Opinión


Contra la tirania de la mayoría

Contra la tirania de la mayoría | La Crónica de Hoy

La consulta popular del próximo domingo tergiversa nuestra democratización. Esta figura se estableció constitucionalmente como un derecho ciudadano para incidir en los temas de trascendencia nacional a través de un proceso de reformas legales durante el periodo 2012-2019. Sin embargo, desde su llegada al poder el actual gobierno manifestó su interés por apropiarse del instrumento con fines de legitimación.

Cómplices de esta expropiación a los ciudadanos fueron el Poder Legislativo que obsequiosamente tramitó la petición de consulta enviada por el Ejecutivo y la Suprema Corte que abdicando de su responsabilidad contribuyó a su imposición.

Aunque se trata de la primera consulta popular realizada con un marco legal nacional y que es organizada profesionalmente por nuestras instituciones electorales, resulta evidente que sus resultados serán políticamente manipulables. Porque como el Rey Midas, quien de acuerdo con la mitología griega tenía la habilidad de convertir en oro todo lo que tocaba, así también pero en sentido absolutamente inverso, el presidente mexicano tiene el don de destruir todo lo que toca.

La consulta popular representa una forma de democracia directa que lejos de ser la solución para la actual crisis institucional, implica el riesgo de acelerar su fase más aguda y conclusiva a través de la imposición de una tiranía de la mayoría. Paradójicamente, la dominación de la multitud representa el uso político del pueblo por parte de los populistas para expandir su poder.

Normalmente se afirma que conferir el poder decisional sobre un determinado argumento directamente al cuerpo electoral es positivo, sobre todo cuando la materia de la consulta se refiere a la configuración del orden jurídico, a la introducción o remoción de una norma constitucional, legislativa o administrativa e incluso, para la toma de decisiones políticas como ocurrió con la separación entre Reino Unido y la Unión Europea.

Pero en el caso mexicano este ejercicio de participación inducida no implicará ningún cambio en nuestro ordenamiento legal, sino que solamente será la expresión de la manipulación política respecto a un tema ya resuelto en nuestro sistema jurídico, que es el relativo a la aplicación de la ley.

La democracia directa y la democracia representativa constituyen dos regímenes alternativos de gobierno inspirados en el ideal democrático. Ambos implican la coincidencia entre gobernados y gobernantes. Pero mientras la democracia directa promete realizar el ideal del autogobierno porque ¿quién mejor que uno mismo sabe lo que es preferible?, la democracia representativa reclama la existencia de una clara coincidencia entre quienes toman las decisiones que inciden en la vida colectiva y quienes deberán obedecerlas.

En realidad la democracia directa expone a los ciudadanos al riesgo de la dominación de una mayoría adversa que se abroga el derecho de imponerse simplemente en cuanto tal. La democracia del número es la máscara que esconde el rostro del autoritarismo y la manipulación.

En tal escenario, solo la democracia representativa puede proteger de los riesgos antidemocráticos, porque es gracias a la mediación de los partidos que resulta posible conjugar la libertad y la igualdad, produciendo decisiones colectivas fruto del máximo consenso crítico y del mínimo de imposición.

El historiador griego Polibio, llamó “Oclocracia” al poder de la turba, que habiendo perdido el valor de la igualdad sólo ambiciona la venganza. De esta forma, es necesario adquirir conciencia sobre la naturaleza degenerada de la democracia plebiscitaria en manos del populismo.

Esta modalidad de acción política en nuestro país ha demostrado ser regresiva, antimoderna, que rechaza las mediaciones, promueve la polarización social y usa al pueblo con fines mediáticos. De tal forma que, para no confundir la medicina con el veneno, llamo a no votar en esta consulta demagógica.

 

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