Opinión


Acabar con la corrupción cambiaría a México

Acabar con la corrupción cambiaría a México | La Crónica de Hoy

Uno de los propósitos que quiere lograr el Presidente, es eliminar la corrupción. Se puede estar o no de acuerdo, con las acciones que con ese fin se han realizado y se propone realizar, pero exceptuando a los que tienen como propósito continuar beneficiándose de ella, nadie podría estar en desacuerdo con el propósito.

Como mexicanos nos sentimos avergonzados de que nuestro país se haya colocado entre los países que ostentan los más altos niveles de corrupción y que una de las  múltiples causas que ha  permitido llegar a esa situación, sea la impunidad.

Nuestro sistema de gobierno es democrático, representativo y con división de poderes, lo cual facilitaría operar con transparencia y con apego a la Ley, ya que los tres Poderes habrían de controlarse mutuamente, sin embargo, no siempre cada Poder se ha desempeñado conforme a las leyes que lo norman y si esto se ha dado en los más altos niveles del Poder, ¿qué se podría esperar del resto de las instituciones?

En el siglo XX, el capitalismo se expandió progresivamente, sin solucionar el problema de la pobreza. La modernidad separó la ética de la política; al principio se buscó encontrar el vínculo del planteamiento ético-teórico en la acción política; se reclamaban normas éticas claras que permitieran distinguir las acciones desviadas, con el fin de aplicar las sanciones correspondientes. El reclamo ético finalmente tuvo como respuesta la Ley.

Como conjunto, aceptando que siempre han existido excepciones, las autoridades mexicanas, desde los tiempos de la Colonia, tienen fama de corruptas; de tener un sentido patrimonialista de sus cargos y para lograr que éstos sirvan a sus intereses personales se han ingeniado para violar las leyes.

La corrupción es un problema de los individuos que muestran conductas ilícitas y es también el resultado de un sistema y de una sociedad que no funciona en forma apropiada. En México se han creado mecanismos perversos de incentivos, los cuales permiten que los beneficios por cometer actos de corrupción, sean superiores a los posibles costos relacionados con tales actos. Para obtener dichos beneficios, muchos funcionarios se han ingeniado para burlar las leyes o para aparentar su cumplimiento. La cultura del sector público ha sido el resultado de la interacción de los incentivos del sistema con los valores de la sociedad.

México ya dispone de un marco normativo con instrumentos jurídicos que pueden perfeccionarse, pero que serían suficientes para lograr un nivel aceptable de transparencia y rendición de cuentas en la administración pública, así como para fincar responsabilidades y aplicar las sanciones correspondientes. Sin embargo, se ha demostrado que todo eso no ha servido para impedir que México llegara a tan altos índices de corrupción; es difícil que el poder se castigue a sí mismo o a los suyos. Se requerirá seleccionar a los Funcionarios; ser muy estrictos con la rendición de cuentas, y eliminar la impunidad.

No hay que olvidar que lo que se aprende en los primeros años de vida queda indeleble en la conciencia. Sería útil que la escuela enseñe  honestidad desde el Pre-escolar hasta la educación básica Y reforzarla analizando la realidad en la educación superior.

Las escuelas de Educación básica podrían colaborar también dando orientación a los padres de familia para que refuercen en sus hijos las conductas de honestidad.

Eliminar las prácticas que llevan a la corrupción y abatir la impunidad, no son tareas fáciles, si el propósito del Presidente es firme, requerirá del apoyo de todo su equipo de trabajo y contar con la colaboración responsable de todos los Funcionarios Públicos y de toda la sociedad.

 

María Elena A. de Vicencio
Doctora en Ciencias Políticas
melenavicencio@hotmail.com

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