En memoria de MarĂ­a Luisa Ortega

2009-10-14 11:09:48

El 11 de abril de 2009 fallece la Dra. María Luisa Ortega Delgado, investigadora con amplios reconocimientos nacionales e internacionales en su campo de especialidad, la fisiología vegetal. Fue maestra entusiasta y generosa formadora de nuevas generaciones de investigadores. Forjadora que trajo ideas innovadora a toda una escuela de investigación en fisiología vegetal con énfasis en varias de las especies mexicanas de mayor valor comercial y cultural. De pasión personal fue melómana y amante del arte que no dejaba pasar oportunidad alguna en sus múltiples viajes como investigadora invitada para asistir a la ópera y visitar museos. De convicción promovió la práctica de la investigación de la mano de la cultura y el arte.

Así, generaciones de hombres y mujeres ingenieros agrónomos, fisiólogos, bioquímicos, tanto en la Universidad Autónoma Chapingo como en el Colegio de Postgraduados donde desarrolló su faceta docente, todavía la recuerdan por su brillante y exigente desempeño, su entusiasmo y solidez como investigadora.

María Luisa Ortega, ganadora del Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1996, será recordada también por otros rasgos de su personalidad: la extraordinaria generosidad y capacidad de apertura para con los jóvenes alumnos, especialmente con las mujeres. Mayra de la Torre, también ganadora del Premio Nacional de Ciencias y compañera de María Luisa Ortega en el Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República, recuerda la pasión con la que buscaba impulsar a las jóvenes investigadoras:

“Fueron varias las aspirantes a investigadoras que recibió la doctora Ortega en su casa. Cuando una joven llegaba de provincia, sobre todo en décadas pasadas, el ambiente era especialmente difícil. Con María Luisa había además de un ambiente de dedicación y estudio, la generosidad de recibirlas y darles aliento para continuar. Para muchas de ellas este apoyo fue decisivo”.

Con su trabajo y gestiones, abrió las puertas de la Universidad Autónoma Chapingo a las mujeres cuando era una escuela militarizada y reservada a varones, y cuando fue necesario también abrió las de su casa a las alumnas que no podían seguir adelante con sus estudios por motivos económicos.

En el terreno científico, María Luisa Ortega fue una de las investigadoras científicas mexicanas más reconocidas en el extranjero por su trabajo con especies como el frijol, maíz, nopal, xoconostle. En esta misma columna, Alfonso Larqué Saavedra, investigador y colega de María Luisa Ortega, aseguró que: “Fue sin lugar a dudas, una de las mujeres pioneras de la ciencia en México y específicamente de la bioquímica agrícola en nuestro país. En su primera etapa, en el sector agrícola desarrolló trabajos con la materia orgánica de suelos, y posteriormente estructuró un proyecto que involucraba el estudio de las colecciones de maíz y frijol, que buscaba explicar los procesos bioquímicos del desarrollo en relación con la producción de semillas y la composición química de éstas, para seleccionar colecciones específicas con fines de fitomejoramiento”.

Oriunda de Pánuco, Veracruz, llegó a ser una de las más orgullosas politécnicas e impulsora de la participación femenina en lo que ella misma llamaba “grandes ligas” de la biología. Al egresar de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional, se tituló de química bacterióloga parasitóloga, obteniendo su doctorado en bioquímica por la misma casa de estudios, mas la joven veracruzana no había sino comenzado una larga carrera académica que la llevaría a las principales universidades europeas en su especialidad, donde no sólo aprendió, sino que amplió aquellos otros horizontes, pues compartió su labor con destacados investigadores del área.

María Luisa Ortega recordaba aquellos días como jornadas de reto intelectual. Por motivos culturales, las becas y los estímulos los ganaban sus compañeros hombres, y sólo gracias a su tesón y al brillante desempeño científico, fue que ganó una beca del servicio alemán de intercambio académico (DAAD, por sus siglas en alemán).

En 1958 en la Europa de la posguerra, Alemania no era un lugar fácil y menos aún para una joven química mexicana, que tuvo que aprender el alemán en pocas semanas, ya que su lugar en la Universidad de Colonia era muy disputado. Rápidamente se hizo merecedora de reconocimientos académicos aún en etapa posdoctoral, y fue invitada al Instituto Max Planck de Tübingen, de donde saltó a la Universidad de Wüzburg para realizar estancias de investigación. Esta experiencia la repetiría, siempre como invitada académica de gran nivel, en la Universidad de Colonia en Alemania, y una estancia posdoctoral en la Universidad de California en Davis.

La Dra. Ortega regresó a México con la certeza de poder contribuir a la mejora del campo y al estudio de especies mexicanas que muy pocos tomaban en cuenta. Su visión para estudiar las características que las hacían especialmente resistentes a las sequías todavía está vigente.

María Luisa Ortega viajó por todo el mundo y aprendió italiano e inglés, además del alemán. No concebía el trabajo académico sin enriquecer el espíritu con música y visitas a museos.

En 1964 fue invitada a ingresar al Colegio de Posgraduados y a la Escuela Nacional de Agricultura, donde fue pionera en las áreas de fisiología vegetal y bioquímica, circunstancia que aprovechó, según narró ella misma, para empujar por esta apertura a las mujeres en lo que hoy es la Universidad Autónoma Chapingo.

“Desde luego que las mujeres podían estudiar para ingenieras agrónomas. La presión era mucha, porque me ocupaba de ayudarlas a sacar adelante sus materias. Llegaban de varios estados con una gran vocación, pero a veces con pocos recursos. A mí me apoyó mi familia, pero muchas estaban aquí solas”.

Esta frase, obtenida en una entrevista concedida por ella en 2005, refleja muy bien su pensamiento: “Estudiar las especies características de México y cómo enriquecerlas es parte de la cultura. La tierra, nuestra tierra mexicana, fue siempre mi objeto de estudio. Es una pasión que siempre compartí con mis alumnos”.

Es una pasión que rindió frutos. Generaciones y generaciones de ingenieros agrónomos y bioquímicos se beneficiaron del empeño y la brillantez de esta científica mexicana. Candidata a la Medalla Belisario Domínguez, recibió un reconocimiento especial del Senado de la República por sus servicios a la patria, en especial por su contribución al conocimiento y defensa de los productos agrícolas de valor cultural para México.

Fue, mientras su salud se lo permitió, activa participante en el área de tecnología y diseño, en el Consejo Consultivo de Ciencias, se le recuerda atenta siempre a plantear propuestas.

consejo_consultivo_de_ciencias@ccc.gob.mx

 
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