Opinión


23 de Enero. Caminata por la paz

23 de Enero. Caminata por la paz | La Crónica de Hoy

La 4T eligió a Javier Sicilia como uno de los enemigos del cambio. Una vez que el poeta bosquejó una crítica a la estrategia  de seguridad del gobierno de López  Obrador, la jauría digital de Morena, que es despiadada, se le  fue a la yugular. A pesar de la fiereza de los mensajes,  la descalificación más agria la hizo el propio presidente de la República quien respondió así a la petición de Sicilia de sostener una reunión: Qué flojera”, dijo, “Imagínense que voy a estar esperando aquí y la prensa conservadora, fifí, y, nuestros adversarios, dándose vuelo… yo haciéndole el caldo gordo a los conservadores ¡El gran encuentro! ¿Cuántos días de notas en la prensa fifí, sobre la marcha y el encuentro para que me sienten en el banquillo de los acusados y todo México se dé cuenta ¡Qué barbaridad! Vilipendiado el presidente, hasta que alguien le dijo sus verdades”.  
El tono del presidente fue la línea que  estaban esperando los porros de las benditas redes para abrir fuego a discreción. Fue una reacción desproporcionada que tuvo un costo político que ha ido creciendo con el tiempo. Que AMLO y Sicilia no se quieran es absolutamente secundaria, que protagonicen un duelo de egos descomunales  solo incumbe a ellos, pero el problema de  la violencia descontrolada es real. 2019 fue el año más violento de la historia, con  33 mil homicidios, una cifra escalofriante. Al presidente se le pasó la mano y ahora tiene que rediseñar su estrategia de  cara a la marcha que Sicilia y los LeBarón encabezarán el próximo 23 de enero desde la ciudad de Cuernavaca hasta Palacio Nacional.
El gobierno federal tiene que mostrar  empatía, pues el hijo de Sicilia fue asesinado y los mormones perdieron a tres mujeres y seis niños, bebés incluso. Si AMLO no  quiere beso que no se acerque, pero ahí tiene que estar por lo menos el subsecretario  Encinas. Es lo menos.
En una larga y sentida carga de Sicilia a la opinión pública se lee lo siguiente: No se trata de mi persona, que quizá no le simpatiza al presidente ni a otros. Tampoco de que con nuestra presencia y nuestra palabra queramos o busquemos sentarlo “en el banquillo de los acusados”, “hacerle el caldo gordo a los conservadores” —cuando se trata de la salud de la casa llamada México no hay “fifís” ni “chairos”, no “hay conservadores” ni “liberales”, hay sólo una gran familia que sufre y clama desde su sufrimiento—; no buscamos tampoco “sentarlo en el banquillo de los acusados”, vilipendiarlo, “decirle sus verdades”. Nada de ello hay en las palabras que le dirigí en esa carta ni en nuestro corazón.
Se trata, por el contrario, de llamarlo a retomar la agenda sobre verdad, justicia y paz, agenda de Justicia Transicional, que el 14 de septiembre de 2018 asumió en este mismo recinto de cara a las víctimas y a la nación como la agenda prioritaria del país, para que a partir de ella llame a la unidad nacional, una agenda que, pese a todo y por desgracia, no ha sido atendida en su integralidad por la Secretaría de Gobernación ni, en consecuencia, por el presidente.   
El presidente nos pide paciencia —un año más—. Pero los ciudadanos, que desde hace años padecemos el horror y vemos cómo sus llamas consumen nuestra casa y destrozan a nuestras familias, que vemos que la política de seguridad del presidente ha dejado de lado la verdad y la justicia y tiene desorganizadas, cuestionadas y destejidas las instituciones que se crearon para ello.

 


jasaicamacho@yahoo.com
Twitter: @soycamachojuan

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