El poder de los poderes

2019-03-13 21:58:23

Se le llama Jesús del Gran Poder. Es una escultura barroca de Juan de  Meza. Fue hecho en el siglo XVII y goza de la devoción de los gitanos andaluces, algunos toreros, quienes mandan bordar la imagen en sus capotes de paseo, y miles de católicos. En la Semana Santa, su hermandad comparte oraciones con otras como La Macarena y El Silencio.  

El poder es la condición fundamental de toda divinidad. Yo me confieso a Dios todopoderoso, rezan algunos cristianos. Alá es quien todo lo puede, todo lo decide y determina; es la voluntad mayor.

En términos mundanos la política es la escalera del poder y contra la peligrosidad de su ejercicio se han impuesto, para evitar la voluntad única de sátrapas, mandarines, tiranos, dictadores, césares, tlatoanis o emperadores, los contrapesos —entre otros—, de un  sistema de división o separación de poderes en la unión republicana. Quien legisla, quien juzga y quien administra la cosa pública. Así funcionan —más o menos— todas las repúblicas. Al menos en teoría.

En México, la división de poderes fue durante muchos años una entelequia, practicada con el sabio disimulo de las formas (o el engaño sutil, si se quiere); el Partido Revolucionario Institucional creó un mecanismo complejo de signos, símbolos, mensajes codificados y leyes no escritas; un sistema de control absoluto por parte del Presidente, quien ordenaba la hora del amanecer y decidía el momento de la puesta de sol.

La democracia, nos dijeron quienes por mucho tiempo se opusieron al sistema político mexicano y empujaron hasta lograr una mala copia de las democracias europeas o estadunidense, sólo se logrará en México cuando se respete el voto, para lo cual es indispensable arrebatarle al gobierno la organización electoral (y se hizo); cuando haya una auténtica separación de poderes y el Presidente no domine al Congreso (y se hizo) y cuando haya una judicatura autónoma y profesional (también se hizo).

Y sin embargo, hoy el dominio presidencial sobre los demás poderes es total; quizá como nunca antes. Ni en los mejores tiempos del PRI. Es la democracia de la Cuarta Transformación.

Los gobiernos de poder extendido, por no llamarles totalitarios (tienen el poder totalmente) atropellan todo en el nombre de una causa superior. Los ejemplos sobran. Fidel Castro se aferró al poder para defender a Cuba del bloqueo americano y la amenaza contra la revolución libertaria; Franco sofocó a España para salvarla del comunismo; Hitler hizo la Guerra para resolver de una vez por todas, la amenaza judía.

En México hoy todo se hace para abatir la corrupción y en el nombre de ella vemos cómo las propuestas presidenciales se convierten en instrucciones seguidas al pie de la letra en el Congreso o en la Suprema Corte de Justicia, por citar solamente un par de casos. El más reciente, el  nombramiento de Yasmín Esquivel como ministra en la Suprema Corte de Justicia. Quienes estuvimos en  el Senado hace un par de días, lo vimos con toda claridad.

Más allá de la pantomima de una segunda vuelta, esa designación estaba tan arreglada como una pelea del Canelo Álvarez. El milagro de los 29 senadores cuya opinión cambió en la segunda ronda de votación transparente y por papeleta (la cédula crédula), y toda la parafernalia, cuando soplaron los vientos de una junta de Coordinación Política convocada con  sentido emergente, no es atribuible sino al Andrés del Gran Poder y las negociaciones de última hora de su acólito, Ricardo Monreal.

¿Por qué el empeño presidencial en sacar adelante el nombramiento de Yasmín Esquivel? Eso nada más lo saben tres personas en este país: el Presidente AMLO; el contratista José María Riobóo y ella misma.

Y en  el caso de la Judicatura, pues está “la joya de la corona”, cuando abiertamente el Presidente confirmó su intervención en la SCJN para revertir una sentencia favorable a los beneficios fiscales de los vendedores de la cervecería Modelo. Pero ahora hay un anuncio más:

“…se detiene a presuntos delincuentes, tardan tres días, cinco días y quedan libres, y el argumento o la excusa es que no están bien integradas las averiguaciones, que no se cumplió con el debido proceso y que esto da pie para que un juez deje en libertad a un presunto delincuente… Entonces, este asunto lo vamos a tratar transparentándolo.

“Vamos a hablar, desde luego, con ministros de la Corte, con el presidente de la Corte, de manera muy respetuosa sobre estos casos… esto se va a ir atendiendo, porque de esta manera vamos limpiando”.

 

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