Opinión


A reeducarnos todxs

A reeducarnos todxs | La Crónica de Hoy

Hay contextos en los que me gusta usar más el todxs que el todos, el todes o los dualismos que con esta palabra en particular se tornan absurdos, como “todos y todas” o “todas y todos”. Desde que descubrí que ciertas prácticas del lenguaje provocan espumarajos, me puse más necio. Entre los niños, las niñas y los niños, los niñes, o los niñox, le voy más a la última combinación, la práctica de ampliar el rango de uso de palabras en los contextos en los que uno escribe no sólo es válida sino necesaria. De hecho hay escenarios en los que incluso hasta los artículos se reutilizan como “les niñes” o “lxs niñxs”. Si bien esa vertiente tiene cierto arraigo, no llego a tanto. Hasta donde entiendo, una diferencia entre el uso de la e y la equis es que los niñes se puede pronunciar y los niñxs sólo es para lectores, es decir, es menos “inclusiva”.

Esa simple e incluso timorata práctica selectiva de carácter personal en el uso del lenguaje a la que llegué de manera más o menos inconsciente aunque después tomé plena conciencia de ella, genera polémica. Seré coloquial: qué buen o mal (depende desde qué faro estemos contemplando el panorama) pex que se discuta el lenguaje de género. Este artículo desde luego corre por esa vía.

Pex, es buen ejemplo para entrar en materia. Pex en lugar de pecs, o la doña RAE pez, es una suerte de palabra multigenérica de alto desempeño que desde luego suscribo, en primer lugar porque es visible que me gusta, así de visceral es el gusto que le toma uno a ciertas palabras, pero en segundo porque tiene un uso social generalizado en amplios contextos verbales y escritos.

Hay mucho movimiento en el lenguaje y buena parte de este sano ajetreo es subversivo. Cada área de subversión y desde luego de convención genera sus propias palabras identitarias. Así debe ser. A nivel social y también personal. Discutir qué es mejor si todos, todes, todxs o sus ya citadas variantes idiotas y chocantes, es perfectamente válido, como también lo es santiguarse con el DRAE y decir que esa discusión es blasfema o estúpida, postura radical de orden conservador que, cuando no es incendiaria, vulgar o violenta en su discurso, apela a un tipo de razonamiento que está en crisis pero que tiene representantes “autorizados” para palomear las listas de palabras que debemos pronunciar o escribir.

Ayer leí una entrevista, a la que le faltó edición dentro de su especifidad, que da una explicación plausible al asunto del lenguaje incluyente. La autora es Carmen Amador y su charla con la doctora en letras Elena Bossi puede recuperarse en un medio argentino que orbita en redes llamado El Tribuno. El sólo título da en un clavo de los muchos que tiene ya esa sufrida cruz del DEBER SER, cito el título y enseguida un párrafo, lo ideal es leer toda la entrevista: No molesta el lenguaje inclusivo, lo que molesta es el feminismo: «Les escritores igual que les adolescentes trabajan en todas las épocas por romper esas normas que heredamos del padre y hacer que el lenguaje suene extranjero y se rebele a los diferentes sistemas: les adolescentes crean jergas todo el tiempo para liberarse de la ley de les adultes y así también la poesía: pensemos por ejemplo en el lenguaje transracional de Oliverio Girondo : “En la eropsiquis plena de húespedes entonces meandros de espera ausencia”.  Toda la poesía busca romper ahí donde percibe algo que la somete “El traje que vestí mañana/ no lo ha lavado mi lavandera” (escribía el gran César Vallejo) y nuestro querido poeta Groppa hablaba “de mí conmigo”. Pero luchar por los derechos de inclusión es otro tema. No molesta el lenguaje, “molesta” el feminismo.»

Para mí esta verdad es tan incontrovertible, al grado de que cuando yo leo los nombrxs de algunos colectivos de género, me quito el heteropatriarcal sombrero frente a la agudeza que tienen para construir su identidad grupal. Por ejemplo: ¿cuál podría ser el mejor nombre para un grupo que se define como “un colectivo sin fines de lucro, (que) aborda temas como el feminismo y sus vertientes; el cuerpo, las relaciones de género, (que cuenta) con un ‘espacio de reflexión colectivo para compartir sobre el feminismo y generar alianzas para hacerle frente al escenario de hostilidad’.”? A mí se me ocurren muchos, pero cuando leo que el nombre que estas mujeres se dieron así mismas es el de Colectiva Cuerpas, siento un alto grado de empatía por la lucha feminista que se quiere reducir a un elemental y politiquero asunto de manos negras, que aunque ciertamente las hay, no son la raíz “infiltrada” de un problema mayor en el que todxs debemos reeducarnos, incluidos aquellos medios que toman y reproducen fotografías abominables mostrando a todas luces que el problema del machismo está extendido en toda nuestra sociedad.

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Letras al pie

Extrañaré los temas de esta agenda que tocaba con cierta regularidad Wendy Garrido desde las páginas de este diario. Ahora ella forma parte de un proyecto que invito a los lectores a seguir porque está construido con una buena visión editorial: tripulante.mx

 

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