Nacional


“Cobro por consulta menos de lo que vale una lavada de coche, pero mi estímulo son los sobrevivientes”

Ante carencias y rezagos en unidades médicas de primer nivel, como Centros de Salud, los llamados Consultorios Adyacentes a Farmacias (CAF) se han convertido en una opción cercana y viable para enfermos de COVID. Suman 17 mil en el país, de acuerdo con autoridades sanitarias

“Cobro por consulta menos de lo que vale una lavada de coche, pero mi estímulo son los sobrevivientes” | La Crónica de Hoy

Durante la pandemia, la doctora Mónica Gómez Reyes, egresada de la UNAM, ha atendido en un pequeño consultorio de farmacia a cientos de contagiados de COVID de diversas colonias de Iztapalapa.

(Primera parte)

 

Diez horas al día entre apretujones, sudores y asfixias, ataviados con cubrebocas, caretas, lentes, guantes y overoles comprados por ellos mismos. “Y ganando por consulta menos de lo que vale una lavada de coche”, refiere la doctora Mónica Gómez Reyes, egresada de la UNAM y quien durante la pandemia ha atendido en un pequeño consultorio de farmacia a cientos de contagiados de COVID de las colonias Francisco Villa, Presidentes de México, Agrarista, El Vergel y otros barrios marginados de la delegación Iztapalapa.

Ante las carencias y rezagos en unidades médicas de primer nivel, como Centros de Salud, los llamados Consultorios Adyacentes a Farmacias (CAF) se han convertido en una opción cercana y viable para enfermos renuentes a la hospitalización.

Aunque los antecedentes del esquema CAF en México se remontan a 2005, con la apertura de los primeros “establecimientos similares”, a partir del 2010 se desbordó su expansión.

El 27 de mayo de ese año, tras la crisis de la influenza AH1N1, fueron publicados en el Diario Oficial de la Federación los lineamientos para la venta de antibióticos en el país, los cuales abrieron la puerta a consultorios cercanos a la población, cuyo objetivo inicial fue facilitar el acceso a esos fármacos por medio de recetas médicas y evitar la autoprescripción. Se unieron a este modelo farmacias particulares o de cadena y tiendas de autoservicio.

Hoy los CAF superan en número a los centros de salud… De acuerdo con datos del Consejo General de Salubridad, los primeros suman 17 mil a nivel nacional, mientras los centros de salud apenas alcanzan 14 mil 315.

El ejército de médicos en estos consultorios es de por lo menos 35 mil, si se consideran dos profesionistas para la división de turnos y días de descanso, aunque en algunos lugares trabajan 3 o más.

“La atención en los consultorios de esquina o farmacia está abarrotada y somos los médicos de ahí quienes más nos hemos contagiado”, afirma el doctor Abraham Ortiz, al frente de un CAF en la colonia Las Palmas, de Ciudad Neza. Pese a los cuidados, él enfermó a mediados de mayo y contagió a su esposa. Para principios de junio, ya había vuelto a la consulta.

“Los profesionales de la medicina en México somos despreciados, tenemos pocas opciones de trabajo y, como la mayoría de los mexicanos, vamos al día: debemos trabajar para sobrevivir. En casa la pasamos mal, pero no hubo complicaciones graves, y tan pronto me sentí mejor, regresé”, cuenta.

“Sé de varios compañeros que han fallecido. A veces el personal del sector público ha sido severo con nosotros: ¿por qué no se aguantan y siguen dando consulta?, preguntan. Nosotros también hemos dado la cara durante la pandemia, hemos sacado la chamba. No pudimos entrar a ningún lado, pero nos mantenemos de pie, en medio del riesgo y con muy pocos recursos. Si nos guardamos, ¿qué opción tiene la gente?”.

CONTRASTES. En general, los servicios en CAF son poco costosos; están ubicados en lugares estratégicos y son accesibles para la mayoría de los enfermos. Sin embargo, para Hugo López-Gatell, subsecretario de Salud, representan una alternativa de escasa calidad…

“Quince años después queda claro que no se logró un estímulo a la calidad. Estos servicios privados no resolvieron sustantivamente los grandes problemas de salud de la población. Los consultorios adyacentes a las farmacias están más cerca de ciudadanos, pero la complejidad de sus servicios no es razonable para problemas crónicos, que sí requieren seguimiento más estructurado”.

“En este proyecto de la Cuarta Transformación abierta y deliberadamente decidimos no buscar en la inversión privada el motor de desarrollo del sector salud. Una de las grandes lecciones que nos deja la epidemia es que se requieren sistemas de salud públicos, gratuitos, de cobertura universal y que funcionen de manera armónica”.

En contraste, hay casos aleccionadores como el de la doctora Mónica Gómez, quien pese a su juventud -lleva apenas cuatro años en el ejercicio médico- se ha transformado en un referente positivo en la atención del coronavirus en la zona de Iztapalapa, a la luz del testimonio de sus pacientes.

Lleva un registro de ellos: en 150 casos el contagio fue confirmado, y otros 300 aparecen como sospechosos: las personas carecieron de recursos para realizarse una prueba definitiva, aunque su sintomatología se ajustaba al SARS-CoV-2.

TAMBIÉN HA DADO SEGUIMIENTO A DECESOS: SU LISTA MARCA 30. “He atendido a familias enteras que se contagiaron: 8 o 9 personas, y las más vulnerables fallecieron: los abuelitos o los enfermos crónicos. Entre quienes murieron había pacientes que ya tenía años checándolos. Tengo un sentimiento de frustración, por no haber podido ayudarlos a entender que este virus es real, pero sobre todo, por no haber logrado acciones preventivas a enfermedades como diabetes, hipertensión u obesidad”.

- ¿Por qué los contagiados no van al hospital? -se le pregunta.

-Por miedo, la gente piensa que ir al hospital implica que los van a lastimar o que van a morir. Aun cuando les explicamos que es necesario, por su condición delicada, no van. A muchos les he dicho: aquí ya no los puedo ayudar, tienen que ir, y no lo hacen. La mayoría de mis registros de fallecidos necesitaban ir al hospital, pero llegaron muy tarde o simplemente se resistieron. Tengo ahora un paciente adulto que lleva tres semanas enfermo y sigue en casa.

Lamenta el desdén hacia médicos generales, en los CAF: “Siempre hemos sido poco reconocidos y muy mal pagados. Hoy un cubrebocas N-95, de una marca confiable, oscila entre 270 y 500 pesos, y es de uso continuo, hay que solventar esos gastos, y no hay recursos”.

“Una consulta vale menos que una lavada de carro, se están cobrando 35 o 40 pesos, ¿y cuánto cobran por lavar el coche? 60, 80 pesos. Y todos los días es exponerme al virus, por eso se ha vuelto una rutina de vida aguantar el equipo, el calor, no tocarse la cara y lavarse las manos más de 50 veces al día”.

Su compañera médica en el consultorio se contagió y abandonó el trabajo… Hoy la doctora Mónica cubre el horario de 9:30 de la mañana a 8 de la noche. “Y la incidencia no ha bajado, al contrario, cada día hay nuevos pacientes, pero aquí sigo, y mi mayor aliciente es el cariño y agradecimiento de quienes han sobrevivido” …

havh

Comentarios:

Destacado:

+ -