Opinión


Los Cuervos no son mejores que los Patriotas y Lamar Jackson no es un dios

Los Cuervos no son mejores que los Patriotas y Lamar Jackson no es un dios | La Crónica de Hoy

En un auténtico parpadeo se fue la mitad de la temporada 2019 de la NFL y como es lógico ya se empiezan a barajar posibles candidatos a ganar Divisiones, Conferencias y hasta el Super Bowl, sin embargo ese no es nuestro objetivo, la especulación es para quien carece de argumentos críticos para mirar lo que pasa en el presente.

Temas destacados hay muchos, pero llama mi atención la nube negra que ya han puesto sobre la cabeza de los Patriotas y el trono anticipado en la mano de los Cuervos.

Tras la victoria de Baltimore sobre Nueva Inglaterra y que les costó perder el invicto a los actuales campeones de la Liga, la prensa no tardó en sacar palas y picos para cavar la tumba del equipo de Bill Belichick, augurando el principio del fin de la dinastía (aunque a muchos no nos agrade) de los Patriotas.

No pocos han encumbrado a los Cuervos tras la victoria y señalado a su quarterback, Lamar Jackson, como el prototipo del futuro y la clave para desbancar a los campeones; no obstante parece que su corta memoria les impide recordar que prototipos de movilidad como Jackson o el novato Kyler Murray de Arizona, ya han desfilado por la NFL, han hecho suspirar con su electrizante forma de jugar y hasta pensar que serían la tendencia en la posición, sin embargo de eso han pasado más de 30 años y son los pasadores de bolsillo los que siguen monopolizando el juego

Por lo general los mariscales de color son los que han llegado a la Liga con ese estilo que de una u otra manera ha prometido transformar la manera de jugar.

En 1985 apareció uno de los más audaces, Randall Cunningham, quien era un verdadero escapista además de buen pasador. Aun así, Cunningham nunca llegó más allá de una final de Conferencia.

Después de él, arribaron otros del estilo y que parecía si lograrían la transformación como el increíble Michael Vick, para muchos (me incluyo) el mejor quarterback corredor que ha estado en la NFL. Vick, al igual que Cunningham, sólo llegó a una final de Conferencia, pero jamás al Juego Grande y menos aún fue un jugador dominante por años, a pesar de tener muy buenas temporadas en Atlanta y Filadelfia.

Más tarde siguieron sus pasos mariscales como Robert Griffin o Cam Newton. El primero fue hasta Novato del Año con Washington en 2012 y el segundo Jugador Más Valioso de la Liga en 2015, aunque su estilo de juego les pasó rápidamente factura. A Griffin lo retiraron con un golpe tras una de sus espectaculares escapadas y nunca volvió a ser el mismo apenas en su segundo año; a Newton, su estilo agresivo de no rehuir al contacto lo tiene a un paso del olvido.

En el caso de Lamar Jackson va en la misma dirección: Grandes escapadas, gran velocidad para ganar yardas, pero no tan efectivo cuando se trata de ganar los juegos sólo lanzando desde la bolsa de protección.

Con lo anterior no se trata de decir que la movilidad en un pasador es un factor negativo, pero si debemos puntualizar que una cosa es ser un quarterback con movilidad para ganar tiempo, lanzar sobre la carrera o incluso ganar yardas por tierra cuando se requiere a diferencia de ser un mariscal que su mejor arma es correr el balón.

La prueba de lo anterior es que mientras esos pasadores morenos emocionaron a los fanáticos con su manera de escapar de los defensivos, fueron los quarterbacks tradicionales los que se mantuvieron y mantienen en la cima.

Y aunque la movilidad siempre fue un recurso para ellos también, nunca fue su principal herramienta. Ejemplos sobran: Joe Montana, John Elway, Steve Young, Brett Favre, Jim Kelly o Donovan McNabb en un pasado reciente, más actuales Ben Roethlisberger, Andrew Luck, Patrick Mahomes, Carson Wentz, Aaron Rodgers, Drew Brees y hasta los netamemente corredores como Dak Prescott, Russell Wilson y Deshaun Watson.

Muchos se preguntarán en qué radica la diferencia, y esa es muy sencilla pero seguramente muy difícil de aplicar: modificar su estilo de juego.

Montana, Elway, Young, Kelly, Favre y McNabb solían escaparse continuamente para ganar yardas por tierra en sus primeros años como profesionales, sin embargo, pronto se dieron cuenta o les hicieron darse cuenta que esa manera tan física de jugar no les permitiría durar mucho tiempo.

Con el paso de los años modificaron su estilo y pudieron mantenerse más de una década entre los mejores. Lo mismo ha sucedido con los más actuales, aunque a Roethlisberger o Luck quizá tardaron en hacerlo. Ben está a punto de retirarse por una lesión en el hombro y Luck ya se despidió de la NFL.

No obstante, los mejores ejemplos hoy son Brees, Rodgers, que corren cuando tienen que hacerlo pero sin arriesgar de más, y hasta los más jóvenes como Prescott, Wilson y Watson, quienes siguen aprendiendo que correr es una herramienta no su arma principal. Y es que estos últimos eran auténticos quarterback corredores cuando llegaron a la NFL y hoy esa transformación los ha hecho mejores pasadores.

Con todo lo anterior ha quedado muy claro que el futbol americano profesional es de los mariscales que lanzan el ovoide, no de los que corren, y si alguien tiene alguna duda, la historia reciente nos lo enseña con dos íconos en la posición, Peyton Manning y Tom Brady, ambos de poca movilidad pero una precisión y una capacidad para lanzar el balón como pocos. Manning jugó 18 años a un nivel excepcional, Brady lo sigue haciendo tras 20 temporadas.

Y si alguien quiere mirar más atrás, ahí están Dan Marino con Miami en los 80 y 90 o Dan Fouts con San Diego en los 70 y 80.

Un ejemplo que ilustra lo escrito líneas arriba es que Elway y Young se consolidaron en la Liga y ganaron un Super Bowl cuando aprendieron a ser mejores mariscales desde la bolsa de protección.

Lamar Jackson se encuentra aún lejos de ese punto, y por lo mismo los Cuervos no pueden ser macados ya como el mejor equipo de la AFC, porque más temprano que tarde, las defensivas encuentran el antídoto para estos mariscales corredores.

Jackson podrá brindar emoción a los aficionados de Baltimore, pero un título es demasiado pronto para darlo por hecho.

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