
Existen hasta ahora 493 personas víctimas de un nuevo caso del supuesto esquema financiero donde empresas prometen grandes rendimientos a cambio de inversiones millonarias; RD Impulsora, bajo la dirección general de Diego García Infante, desfalcó a sus fondeadores y desapareció súbitamente, dejando tras de sí una deuda que asciende aproximadamente a 600 millones de pesos.
Con una presentación mediática cimentada en un discurso medianamente convincente que tiene en el centro el “echaleganismo”, Diego posicionó su empresa con una sencilla premisa: haremos crecer tu dinero invirtiéndolo en pymes, generando rendimientos del 16, 18 o hasta 20 por ciento anual.
Hasta hace algunas semanas, RD Impulsora presumía su crecimiento a lo largo de siete años bajo el mismo esquema de trabajo sostenido por una filosofía de “ayudar” a crecer al sector empresarial en México otorgando créditos a micro, pequeñas y medianas empresas que no podían cumplir con los requisitos solicitados por instituciones bancarias, brindándoles además, asesoramiento financiero para que sus empresas crecieran y se mantuvieran a flote en el mercado.
Los recursos para el otorgamiento de estos créditos, provenían de fondeadores que invertían su capital con la esperanza de verlo crecer, pero hoy esos ahorros se encuentran en el limbo.
El pasado 22 de marzo, inversionistas de RD Impulsora, acudieron a sus instalaciones, ubicadas en Insurgentes Sur, alcaldía Álvaro Obregón, a reclamar por no haber recibido el pago correspondiente de intereses durante varios plazos; los afectados declararon que la única explicación que recibieron es que había un retraso en sus depósitos debido a una “reorganización interna”.
Al no obtener ninguna respuesta ,y temiendo lo peor, los defraudados indagaron por su cuenta los pasos de Diego García; pronto, encontraron que no respondía las llamadas, su domicilio particular había sido vaciado e incluso había ordenado el desalojo de las oficinas de la empresa. Y él mismo se encuentra desaparecido.
Diego incluso dejó atrás a su socio Ricardo Flores, quien debió dar la cara a los fondeadores afectados. Mientras dirigía la mudanza de las oficinas de RD Impulsora, explicó que´ésta se debía a pagos de renta pendientes al dueño del inmueble, por lo que les fue solicitado desalojar.
Flores señaló que el director Diego García Infante, días antes había ordenado a sus empleados que presentaran su renuncia ante el riesgo de ser embargados y que, en compensación, podían tomar lo que quisieran del mobiliario de la empresa.
Con las manos enfundadas en el pantalón, Flores aseguró que también buscará demandar a García Infante, pues aseguró que, aunque le pertenecía un 49 por ciento de la empresa, todas las decisiones financieras y el manejo de cuentas bancarias le correspondía a su hoy huidizo socio.
Los afectados por García Infante comienzan a organizarse para entablar una demanda colectiva por los daños generados, todos ellos son pequeños empresarios que confiaron su capital, liquidez y ahorros a un grupo financiero que perdió el control y abandonó el barco.
Incluso, se asegura que gente perteneciente al prestigioso IPADE, la escuela de negocios de la Universidad Panamericana, habría sido arrastrada al ilusorio esquema de recompensa por intereses. Hasta ahora, tal institución se ha mantenido al margen del caso sin emitir declaración alguna.