Opinión


2019, un año de incertidumbre

2019, un año de incertidumbre | La Crónica de Hoy

El 1 de diciembre de 2018 Andrés Manuel López Obrador tomó posesión como presidente de la República. En las primeras líneas de su discurso inaugural dijo: “Amigas y amigos, por mandato del pueblo iniciamos hoy la cuarta transformación política de México, puede parecer pretencioso o exagerado, pero hoy no sólo inicia un nuevo gobierno, hoy comienza un cambio de régimen político.” Obviamente, cambiar de régimen político no es cualquier cosa. El artículo 40 de nuestra Constitución indica: “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica, federal, compuesta de Estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior; pero unidos en una federación establecida según los principios de esta ley fundamental.” Hasta ahora la orientación que lleva este “cambio de régimen” es una concentración autoritaria del poder.

En su toma de posesión López Obrador también señaló: “Si definimos en pocas palabras las tres grandes transformaciones de nuestra historia, podríamos resumir que en la Independencia se luchó por abolir la esclavitud y alcanzar la soberanía nacional; en la Reforma por el predominio del poder civil y por la restauración de la República; y en la Revolución nuestro pueblo y sus extraordinarios dirigentes lucharon por la justicia y por la democracia.

“Ahora nosotros queremos convertir la honestidad y la fraternidad en forma de vida y de gobierno. No se trata de un asunto retórico o propagandístico, estos postulados se sustentan en la convicción de que la crisis de México se originó, no sólo por el fracaso del modelo económico neoliberal aplicado en los últimos 36 años, sino también por el predominio en este período de la más inmunda corrupción pública y privada.”

Aparte de que, como ya lo he dicho en otras ocasiones, ponerse a la altura de Miguel Hidalgo, Benito Juárez y Francisco I. Madero es síntoma inequívoco de megalomanía, hablar de una cuarta transformación cuando no se tiene una idea precisa de lo que se quiere y, sobre todo, cómo se va a llevar a cabo, es construir castillos en el aire.

¿Qué es la cuarta transformación? Es un misterio. Cuando AMLO dice “queremos convertir la honestidad y la fraternidad en forma de vida y de gobierno”, se trata de una frase que no encuentra referente en la realidad: basta observar la vergonzosa exoneración que recientemente se hizo de Manuel Bartlett para saber de la continuación de “la más inmunda corrupción pública y privada”. Respecto de la fraternidad, lo que en realidad ha hecho el tabasqueño es polarizar a la sociedad mexicana entre fifís y chairos, entre sus incondicionales y quienes se oponen a sus directrices. A estos últimos los descalifica como “conservadores.”

Conviene destacar que es propio de los regímenes populistas usar la palabra “pueblo” como un todo homogéneo que tiene una plena identificación con el líder. Póngase atención en la frase ya citada: “Amigas y amigos, por mandato del pueblo iniciamos hoy la cuarta transformación política de México.” ¿Mandato del pueblo? ¿Así, en conjunto? Eso, simplemente es falso: AMLO ganó con el 53.17 por ciento de los votos, es decir 30 millones de personas sufragaron a su favor; no obstante, 46.83 por ciento de electores no lo favorecieron. Es más, si el padrón electoral está compuesto por cerca de 90 millones de personas resulta que sólo un tercio de quienes están incluidos en ese listado mostraron simpatía por López Obrador.

En estas condiciones AMLO no puede hablar en nombre del “pueblo”, sino de una parte de él. Lo que debemos aclarar es que la democracia no es el gobierno de la mayoría, sino que necesita una precisión muy importante: la democracia es el gobierno de la mayoría que respeta a la minoría y que la incluye mediante el diálogo y el compromiso para tomar las decisiones que atañen a la colectividad. Eso requiere el ejercicio de la tolerancia.

El problema del populismo en el poder es que habiendo llegado por mayoría asume el papel del todo; excluye a la minoría; es intolerante. Dicho de otra manera: para el populismo, el pueblo verdadero es el que está con el líder; el no-pueblo es la oposición. Como dice Carlos de la Torre (Routledge Handbook of Global Populism, London & New York, 2019, p.8), el populismo recurre al principio pars pro toto, o sea, una parte actúa como si fuera el todo. Esa práctica excluyente ya comenzó a notarse en México con el despido de periodistas y comentaristas “incómodos,” lo mismo que con el debilitamiento del sistema de partidos y el ataque a los órganos autónomos, en especial el INE.

En política exterior López Obrador se distanció del grupo de Lima, que se formó para frenar los excesos del usurpador Nicolás Maduro y, en cambio, comenzó un alineamiento con los países bolivarianos como Venezuela, Nicaragua y Bolivia ¿Qué mayor prueba que la vergonzosa y denigrante protección brindada al tirano Evo Morales?

Por lo que hemos visto, la 4T significa, simple y llanamente, alineación de México al chavismo-castrismo. Ése es el verdadero cambio de régimen que pretende llevar a cabo López Obrador. Un tinglado.

 

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