Opinión


2021: el año que votaremos en peligro

2021: el año que votaremos en peligro | La Crónica de Hoy

Llega, por fin, 2021. Los ojos, las mentes y los corazones de casi todo mundo estarán puestos en la cuestión fundamental que es el manejo de la pandemia, cuya clave será la velocidad y eficacia social en la distribución de las vacunas. Pero también habrá otros que pondrán su atención y empeño en la cuestión electoral nacional, porque este es un año esperado y temido en toda la gama política y partidista.

Hay cosas en juego mediatas e inmediatas. Lo inmediato son 15 gubernaturas, la Cámara de Diputados federal, los congresos locales en 30 entidades y ayuntamientos o alcaldías en otras tantas. Será la primera gran medición de fuerzas desde 2018. Lo mediato será ver cómo esa medición repercute en el quehacer político del país -en particular, en el legislativo-, con miras a la segunda mitad del mandato presidencial de López Obrador, pero también a las definiciones rumbo a 2024.

Es obvio que el gobierno de AMLO está muy interesado en el resultado, porque -además de afianzarse territorialmente- quiere mantener la mayoría en el Congreso de la Unión que le ha permitido aprobar varias reformas, algunas de ellas no exentas de polémica. 

La pretensión es convertir lo que fue un fenómeno personal en uno de carácter partidista, para que el grupo que llegó al poder pueda afianzarlo e incluso ir más a fondo en las transformaciones. 

Hay incertidumbre de que esto pueda ser así, porque no hay una figura que arrastre a las demás candidaturas. Eso ha llevado a que el presidente López Obrador tenga intervenciones de tipo electoral de manera cada vez más abierta.

Los partidos más importantes de la oposición histórica tomaron la decisión de generar alianzas para casi todas las gubernaturas y la mayoría de los distritos en la elección federal. Al crear “Va por México”, PAN, PRI y PRD dejan de lado diferencias ideológicas y políticas, considerando que es más relevante defender las instituciones democráticas ante lo que perciben como un ataque sistemático de parte del gobierno federal, de Morena y sus aliados. También, por supuesto, se trata de no dividir el voto opositor y, sobre todo, de obtener posiciones de no podrían conseguir yendo de manera separada.

Esta estrategia tiene una virtud evidente y dos peligros severos. La virtud es que, de acuerdo con las encuestas preliminares, los tres partidos en conjunto tienen más simpatizantes que la coalición que encabeza Morena (aunque, como siempre, la gran mayoría de los potenciales electores se autodefine como indecisa).

A diferencia de lo que ocurrió en la elección presidencial, en 2018 la coalición “Juntos Haremos Historia”, no consiguió la mayoría absoluta de los votos en las elecciones legislativas federales. La apuesta es que eso se repita, pero con más distritos uninominales ganados por los partidos ahora coaligados.

El primero de los peligros es que a “Va por México” le suceda algo parecido a lo que ocurrió con la alianza “Con México al Frente”: que sea incapaz de obtener la sumatoria de las preferencias por los partidos que la forman. Esto fue meridianamente claro en la Ciudad de México, donde decenas de miles de perredistas no votaron por el panista Ricardo Anaya y decenas de miles panistas no lo hicieron por la perredista Alejandra Barrales. Si no hay claridad y unidad en el mensaje, es probable que vuelva a suceder.

El segundo peligro es que en las elecciones de 2018 la mayoría se decantó por dejar atrás un gobierno que sentía no sólo lejano de la gente común, sino profundamente ajeno a ella. López Obrador fue capaz de venderse como opción ante un sistema caduco, y sigue presentándose como representante del “progreso liberal” enfrentado al “retroceso conservador”, en una visión maniquea y polarizadora, pero efectiva en términos de comunicación.

La polarización nubla matices y detalles, y genera la idea simplista de que la política se divide en amigos y enemigos. Con ello, corta espacios a la negociación, la mediación o la búsqueda de consensos. El vehículo favorito para la polarización que se maneja cotidianamente en las conferencias mañaneras es el famoso “PRIAN”, usado como sambenito para estigmatizar y unir en contra. Ahora que se hace realidad en coalición, López Obrador puede argumentar “se los dije, son los mismos y lo mismo”.

Tal vez pensando en esos problemas, Movimiento Ciudadano -que había acompañado a AMLO en sus dos primeras campañas presidenciales, pero no lo hizo en 2018- tomó la decisión de ir solo, “acompañado de la sociedad civil”. Esa decisión también tiene sus virtudes y sus peligros.

Una de las virtudes es que, tomando una suerte de equidistancia entre el “PRIAN” y el morenismo, puede ser capaz de atraer los votos de ciudadanos desencantados con ambos bloques. En particular, puede jalar votos que alguna vez fueron para López Obrador. Y, como no está pensando en lo inmediato, puede ir sumando fuerzas para “la Grande”, en 2024.

Los dos principales peligros para MC radican, por un lado, en que puede ser visto como esquirol entre los opositores: el que dividió el voto antiobradorista; y por el otro que, por las características históricas de ese partido, sea incapaz de presentar una imagen coherente: centro-izquierda incluyente en la capital; derecha populista en Nuevo León; ligado al grupo del gobernador, en Jalisco. Debe dar el paso de franquicia a partido.

Y una de las paradojas es que a Movimiento Ciudadano le conviene que a la coalición “Va por México” le vaya mal y viceversa, porque a ambos les interesa posicionarse rumbo al 2024.

Por lo que respecta a la coalición política gobernante, una de las claves serán las negociaciones para el reparto de candidaturas, no sólo en Morena, sino también en los partidos aliados, que deberán incluir en sus listas a varios cachirules (morenistas disfrazados de petistas o de verdes) para repetir el jueguito que le otorgó a Morena la mayoría absoluta en San Lázaro, sin tener el 42% de los votos requerido por la Constitución.

Ese jueguito lo podrán repetir porque en el Consejo General del INE no hubo mayoría clara para impedirlo de antemano, y porque el gobierno cuenta con aliados suficientes en el TEPJF.

Los otros partidos, nuevos o redivivos, de carácter claramente clientelar, buscarán mantener el registro, aprovechándose de que habrá más abstencionismo, pero sobre todo fungirán como “candidaturas de distracción”, en donde lo que importa es a quién le quitan votos, no cuántos obtienen.

Falta todavía rato para que se desplieguen campañas y empecemos a ver la reacción del electorado. Lo que es seguro, es que -a pesar de la pandemia- las cosas van a estar movidas. Porque en política, 2021 puede ser un año axial.

 

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