Metrópoli


A plena luz del día y con un módulo de la policía cerca, asaltan a los automovilistas en Iztapalapa

Nadie: las víctimas, los automovilistas ni los peatones que lo presenciaron, tampoco los policías, que estaban a menos de 50 metros del sitio donde se realizó el hurto, pudo hacer nada.

A plena luz del día y con un módulo de la policía cerca, asaltan a los automovilistas en Iztapalapa | La Crónica de Hoy

En 30 segundos, tres hampones… un asalto a mano armada, y a plena luz del día —a las 11:40 de la mañana— del pasado miércoles.

Nadie: las víctimas, los automovilistas ni los peatones que lo presenciaron, tampoco los policías, que estaban a menos de 50 metros del sitio donde se realizó el hurto, pudo hacer nada.

Fue un asalto más en la zona oriente de la Ciudad de México, justo en Canal de Churubusco, frente a la Plaza Central, que está junto a la Central de Abasto.

El semáforo en color rojo fue el cómplice perfecto para que los asaltantes comenzaran a trabajar. Dos de inmediato abordaron al conductor de una camioneta SUV color blanco. Lo tomaron por sorpresa, ni remotamentese imaginaba que lo iban a atacar.

Uno de los hampones sacó el arma que traía en el cinto del pantalón y se la mostró. Le ordenó bajar el vidrio. En eso se consumieron no más de 10 segundos. Rápido le pidió la cartera, mientras que su comparsa le exigía a la mujer copiloto su celular. No le hizo caso porque entró en shock.

El segundo ratero se veía molesto, pues la mujer no reaccionaba a sus indicaciones. Hizo como que se retiraba, pero luego, al dar seis pasos regreso, con el rostro más agrio y amenazante que podía mostrar.

De nuevo le pidió el teléfono. Pegó en la ventanilla para intimidar hasta que lo consiguió.

Del otro lado, el hampón no se conformó con la cartera, exigió el celular, y, para apresurar a su víctima, agitó la pistola de carcasa negra. Amagaba con accionarla si no le hacía caso.

El tercer ratero cumplió su misión: vigilar que no se acercara un policía o no se presentara contratiempo alguno. Pasaba una y otra vez por detrás de la camioneta. Su misión la realizó hasta que sus compinches terminaron la fechoría.

Todos huyeron rumbo a Río Churubusco, antes brincando el pequeño camellón y driblando los vehículos que se topaban a su paso.

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