Opinión


4 T. De chantajes y ministros

4 T. De chantajes y ministros | La Crónica de Hoy

Para la Cuarta Transformación hay chantajes que se valen y chantajes prohibidos. Con respecto a unos chantajes es bonachón, permisivo, un barco, y con los otros es  drástico, tajante, incluso gandalla. Va un ejemplo.

Ante la decisión de un grupo de universidades públicas de realizar un paro de labores de 24 horas para obtener un incremento en la partida presupuestal, el presidente López Obrador respondió alzando  la  voz: “Yo no acepto chantajes” y cortó la comunicación. Antes de hacerlo deslizó una amenaza desorbitada: “no me importa que se paralice el país”, dijo echando mano a sus fierros como queriendo pelear. O le cayó mal el desayuno en Palacio o estaba de pésimo humor, pero es un exceso viniendo del primer mandatario.

En contraste, a los normalistas de Terán,  los trató como a nietos consentidos que hacen una pequeña travesura, como secuestrar personas y robar autobuses. Los normalistas de esa escuela han cometido en las últimas dos semanas delitos como para pasar en la cárcel varios años. A pesar de eso el gobierno los recibió en la Segob. No los trata como rateros y secuestradores, sino como luchadores sociales a los que todos les está permitido. En Gobernación se les ofreció cafecito y galletitas, mientras tenían personas  “retenidas” y les dijo que sí a todo incluso, según una nota periodística, al  verde césped para su cancha de futbol.  Muy raro.

Sobre esto, el presidente López Obrador respondió: ya veremos mañana si los normalistas cometieron una infracción o no. Sus chantajes, los de los normalistas, sí se valen. La moraleja es que para la 4T no todos los chantajes son iguales. Para unos casos es drástico y para otro blandengue.

El problema con eso es que los chantajistas luchadores sociales ya saben que pueden hacer lo que quieran. El peor castigo es que el cafecito en Gobernación esté frío o las galletas rancias. El mal ejemplo cunde a una velocidad de vértigo y ya hay otras escuelas normales que están secuestrando camiones para lograr sus objetivos.

Con respecto a las universidades es el dominio  público que López Obrador no es muy afecto a las escuelas de educación superior y disfraza de lucha contra la corrupción su desdén por el conocimiento.   Ayer dijo algo que realmente preocupa: “para qué quiero científicos que estén inventando la bomba atómica”. Eso dijo, ya qué.

Arturo Zaldívar se afilia a Morena

La renuncia de Eduardo Medina Mora a la Suprema Corte de Justicia, un hecho sin antecedentes y que sólo se acepta por “causas graves” que hasta el momento se desconocen, abrió un debate sobre el riesgo concreto de que la Suprema Corte caiga en la órbita de la 4T. No es un riesgo menor.

A la mitad de ese debate sobre la eventual pérdida de autonomía del Poder Judicial, el magistrado presidente Arturo Zaldívar tuvo una pésima idea: aceptar una entrevista en el programa “John y Sabina” que es un espacio de propaganda para el régimen pagado con nuestros impuestos. Ahí despotricó contra el ex presidente Calderón y se refirió de manera laudatoria a López Obrador.

El mensaje que envió el magistrado fue que no hay riesgo de que en el futuro la Suprema caiga en la órbita de la 4T, ya cayó. El  propio Zaldívar es el primero al que le tiene sin cuidado la autonomía ¿Él también quiere que AMLO le dé palmaditas en las espalda? ¿Que el magistrado no tenga empacho de mostrar sus simpatías y antipatías políticas puede ser una “causa grave” para que se mantenga en su cargo? ¿Hay seguridad de que su no aparece en el caótico padrón de Morena?

 

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