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A treinta años de la matanza en Tiananmen, China celebra: “Hicimos lo correcto”

Aniversario. Mucho después de la Primavera de Praga, en Pekín floreció otra insurrección de jóvenes que desafiaron a la dictadura y clamaban por la libertad y la democracia. Fueron aplastados, mientras el mundo protestaba en voz baja y se rendía al poderío económico del gigante asiático

A treinta años de la matanza en Tiananmen, China celebra: “Hicimos lo correcto” | La Crónica de Hoy

Han tenido que pasar 30 años para que se rompiese el pacto de silencio criminal sobre lo ocurrido en Tiananmen que impuso el Partido Comunista Chino (PCCh) a todos sus dirigentes, personalidades de la cultura o del deporte, periodistas, empresarios que se han hecho millonarios en estas tres décadas de fulgurante milagro económico, y en general a los más mil 300 millones de habitantes.

En pocas palabras, pero con firmeza, el actual secretario de Defensa chino, el general Wei Fenghe, declaró ayer desde Singapur que la “turbulencia política”, que es como eufemísticamente llama el régimen chino a la sangrienta represión en la plaza de Tiananmen, que comenzó el 4 de mayo de 1989 y dejó un reguero de miles de muertos, fue la decisión “correcta”.

“Ese incidente fue una turbulencia política y el gobierno central tomó medidas para detener las turbulencias, lo cual es una política correcta”, dijo ayer el general Wei, en el foro regional de seguridad Diálogo de Shangri-La.

Lejos de mostrar autocrítica, el secretario de Defensa chino celebró que ese trágico suceso permitiera una “estabilidad” necesaria para impulsar el crecimiento y la modernización, hasta crear una superpotencia planetaria que desafía incluso la hegemonía de Estados Unidos en el siglo XXI.

“Estos 30 años demostraron que China vivió grandes cambios”, afirmó, añadiendo que gracias a la acción del gobierno, “China goza de estabilidad y desarrollo”. Nada que reprochar por parte de los presentes en el foro. Nadie se atrevió.

Por “estabilidad” el jefe del Ejército Popular entiende el aplastamiento sin miramientos de cualquier intento de rebelión democrática. Y esto es precisamente lo que ocurrió en la plaza de Tiananmen hace 30 años, durante la madrugada del 4 de junio. De noche, para que nadie viera qué estaba pasando.

Primero Praga, luego Pekín. Mucho antes que estallase en 2010 la Primavera Árabe y veinte años después de que los tanques soviéticos aplastaran la Primavera de Praga, un grupo de universitarios chinos solicitó protestar públicamente contra la catastrófica “Revolución Cultural” que impulsó Mao Zedong en 1966 y dejó millones de muertos y la economía en ruinas a lo largo de una década.

En un inusual gesto de tolerancia, el gobierno de Deng Xiaoping permitió, en octubre de 1988, que se usara un muro de la calle Xidan, en Pekín, para que los jóvenes expresaran sus inquietudes mediante carteles con críticas que —como dijeron sus organizadores— iban dirigidas contra los crímenes cometidos por la  Banda de los Cuatro, caída en desgracia.

Todo iba bien, hasta que empezaron a aparecer proclamas que pedían más libertad o críticas a los por ese entonces dirigentes del PCCh, incluido el propio Deng, al que muchos empezaron a exigir que se comportara como Mijaíl Gorbachov y su perestroika (que acabó con la URSS en 1991). Pronto florecieron por todo el país otros llamados “Muros de la Democracia” y el régimen chino empezó a perder el control y a ponerse nervioso.

La chispa que desencadenó la protesta de los estudiantes en Tiananmen fue la muerte del ex secretario general del Comité Central del PCCh, el joven liberal Hu Yaobang, que fue expulsado del cargo por Deng Xiaoping precisamente por no haber reprimido con dureza el primer conato de protesta, ocurrido en 1987. Hasta 50 mil estudiantes tomaron la emblemática plaza en homenaje a Hu, en un abierto desafío al régimen. Muchas universidades se declararon en huelga y miles de obreros se sumaron a la causa.

El Hombre del Tanque. Cuando los estudiantes respondieron a finales de mayo de 1989 a la declaración de la ley marcial, erigiendo una estatua de la libertad en el corazón de Tiananmen, a escasos metros del enorme retrato de Mao, el gobierno decidió que se había llegado demasiado lejos y envió los tanques.

En la noche del 4 de junio de 1989, los soldados entraron a tiros en esta plaza del centro de Pekín para desalojar a los manifestantes, que llevaban casi dos meses acampados reclamando más libertad y el fin de la corrupción.

Tras una noche de enfrentamientos en las calles colindantes que dejaron miles de muertos, los tanques toman la plaza por la mañana. Al día siguiente, 5 de junio, un joven con pantalón negro y camisa blanca que lleva una bolsa en cada mano se planta ante la columna de carros de combate que avanza por la avenida de Chang An (Paz Eterna). El tanque que dirige la marcha intenta esquivarle, pero el joven le corta el paso varias veces y hasta se sube al tanque para reprocharle al piloto la represión. Finalmente, se lo llevan varias personas, que parecen manifestantes, pero podrían ser policías de paisano.

Desde los balcones del cercano Gran Hotel Pekín, la escena es captada por tres cámaras de televisión, Willie Phua de la australiana ABC, Jonathan Schaer de la CNN y Tony Wasserman de la NBC, y cuatro fotógrafos: Jeff Widener de AP, Stuart Franklin de Magnum, Arthur Tsang de Reuters y Charlie Cole de Newsweek, que ganó el World Press Photo.

Desde aquella tenebrosa Noche de Tiananmen, el régimen levantó una gran muralla informátiva que prohíbe hasta la fecha al pueblo chino tener acceso a toda la información sobre la masacre de la que los disidentes manejan una cifra escalofriante: 10 mil muertos.

Nunca el régimen chino facilitó la cifra oficial de muertos, nunca mostró imágenes y testimonios de supervivientes.

Nunca se supo quién fue y qué suerte corrió el héroe de Tiananmen.

fransink@outlook.com

 

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