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“Estas ruinas que ves, son el negocio que salvaría a mi familia”

Es lo que pasó a muchos: no supieron medir (y ninguna autoridad les advirtió) la profundidad del impacto de la COVID en la economía cotidiana de las familias. Como ellos, miles y miles...

“Estas ruinas que ves, son el negocio que salvaría a mi familia” | La Crónica de Hoy

Foto: Especial

"Perdí todo lo que me quedaba para tratar de sacar a flote mi negocio; debido al COVID en menos de dos meses me fui a la bancarrota", comenta Irma, quien ahora vende gelatinas junto con su esposo para poder sobrevivir.

Residentes de la colonia Panamericana, ubicada en la alcaldía Gustavo A. Madero, Irma y Fernando, su esposo, al igual que miles y miles de personas en el país, atraviesan por una crisis financiera personal que ellos describen como “infernal”.

Hace unos meses, antes del COVID y tras ser diagnosticado con diabetes, Fernando y su esposa decidieron emprender un pequeño negocio con la finalidad de poder solventar los gastos de sus tratamientos médicos y ahorrar lo suficiente para su retiro.

Tras invertir los ahorros de toda su vida en lo que pensaban sería un negocio prometedor, la pareja decidió abrir su papelería en la colonia.

“Para poder abrir la papelería tuvimos que hacer un esfuerzo muy grande, nos endeudamos con muchas personas, pero sabíamos que al final nuestro negocio iba a dar resultados”, comenta Fernando.

Irma, antes de renunciar a su trabajo para poder dedicarse de tiempo completo a su negocio, trabajaba como mesera en una cafetería. “Me encantaba mi trabajo, tanto así que pasé 15 años trabajando en ese lugar, fue para mí muy difícil renunciar, aunque la idea de tener un negocio propio era mejor”, narra.

No pensaron lo que sería el drama COVID cuando éste empezaba. Eran aquellos días en los que incluso las autoridades se contradecían al hablar del impacto que tendría el virus en México. No había un primer enfermo de esta enfermedad en México. Y fue entonces, en febrero, que Irma y Fernando empezaron con los preparativos de su negocio, aunque ya se hablaba de la crisis del coronavirus y sus estragos en otros países, nunca pensaron que la pandemia les costaría tan caro.

“Fue a mediados de marzo que las ventas bajaron considerablemente, pues gran parte de los jóvenes dejaron de ir a la escuela; pese a esto, pensamos que las cosas mejorarían”, cuenta Irma.

Debido al cierre de negocios no esenciales, medida impuesta por el Gobierno, la papelería quedó cerrada. Fernando cuenta a Crónica que durante este tiempo, tuvo que hacer todo tipo de trabajos desde albañilería, hasta pintura, entre otros.

Pensaban en seguirle metiendo a la papelería con la esperanza de llegar al final del confinamiento y que empezara a dejar dividendos. “Después de dejar mi trabajo en un despacho de abogados, me fue muy difícil encontrar trabajo, con título de abogado o no cualquier trabajo es bueno, ni siquiera para mí, lo importante es que mis hijos y mi esposa estuvieran bien”, señala el marido sobre esa etapa difícil que no parece acabar.

 Mientras buscaban algún trabajo para poder reabrir su pequeño negocio, las deudas aumentaban y junto a ellas estaba la renta del local.

“De cobrarnos 5 mil mensuales nos empezaron a cobrar 11 mil, aunque pudimos llegar a un acuerdo o ese hubiera sido el final de todo”, explica Fernando.

Para Irma, el ver cómo su negocio mermaba no fue nada fácil, pues cuenta que tenía sus esperanzas puestas en este proyecto. “Ver todo por lo que te has matado, ver aquello por lo que realizaste grandes sacrificios esfumarse ha sido de lo más difícil”, señala.

Ante estas circunstancias, la única esperanza para la pareja era que el regreso a clases se efectuara, pero debido a los índices de contagios en los últimos meses esto no se concretaría.  “Pensamos que cuando los niños regresaran a la escuela quizás nos podríamos estabilizar, pero al contrario, las ventas cada vez eran menos”. Pronto el sueño de Fernando e Irma pasó a ser una pesadilla, al no poder pagar la renta, el arrendador tomó parte de su mercancía.

Con las deudas en aumento, y las ventas en descenso la pareja tomó la difícil decisión de cerrar su papelería.

Sin más ingresos y con dos pequeños a quienes mantener, ahora salen todas las tardes a vender gelatinas, aunque saben que la pandemia no durará para siempre y este matrimonio no pierde el buen ánimo que parece distinguirlo.

La crisis está aún allí y la incertidumbre sobre las clases presenciales continúa. La historia de Irma y Fernando aún no concluye. 

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