Opinión


¡Óptese por su liberación!

¡Óptese por su liberación! | La Crónica de Hoy

Se puede hacer absolutamente cualquier cosa si tan sólo se está dispuesto a pedir, a no
aceptar negativas, a realizar lo que sea
necesario y perseverar

Jack Canfield/Mark Victor Hansen

Escritores motivacionales

 

Contrario al hediondo caso de las lobitas marinas traficadas, leí con gran emoción, vía el Washington Post, que este pasado lunes, dentro de lo que fue calificado como una comparecencia inesperada, el presidente estadunidense Donald Trump, ajeno hasta LA FECHA al tema animales no humanos, no solo condecoró y reconoció la enorme valía de perros como CONAN (canino militar responsable de acorralar al líder del Estado Islámico, durante una operación antiterrorismo desarrollada el pasado mes de octubre), sino que aprovechó la ocasión para hablar sobre la estricta necesidad de eliminar toda crueldad hacia los animales, mostrándose un convencido absoluto de firmar, para su real y efectivo combate, la llamada PREVENTING ANIMAL CRUELTY AND TORTURE ACT, ordenamiento de alcance nacional que prohíbe y sanciona drásticamente todo tipo de brutalidad e incluso tortura sobre la fauna, sin importar la clasificación para la utilización que de ella se haga. El documento fue puntualmente diseñado para cubrir los vacíos que respecto al tema presenta su ley federal y cada una de las locales, tomando en cuenta, incluso, severo castigo de multa y cárcel, hasta para quienes transmitan esos aberrantes actos por video. El sólido y bien cabildeado trabajo de los legisladores Ted Deutch (Demócrata) y Vern Buchanan (Republicano), logró tanto el aval general de las Cámaras como el de la ciudadanía por entero, harta ya del cada vez más sofisticado abuso sobre las criaturas. Lástima que en mi país haya oídos sordos a mi insistente petición para que de forma similar y al menos en el tema “protección”, se construya una ley cuyas disposiciones y sanciones sean parejas en todo el país. Repregunto… ¿alguien se apunta?

Otra buenísima noticia relativa, y coincidentemente surgida en la misma fecha que la anterior, es que por fin cobró vigencia la Ley de Protección y Bienestar del Estado de Quintana Roo, que aunque meritoria de rigurosas observaciones la compro como está, al ser la primera legislación en el país (vergüenza para CDMX, con Constitución que reconoce a los animales no humanos como “seres sintientes”) congruente con su objeto, pues a través de su Artículo 40, fracción XII, prohíbe por cualquier motivo “las corridas de toros, vaquillas o novillos y becerros, las peleas de gallos y el entrenamiento de animales para su utilización en este tipo de espectáculos”. Sólo llama la atención que no contenga la sanción respectiva. Curioso…

Sobre el aseguramiento de los dos lobos marinos —al parecer hembritas muy jóvenes— que según, eran trasladados al AICM para ser exportados, tengo reflexiones. A ver. Tratándose de fauna silvestre, y particularmente de la especie Zalophus californianus sujeta a Protección Especial (Pr), la competencia sobre ellos es absolutamente federal, incluso al haberse incumplido las disposiciones que para el manejo y traslado de pinnípedos señala una normatividad específica; luego entonces, tan pronto la ¿sorpresiva? detención de los fulanos que los trasladaban, el caso debió remitirse al MP especializado en delitos ambientales de la FGR, a objeto de que presumiblemente aplicara el artículo 420 del Código Penal Federal (1 a 9 años de prisión y trescientos a tres mil días multa), lo correspondiente a la prohibición para su salida del país y el incumplimiento normativo, claro, sin dejar de lado sumar lo que tocara localmente, pero asimismo, para poder investigar si la línea aérea que transportaría a las lobitas estaba en la tesitura, así como quien las fuera a recibir i-le-gal-men-te en Japón. Dejar entonces el asunto a manos de la Fedapur, como vimos, alcanzó apenas para la vinculación a proceso de los remitidos, que gozarán en libertad el trámite pero no se avanzará más. Si acaso procederá una sanción económica. ¿Apostamos?

Y lo peor es que como siempre los animales salen perdiendo. Esta vez, al haber sido destinados a un zoológico inmerso en la caótica CDMX, irremediablemente contaminada visual, ambiental, sonora y lumínicamente, además de lejana al infinito del mar que les corresponde y por lo que merecen estas criaturas que se intente su libertad. ¡Luchemos porque así sea!

 

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