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El joven de 28 años, y hoy padre de dos pequeños, comparte que el apoyo que encontró en AA lo ayudó, en lo que su familia no pudo, controlar esa enfermedad que comenzaba a descontrolar su vida a temprana edad 

Erik: “hace 10 años, dejé el alcoholismo que inicié a los 12 años, gracias a AA”

Testimonio Erik, comenzó con un problema de alcoholismo a los 12 años, duró cinco años en Alcohólicos Anónimos. Hoy, el urgulloso padre de dos pequeños, comparte que se ha mantenido sobrio 10 años

“Amor y comprensión, fue lo que encontré en el grupo de Alcohólicos Anónimos, en donde comencé a entender mi enfermedad y recibí todo el apoyo y acompañamiento que me permitió dejar de beber a los 17 años y me he mantenido sobrio desde entonces”, señala Erik.

Al compartir su testimonio de vida con Crónica, Erik advierte que a los 12 años se inició en el consumo del alcohol, porque sentía que no encajaba en ningún lado y sólo con la bebida se sentía con el valor para poder interactuar con las demás personas.

Durante mucho tiempo sus padres no se dieran cuenta de lo que estaba pasando con Erik, quien ya había abandonado la escuela, comenzaba a tener problemas con su familia e incluso lo amenazaron con correrlo de la casa e internarlo.

Ante la problemática familiar y social que vivía, porque su novia terminó la relación, sus amigos con los que antes tomaba ya no se querían juntar con él, perdió el trabajo y la amenaza de correrlo de su casa, hizo caso del consejo de algunos amigos de su papá, quien también tenía problemas con el consumo del alcohol.

“Como ya no tenía ningún otro lugar a donde recurrir, como última opción llegué a la Central Mexicana de Servicios Generales de Alcohólicos Anónimos, y mi vida comenzó a cambiar”.

La negación

Erik advierte que no fue sencillo, ya que, cuatro días después de acudir a la primera junta, se presentó alcoholizado. “Yo pensé: cómo me atrevo a ir así, me van a correr. Pero para mi sorpresa, no hubo reclamos, ni críticas, ni rechazo, todo fue amor y comprensión. Me explicaron que es parte del proceso y que estaban para lo que yo necesitara”.

Aunque no tenía claro que tenían un problema de alcoholismo y tampoco quería dejar de beber, resalta que, desde la primera vez, sin conocerlo lo recibieron con mucho amor y mucha comprensión, fue que más recibí”.

La falsa seguridad que le daba el alcohol

Erik reconoce que a los 12 años comenzó a beber, porque le gustaba, y con el tiempo, en Alcohólicos Anónimos entendió que lo hacía porque siempre se sintió rechazado, “como que no encajaba en ningún lugar, y cuando empecé a beber podía convivir con la gente, de bailar, de hablarle a las chicas, con alcohol me transformaba, me desinhibía, me daba esa seguridad que nunca tuve y era aceptado, pero la verdad es que con el alcohol disfrazaba esa soledad y rechazo que siempre había sentido”.

La relación familiar también tuvo un peso importante en el inicio del alcoholismo de Erik, por un lado su papá quien también tenía problemas con el alcohol, y un trato diferente con él, respecto de sus otros tres hermanos, el más pequeño un hombre y dos mujeres.

“Yo sentía que mis papás me trataban diferente. Estaba sumamente resentido, con los dos, más con mi papá. Sentía que siempre le dio un lugar preferente a mis hermanas por ser mujeres y mi hermano por ser el más chiquito”, comparte.

El primer día, de un cambio en su vida

Con orgullo Erik señala que el último día que bebió, fue el 20 de noviembre de 2014, aunque los primeros dos años fueron una lucha constante por vencer el deseo de volver a tomar, pero siempre contó con el apoyo y acompañamiento de sus compañeros y su padrino, siempre dispuesto a apoyarlo cuando le llamaba por la madrugada.

Controlando emociones, para no volver a beber

En el grupo Erik encontró no sólo la familia que le hizo falta, sino también el aprendizaje para controlar sus emociones y no recaer ante situaciones de estrés, sensación de impotencia ante alguna adversidad, y dejar de ver al alcohol como una “válvula” de escape a sus problemas.

Aplicar el principio de “un día a la vez”, le permitió a Erik, retomar sus estudios, terminó la preparatoria, y formar una familia, un pequeño de casi 9 años y una bebé de 4 meses.

Logró sanar heridas del pasado, reconstruyó la relación con sus papás, y se ha convertido en el papá que a él mismo le hizo falta, siempre presente, comprensivo, dispuesto a darle lo mejor de sí mismo a sus hijos y su pareja.

“Con mis hijos me siento muy afortunado de haberlos podido recibir en mi vida en un momento diferente, y poderlos criar como todo niño necesita, porque yo comencé a beber a los 12 años y mis padres nunca se dieron cuenta, hoy mi historia con mis hijos es diferente, me siento muy afortunado de poder estar en la vida de ellos y de mi pareja en una circunstancia totalmente diferente a la que viví hace años”.

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