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Abel Quezada era un hombre de ideas, dice Alberto Ruy Sánchez

HOMENAJE. El método de Abel Quezada para expresar su pensamiento era lo que se podría llamar, en términos de crítica filosófica, un sistema de personajes; es decir, él inventó personajes que ponía en diferentes situaciones para hablar con profundidad de situaciones actuales, añade el escritor y editor.

Abel Quezada era un hombre de ideas, dice Alberto Ruy Sánchez | La Crónica de Hoy

Rinden homenaje en la FILPM al caricaturista en el centenario de su natalicio.

Abel Quezada no era un dibujante superdotado con facilidad natural para el trazo y en sus caricaturas había precariedades de ejecución, lo que lo llevó a equilibrar su obra con textos profusos y agudos en los que alcanzó honduras que ningún otro cartonista de su época, expresó Claudio Isaac en 100 años de Abel Quezada, una charla entre amigos, mesa redonda celebrada en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería en conmemoración al centenario del natalicio del caricaturista.

“El método de Abel Quezada para expresar su pensamiento era lo que se podría llamar, en términos de crítica filosófica, un sistema de personajes; es decir, él inventó personajes que ponía en diferentes situaciones para hablar con profundidad de situaciones actuales. Lo que escribió sobre personajes como Gastón Billetes, El periodista o El diputado, sigue estando vigente”, señaló el escritor Alberto Ruy Sánchez.

El sistema político que él vivió y que vio crecer es el mismo, añadió, y podríamos llamarlo desde el punto de vista científico: corporativismo autoritario, es decir que todas las corporaciones tanto sindicales como obreras y patronales y marginales, están coordinadas por algo que nosotros ya sabíamos que no podía ser Revolucionario Institucional, ni que era partido.

“Esta lucidez de comprender la naturaleza del sistema político mexicano está en las caricaturas de Abel Quezada y no ha cambiado en nada. El cartón en el que habla de Gastón Billetes se llama Los apoyadores y en él hace una especie de anatomía del sistema de apoyos en el que el rico apoya al ministro y éste a su vez al general, mismo que apoya al otro ministro, en fin, lo anterior con una pizca concentrada y aguda de ironía y humor”.

Otro de los personajes, apuntó, es El periodista, el cual siempre está sostenido por unos palos delgadísimos. “Lo que Quezada sostiene es que la enorme ventaja de los periodistas es que no comen y, a través de ello habla de la relación entre el periodismo y el poder con tanta sutileza y profundidad que sigue siendo actual independientemente de supuestas ideologías”.

El diputado, personaje que ya estaba en crisis porque cuando él lo comenzó a dibujar los diputados usaban pistola y sombrero tejano, ante lo cual no sabían qué hacer; “afortunadamente con la 4T estamos regresando a diputados que usan sombreros, como el productor máximo de carbón que forma parte de la comisión de energía, esto es como un regreso a Abel Quezada”.

La relación que mantuvo el autor del libro Los demonios de la lengua, comenzó de la mano de la revista Artes de México, en la cual Alberto Ruy Sánchez busca reivindicar las artes aplicadas o lo que desde hace 32 años no se consideraba como arte mayor.

“La revista tendría que ocuparse de reivindicar a un personaje que no era el Diego Rivera, pero que necesitaba estar valorado igualmente a través de su dimensión de pintor que, con coquetería e inteligencia, se decía pintor de domingo; así como al escritor, porque si algo hay en el dibujo de Abel Quezada es un conjunto de dimensiones en las cuales él era alguien que comentaba la actualidad con un pensamiento fuerte, es decir, era un hombre de ideas, lo que lo emparentaba con Gabriel Figueroa y los grandes”.

Para la colaboración en este proyecto, señaló se necesitó construir un extenso diálogo que permitiera conocer tanto su obra como sus pensamientos, ya que “en ese entonces todavía no éramos tan amigos a pesar de que yo ya había escrito sobre su obra para una exposición”.

“Un elemento fundamental para la realización de la edición que realizamos sobre Abel Quezada tenía que ser Claudio Isaac, quien hizo la entrevista Aterrizar en la pintura que habla justamente de la transformación del dibujante que era en aquel momento, hacia su pintura, además de editar uno de sus cuentos para este mismo número”.

Claudio Isaac añadió que en sus cuadernos de dibujos, su tío cumplía con el reto de recoger a pura línea la atmósfera de un sitio, igual que la esencia de un momento. “Con el tiempo me di cuenta de que esto era una especie de transición entre su oficio de caricaturista y el del pintor”.

“Esos dibujos nacieron de la observación directa y conllevaban la intención interior de convertirse en punto de partida para una obra pictórica de mayor escala y desempeño técnico. Asimismo, la prole que habita en las caricaturas de Abel Quezada también nace de la observación de la realidad, pero el proceso no es inmediato, ya que hay una labor intelectual de por medio, por eso su labor ha sido comparada a la de Samuel Ramos y Octavio Paz”.

En conjunto, puntualizó, su obra ejemplifica cómo el estilo personal se define por las limitaciones del artista más que por sus atributos, como si se fuera construyendo para ocultar carencias y suplirlas con la mayor veracidad posible”.

 

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