conservación de la biodiversidad, salud, ecología acuática y sociedad y cultura, ECOSUR es la imagen de una institución multidisciplinaria, algo que sólo reconocen muy pocos centros de investigación. Es esta característica un elemento de su perfil institucional, que se combina con otra más, casi única. 

“Es nuestra orientación georeferenciada, que pesa mucho. No es un centro de investigación que pueda estar en cualquier parte, porque dejaríamos de atender nuestro trabajo en áreas de actividad en la frontera sur del país, en Chiapas, Tabasco, Campeche, Quintana Roo y Yucatán, además de proyectos con instituciones de Belice y Guatemala y ocasionalmente algunos países del Caribe”, señala Mario González.

— ¿Qué otra característica hace único a ECOSUR?

— De acuerdo con nuestro mandato, somos el único de los centros Conacyt que contempla en su definición un componente internacional explícito, por decreto, para establecer relaciones académicas  con países de la región centroamericana y del Caribe; es el único centro que cuenta con la participación de la Secretaría de Relaciones Exteriores en su Junta de Gobierno, porque tenemos un mandato de servir como enlace académico, en investigación, posgrados y vinculación, con instituciones afines, así como con usuarios de nuestro trabajo en estos países. No obstante, el amplio perfil regional de ECOSUR no se encuentra contemplado en la asignación de recursos, lo que limita nuestras actividades en otros países.

— ¿Qué otros elementos definen el perfil de la institución?

— Uno más es que trabajamos estrechamente, en proyectos de investigación participativa, con algunos de los grupos de población más vulnerables y marginados del país. Estamos en una región de México que es bipolar: por una parte, dispone de riquezas maravillosas y por otra, muestra a cada paso miserias indignantes. No conozco otra institución que lo asuma así en nuestro país. Trabajamos con una de sus mayores riquezas, como lo es su biodiversidad —México es el quinto país más biodiverso del mundo—, y la mayor parte de ésta se concentra en el sur-sureste del país. Hay muchos centros de investigación más, pero no trabajan en toda la extensión de una región representante de la mayor proporción de la biodiversidad de México;  además, la cantidad de recursos naturales representan una veta muy vasta para su aprovechamiento, en muchos casos bajo esquemas sustentables. Pero además, tenemos la mayor concentración de los 70 millones de personas pobres del país y donde existe también una de las mayores concentraciones de población indígena monolingüe. Adicionalmente, ECOSUR es la única institución en el mundo que centra su actividad en el corazón de los territorios ocupados por las etnias mayas: trabajamos en Belice, Guatemala, Chiapas, Tabasco, Campeche, Quintana Roo y Yucatán, la región que ha ocupado la cultura maya desde hace tres mil años.

— ¿Cuál ha sido el impacto de ECOSUR en las entidades donde está representado?

— ECOSUR inició actividades en dos ciudades de Chiapas, Tapachula y San Cristóbal de Las Casas; posteriormente, los demás estados con línea fronteriza demandaron su propia unidad. En Quintana Roo incorporamos un centro ya existente, pero en Campeche y Villahermosa iniciamos desde cero hace más de 20 años. En muchos de estos estados la potencia de investigación era entonces prácticamente nula, pero ECOSUR ha aportado fortaleza a los sistemas de investigación de cada una de las entidades. En las convocatorias regionales, cuando las había, nuestros investigadores han presentado buenos proyectos y se han llevado una parte importante de los recursos, sin el menor ánimo de acaparar y solamente como resultado de la calidad y relevancia regional de nuestros proyectos.

— ¿Cuáles son los retos en la gestión de cinco unidades?

— El tamaño y división en las diferentes sedes dificulta un poco las cosas, en especial a la hora de dividir el presupuesto. Por otra parte, hemos asumido desde siempre una paridad política interna en las unidades; por ejemplo, la Unidad Villahermosa, que es la más pequeña, tiene el mismo peso en las decisiones institucionales que la sede más grande, que es la de San Cristóbal de Las Casas.

— ¿Qué representa ECOSUR para el país?

— Al cabo de casi 45 años, México no sería lo mismo sin ECOSUR. Puede ser así también para otros centros de investigación en su propia entidad, pero sin duda alguna el conocimiento y entendimiento de los problemas profundos de esta tercera parte del territorio mexicano, que abarca desde el istmo de Tehuantepec hacia la frontera, no sería la misma sin la presencia de nuestra institución, que ha contribuido de manera fundamental.

— ¿La comunidad científica vive alguna incertidumbre por el cambio de gobierno?

— El Conacyt mismo tiene poca certeza en la continuidad de sus políticas y el hecho de que los CPI tengan que asumir, que no luchar, cada año un presupuesto estancado, que no se incrementa desde 2015, nos ha llevado a muy graves problemas en el tema de salarios y prestaciones. Como otros centros del sistema Conacyt, ECOSUR tiene sus días contados si no se atienden estos graves problemas estructurales, puesto que estamos en grave riesgo de ya no poder cumplir con jubilaciones y prestaciones regularizadas porque no tenemos dinero asignado para ello. Esperamos tener un nuevo gobierno federal que sea digno de esta región del país y que voltee a ver bien a México, de manera incluyente, pero además que se dé cuenta de que ECOSUR tiene mucho que ofrecer y aportar.

 
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