Metrópoli

¿Cuánto más voy a poder resistir? La depresión es ver la vida de color gris

Aislada y sin tratamiento psicológico, Ximena relata lo complicado que es su padecimiento que se agravó con la pandemia por falta de medicamentos 

COVID-19

Foto: Especial

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“La ansiedad se ha convertido en mi peor enemiga, apenas duermo cuatro horas al día, lloro sin motivo y la sensación de soledad no desaparece, es como ver la vida de color gris, como seguir por un camino donde cada vez hay más obscuridad. ¿Cuánto más voy a poder resistir?”, es la pesadilla que vive y que como una cruda interrogante expresa Ximena, una joven de 30 años que padece Psicastenia (trastorno de depresión leve) y que ahora por causa de la pandemia de Covid-19 ha tenido que frenar su tratamiento psicológico para controlarlo.

Desde los 17 años Ximena, asegura, padece de ataques de ansiedad y depresión crónica, y señala que las visitas al psicólogo y psiquiatra forman parte de su vida cotidiana, y es que según señala, “desde que tengo memoria he visitado a más de 20 especialistas”.

La joven, quien se muestra inquieta, dice que intentó suicidarse en el 2020, por lo que su familia decidió internarla en una clínica de rehabilitación, y fue en este lugar donde la diagnosticaron con psicastenia.

“En resumen, sufrir de psicastenia es como estar deprimida todo el tiempo, es como ver un color gris en todas partes y que difícilmente desaparece, es algo que se hace más y más grande, como si nunca fuera a terminar”, relató la joven.

Ximena asegura que para ella la vida carece de sentido, ya que vive más por inercia que por ganas, aun así, trata de vivir con normalidad “esperando encontrar la luz al final del túnel”.

Esta paciente del Centro Comunitario de Salud Mental Cuauhtémoc, refiere que la pandemia no ha sido nada buena con ella, ya que la situación agravó más su estado de salud, toda vez que las restricciones y medidas sanitarias obligaron a que el centro de salud al cual asistía cerrara de forma temporal, lo que dejó en pausa su tratamiento.

“Al principio esto no representó ningún problema, lo malo fue la falta del medicamento para calmar mis ataques de ansiedad, que es como ahogarse en un vaso de agua, esto es difícil que alguien me pueda entender”, expresó con angustiada.

La joven señala que el Tegretol es el fármaco que necesita para controlar su ansiedad, pero éste sólo se puede adquirir con receta médica, lo cual ha sido difícil pues lleva más de 2 meses sin poder ver a su médico.

Aunque inicialmente optó por volver a la casa de sus padres para atender su estado de salud, cambió de idea, pues temía que sus ataques empeoraran, por lo que no quería preocupar más a su familia.

Ximena asegura que permanecer en aislamiento ha sido el reto más grande al cual se ha enfrentado, ya que la única interacción que tiene con otras personas es por medio de video llamadas que hace con el resto de sus compañeros de trabajo.

“Decidí dejar de salir debido a los contagios de COVID en la ciudad, y de lo único que hablo con otras personas es de mi salud o de cosas de trabajo, aunque a veces los fines de semana mi madre me visita, pero debido a su edad nuestras reuniones han dejado de ser frecuentes”.

Las uñas de la joven están llenas de mordeduras, las ojeras son evidentes y en su semblante se nota el cansancio, las muñecas de sus manos están llenas de rasguños resultado de sus ataques de ansiedad por la falta de medicamentos y a pesar de su poca estabilidad es difícil para ella luchar con los “pequeños lapsos de tristeza”.

“El apoyo extra lo encontraba con mi medicamento, cada vez es más difícil continuar con mi rutina, me duele caminar, me duele la soledad, me duele el no estar con nadie más, sé que tengo una casa, una buena familia y un buen trabajo, pero el sentido de soledad nunca se va, a veces me pregunto ¿Vale la pena seguir así?

Ximena sabe que lo único que necesita es volver a su terapia, pese al dolor emocional se mantiene en pie, asegura que espera el día en que todo esto pase, ya que uno de sus anhelos es ser feliz.