Opinión


A Don Porfirio

A Don Porfirio  | La Crónica de Hoy

DIP. PORFIRIO MUÑOZ LEDO:

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+Todo hombre lleva en sí un dictador y un anarquista.

Paul Valéry, filósofo francés.

 

Estimado diputado, a usted como a los amables lecores de este espacio, les ruego llenar el espacio en blanco en la siguiente frase:

“El comportamiento del presidente _______ con respecto a los tribunales, a los organismos de inteligencia y de aplicación de la ley y otros organismos independientes parecía extraído de un libro de tácticas para dictadores.”

¿Rafael Correa, de Ecuador? ¿Alberto Fujimori, de Perú? ¿Víctor Orban, de Hungría? ¿Donald Trump, de EUA? ¿O…? Cualquiera de ellos cabe en esa frase por las acciones realizadas de una u otra forma, pero los politólogos Levistky y Ziblatt la dedican al mandatario estadounidense en su obra Cómo mueren las democracias. Pero nos quedó una pregunta abierta. ¿Cabe Andrés Manuel López Obrador en esa frase? Tal vez, tal vez. Veamos algunos hechos y usted decida:

Empecemos con los tribunales. Durante este primer año de gobierno, AMLO criticó que los miembros del Poder Judicial tuvieran sueldos tan altos. Tenía, ciertamente, razón, ¿pero no le parecería más importante que, “con todo el respeto”, nuestro presidente hubiera hecho un llamado a la eficacia y, en segundo término, fustigar los salarios? Desde tiempos inmemoriales este país tiene un déficit severo en la impartición de justicia. En teoría, el sistema penal acusatorio fue diseñado para combatir largos y costosos juicios, tanto para las víctimas como para los acusados, pero nos hemos topado con que tiene fallas de fondo que permiten a los delincuentes salir por la ahora llamada “puerta giratoria”. Para no ir más lejos, están los acusados de haber participado en la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Y en cuanto a la sospechosa corrupción de los jueces, ahí tenemos el feminicidio de Abril Pérez Sagaón.

Sigamos con los organismos de inteligencia. Casi ningún ciudadano tiene claro cómo funcionan, porque justamente su actuar es discreto y no están sujetos a las leyes de transparencia por razones de seguridad nacional. Hasta antes de López Obrador, México contaba con el CISEN, organismo que junto con las áreas de inteligencia de las secretarías de Marina y de Defensa Nacional, brindaba oportunamente a la Presidencia información sólida y confiable sobre las capacidades y vulnerabilidades de los grupos que amenazan al Estado, como es el crimen organizado. El valor de la información es su anticipación para que el gobierno en turno tome las mejores decisiones. 

No parece que los servicios de inteligencia estén funcionando adecuadamente o, por lo menos, con la oportunidad necesaria. Para muestra tenemos la fallida detención de Ovidio Guzmán, el hijo de el chapo, el pasado mes de octubre. El operativo ubicó y rodeó a Ovidio, pero no hubo la suficiente información de inteligencia para anticipar cuál sería la reacción de sus compinches; en varios puntos de la entidad y con una coordinación casi simultánea, se soltaron los balazos. Los culiacanenses vivieron horas de terror absoluto que todos seguimos a través de las redes y los medios de comunicación.

Si usted me lo permite, mañana seguiremos con los dos siguientes factores: la aplicación de la ley y los organismos independientes. Esperemos que todos estos datos que le doy sean solo un error de juicio momentáneo o una falla aislada en la gestión gubernamental. Por nada del mundo deseamos que nuestro presidente quepa en la frase de  Levistky y Ziblatt; es probable que él tampoco lo desee.

 

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