Cultura


"“A los 80 años se está más cerca de la muerte, pero también de la vida”: Matos Moctezuma

Homenaje: El arqueólogo y Premio Crónica, Eduardo Matos Moctezuma, dice que está en su “quinto rompimiento”, el enfrentamiento con la muerte. También cuenta sus proyectos, habla del amor, la amistad, de que anhela ver nuevamente a México con esa fuerte presencia internacional y lamenta que haya reducción de recursos, desde hace dos años, a la cultura y ciencia

A los 80 años se está más cerca de la muerte, pero también de la vida”, es la frase con la que Eduardo Matos Moctezuma inicia el texto que escribió para el homenaje que le rendirá El Colegio Nacional por sus ocho décadas de vida el próximo 10 de diciembre.

Pero antes de arribar a esa fecha, el Premio Crónica y el único latinoamericano al que la Universidad de Harvard creó una cátedra en su honor, cuenta parte de su vida, sus anhelos, de la amistad, del amor y la ciencia y la cultura, pero sobre todo de las etapas de su vida de la que dice estar en el inicio del “enfrentamiento con la muerte”.

— Son 80 años, ¿cómo sientes que has vivido?

— Llegar a los 80 años te hace reflexionar en el pasado, pero también en el contexto en el que me fui formando, que fue muy cambiante. No es lo mismo aquel México en el que estudié arqueología, cuando ingresé a la Escuela Nacional de Antropología e Historia en 1959. En ese tiempo hubo algo muy importante que repercutió en la juventud de entonces: el triunfo de la Revolución Cubana. Los jóvenes veíamos en este hecho una esperanza antiimperialista y años después se daría en nuestro país el Movimiento del 68, que lamentablemente culminó en la matanza del 2 de octubre en Tlatelolco.

Eso fue un golpe muy fuerte para aquella juventud. Yo participé en todo esto como muchos jóvenes de la época, pero mientras tanto realizaba mis investigaciones. Para ese tiempo ya estaba en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), al que entré en 1960, o sea que cumplo, igualmente, 60 años de haber ingresado a la institución.

Matos Moctezuma dice que como lo anterior, vivió muchas cosas y, al mismo tiempo, escalaba cargos en la INAH relacionados con la arqueología. Fue director del Museo de Antropología, entre muchos otros, y paralelamente a su labor académica, desde muy joven sentía mucho apego por el arte, la pintura, la escultura, la ópera… Estando en la escuela de antropología una novia le regaló el libro Cartas a un joven poeta, de Rainer Maria Rilke.

“Lo leí, era 1960, y quedé impactado porque me identifiqué profundamente con lo que escribió Rilke. Esta lectura fue una guía para llegar a mi interior, es decir, en tanto que la arqueología me ponía al frente de sociedades antiguas, en cambio la poesía me permitía llegar de manera muy fuerte a mi interior, ver una serie de aspectos que me llenaban el lado espiritual, y no me refiero a la religión, porque desde los 15 años había roto con la creencia religiosa, sino en ese interior que uno guarda, el sitio propio de cada quien”.

Y cuenta que esa sensibilidad la fue desarrollando cada vez más junto al rigor de la academia. Así describe esa simbiosis: “Me encantaba ver la caída de las hojas en las tardes de otoño. Y por eso, las palabras que voy a decir el día 10 de diciembre en El Colegio Nacional en el homenaje que me hacen por los 80 años, aunque nací el día 11, están en un documento de cinco cuartillas en el que me refiero a esas dos partes que me han acompañado en mi vida: la académica y la sensibilidad hacia otros aspectos que gozas interiormente”.

Otro punto central de su texto es cómo en esa parte interior siempre se refiere al ocaso, al otoño…, a esos aspectos que llama terminales y por esto, dice:  “Viene mi apego a los temas de la muerte. Un dato de esto es que ya escribí cinco libros en cuyo título está la muerte: Muerte al filo de obsidiana, Vida, pasión y muerte de Tenochtitlan, Vida y muerte en Templo Mayor y La muerte entre los mexicas, es decir, que siempre ha estado presente este aspecto en que llamo “mi quinto rompimiento”, así como el Quinto Sol.

Eduardo cuenta que en su vida ya pasó por cuatro rompimientos, y el quinto es precisamente su encuentro con la muerte. Los otros fueron el rompimiento con la religión a los 15 años; después con la familia, al separarse de la mujer con la que estaba casado y procreado hijos; el tercero es con el poder, en el cual recuerda que hubo un momento, cuando era joven, que iba asumiendo cargos dentro del INAH como subdirector de Monumentos Prehispánicos, luego director de esta dependencia, secretario de la Sociedad Mexicana de Antropología, director del Museo Nacional de Antropología, presidente del Consejo de Arqueología, “pero llegó el momento en que decido romper con esto y volver a la investigación y a mi interior. No volví a aceptar cargos. Por ejemplo, la dirección del INAH me la han ofrecido en dos ocasiones y no la acepté porque estaba bien escribiendo y realizando mis investigaciones”.

Del cuarto rompimiento, señala que es con las cosas superfluas. Ahora, gracias a la 4T, he llegado a una austeridad franciscana”.

REGRESO A LA INVESTIGACIÓN.  En ese tiempo que decide romper con el poder, Matos Moctezuma habló con Gastón García Cantú —entonces director del INAH— y le plantea que desea regresar a la investigación y él acepta. “En ese momento me ofrece que me haga cargo de los trabajos que se van a realizar en el Centro de la Ciudad de México. Eran unos estudios museográficos sobre los vestigios que se veían en la esquina de Guatemala y Seminario”.

El arqueólogo cuenta que acepta y de repente se da el hallazgo de la Coyolxauhqui por trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza. “Se me avisa del descubrimiento y es aquí donde cuento esa anécdota de que había ido a un congreso de arqueología a Panamá. Cuando subo al avión de regreso a México, en 1978, leo en los periódicos que se hizo un gran hallazgo de una gran escultura en el Zócalo. Al llegar a casa, un sábado, me dicen que me busca el profesor García Cantú porque el lunes hay una reunión muy importante por un hallazgo”.

Ese día, recuerda Matos Moctezuma, va al INAH en la calle de Córdoba y al entrar, la secretaria le dice que lo están buscando. Eduardo le contesta: “Les comuniqué que iba a un congreso a Panamá”.

— Bueno, pues, pase porque está la reunión, le dice la secretaria.
— Entro, don Gastón me ve, se levanta viene hacia mí y me dice: “Eduardo, bienvenido, ya estuvo en Guatemala”.
— Le respondo: ¡no! Estaba en Panamá.    
— No, en la calle de Guatemala, porque se halló un monumento arqueológico.

Así, recuerda, me enteré más del asunto, mientras ya estaban los compañeros de rescate arqueológico trabajando en el sitio. “El plan, que denominé Templo Mayor, empezó el 20 de marzo. Estaban mis colaboradores arqueólogos, pero algo importante es que desde el principio se contempló que iba a ser un proyecto multidisciplinario con el apoyo de los laboratorios de químicos, biólogos, geólogos…. De esta manera regresé a la investigación y era muy interesante porque se trataba del Templo Mayor, el principal edificio mexica y que ellos consideraban el centro de su universo”.

Y así, tras este paréntesis, Eduardo Matos regresa a lo que es su “quinto rompimiento”, su enfrentamiento con la muerte, del cual dice: “cómo se va a dar, es algo que no se sabe, pero como digo al principio del documento que voy a leer en El Colegio Nacional y comienza así: A los 80 años se está más cerca de la muerte, pero también de la vida.

— Te veo Eduardo con muchos deseos de escribir, leer, estudiar…

— Sí, los deseos y pasiones siguen intactos. Siempre que escribo pongo música clásica para que me sirva de fondo. Esto lo comento en el libro Arqueología de un arqueólogo y en un capítulo final cuento todo este aspecto del quinto rompimiento y escribo: hay que saber vivir la vida, pero también saber vivir la muerte. Parece que hay una aparente contradicción, pero así es. No nos enseñaron desde chicos a aceptar que somos seres vivos y en algún momento, al igual que las flores y los animales, vamos a morir. Más bien es una cosa de miedo, de terror, porque no es bonito morirse, pero ya que no puedes evitarlo, hay que saber enfrentarlo.

— Nos han enseñado a negar lo malo, la muerte, el dolor. Hoy vivimos en un país donde se está negando la realidad de la pandemia.

— Llegando  a esto que mencionas, de lo que estamos viviendo, en efecto aquello que viví en mis años juveniles, o después  en mis años maduros, hoy estamos viviendo la frase que acabas de decir muy importante: se niega a la muerte con esto de la pandemia:  ‘ Ya estamos aplanando, no hay problema, no usen cubrebocas, eso no sirve`, o sea estamos  negando a la muerte que nos rodea por todas partes, y unido a eso lo mal que vamos en económico, que había empezado antes de la pandemia, cada vez vamos mal.

— ¿Qué te falta por hacer?

— En realidad sigo escribiendo. Estoy terminando tres capítulos que tengo que entregar a España de un libro sobre arqueología. Voy en el segundo, estoy revisando mis fuentes y notas. Escribir siempre me ha encantado y lo sigo haciendo. Lo seguiré haciendo hasta el último momento.
También otra cosa importante es vivir todo lo que te rodea. Ahora estoy hablando contigo desde mi estudio, donde estoy rodeado de libros, tengo mi chimenea, mis perros y salgo al jardín para ver el atardecer. Estoy viviendo plenamente todos estos elementos y qué me falta por hacer, quizá muchas cosas. Te llegan ideas de que quisiera escribir tal cosa, o me hubiera gustado ir a excavar a X lugar, aunque esto último ya no se me da, porque a los 80 años, aun cuando estoy en buena forma, no iría a una excavación. Más bien disfruto todo lo que me rodea y lo que hago.

Es aquí, con la pandemia, donde los rituales culturales como la lectura, oír música, la convivencia se engrandecen.

— Aquí te digo que desde hace dos años se ha golpeado muy fuertemente lo que es la cultura y la ciencia. A partir de esto se va perdiendo ese aspecto intelectual, humanístico y estamos en un momento bastante difícil que se significa por restringir fondos a las investigaciones, o lo que hizo la Secretaría de Cultura federal de desactivar colectivos, que leo este viernes 4 en el periódico.   Lo que refleja esta actitud es que son funcionarios sin capacidad, ineptos.

En este marco, es ineludible preguntarle a Eduardo qué espera de México en los próximos años, especialmente después de estos cuatro que vienen que parecen ser muy duros, a lo cual responde:

“Espero que el país vuelva a ser esa nación que se conocía en el extranjero por sus obras, por sus grandes pintores, sus Premios Nobel, que sea ese México que su presencia causaba un impacto y un respeto internacional, ahora eso prácticamente no existe, entonces quisiera que se volviera a tener esa presencia relevante. Hechos como el Premio que hoy viernes 4 de diciembre se publica en La Crónica a Ruy Pérez Tamayo. Tú crees que eso se diría en una mañanera. ¡Pues no!, porque es la academia, porque es la ciencia, las cuales no sirven. Esto es lo que sigue presente afuera, como también el reconocimiento a la FIL de Guadalajara. Estas son las cosas reales de México, su prestigio, que no ha perdido.

Además de preguntarle a Eduardo sobre el país, también es obligado que en este tiempo cómo vive a su familia, sus amistades y compañeros. Sobre esto, cuenta que en el escrito que leerá en El Colegio Nacional, tiene un aparatado sobre la amistad y dice:

“Es un privilegio tener amigos, familia y hago un recuento de la Tertulia del Convento, la reunión de 13 amigos cada mes, aunque ahora no se puede por la pandemia. La mayoría  de ellos son escritores como Gonzalo Celorio, Hernán Lara, Silvia Molina… y son encuentros muy agradables que espero con impaciencia. Por esto y mucho, considero que la amistad es fundamental.

Y el colofón, pero no menos importante, habla sobre el amor a la pareja, a los hijos, los objetos. 

“El amor es de una amplitud enorme y como digo: el amor al atardecer, al otoño, a los hijos, a la pareja, a lo que haces, a lo que escribes, a lo que has dicho, aunque a veces te arrepientes. El amor hay que apreciarlo y vivirlo”.  

 

PREMIOS Y RECONOCIMIENTOS

  • Premio Nacional de Ciencias y Artes en el campo de la Historia, Ciencias Sociales y Filosofía
  • La Universidad de Londres lo distinguió como Honorary Professor en el UCL Institute of Archaeology.
  • La Universidad Juárez Autónoma de Tabasco le otorgó el Premio Nacional Malinalli
  • Premio Crónica en 2017 

CARGOS

  • Desde 1978 dirige el Proyecto Templo Mayor
  • Director de Monumentos Prehispánicos
  • Director de la Escuela Nacional de Antropología e Historia
  • Presidente del Consejo de Arqueología
  • Director del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social
  • Director del Museo Nacional de Antropología.
  • Director del Museo Templo Mayor

INVESTIGACIONES

  • Sus principales trabajos arqueológicos se desarrollaron en Comalcalco, Tepeapulco, Bonampak, Cholula, Coacalco y Tlatelolco.
  • Coordinó los proyectos Tula —en los setenta— y Teotihuacan —en los noventa.

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