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Adiós Sean Connery, más que un agente secreto un símbolo de masculinidad 

Luto. El histrión británico falleció durante la noche de este viernes a la edad de 90 años 

Adiós Sean Connery, más que un agente secreto un símbolo de masculinidad  | La Crónica de Hoy

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“El ingenio y encanto que lució en la pantalla podían medirse en megavatios: ayudó a crear el taquillazo moderno”: Daniel Craig

El sonido de las aves marinas que acompañan el ritmo de las olas enroscándose a la orilla de la costa, parece ser la banda sonora perfecta para un hombre que se encuentra alejado de todos, completamente solo y en quietud, posado sobre un camastro playero. Su blanca barba y los pliegues en su rostro delatan su avanzada edad, pero pese a ese peculiar ceño fruncido que enmarca unas tupidas y expresivas cejas canosas, esa inolvidable mirada declama templanza y gratitud, como de quien lo tuvo todo y más de lo que pudo desear o imaginar…

Así imagino que fueron los últimos 9 años en la vida de Sean Connery, el legendario histrión que, más que un agente secreto, fue un extraordinario actor al que los Premios de la Academia no le hicieron justicia —como a una larga lista de intérpretes aún vigentes—, por sus más de 60 años de trayectoria artística.

Aunque todos los obituarios destaquen la personalidad que le impregnó al personaje de Ian Fleming (1908-1964), Sean Connery, no solo fue el segundo intérprete del agente secreto James Bond —para la televisión, el actor Barry Nelson lo interpretó en Casino Royale (1954)—, sino el primero en inmortalizarlo hasta en siete películas; quien falleció la noche del viernes 30 de octubre del presente año, en Nasáu, capital de las Bahamas —el pequeño paraíso terrenal donde decidió jubilarse del mundo del espectáculo y la vida pública desde 2011—; a la edad de 90 años, según informó la BBC.

“Es un día triste para todos los que conocían y querían a mi padre, y una triste pérdida para toda la gente que disfrutó del don maravilloso que tuvo como actor”, declaró su hijo, el también actor, Jason Connery. La familia organizará una ceremonia privada para despedirle y un homenaje en su memoria “cuando el coronavirus haya terminado”.

Con una exitosa carrea cimentada principalmente durante las décadas de los años 60 y 70, Sean Connery (Edimburgo, 1930), se convirtió en uno de los íconos de masculinidad de la segunda mitad del siglo XX; prueba de ello fue la colaboración que realizó con la marca Louis Vuitton para la campaña Core Values (Valores esenciales), siendo la sexta serie de retratos que la marca realizó, la cual corrió a cargo de la fotógrafa Annie Leibovitz. Al pie de foto se lee la frase: “There are journeys that turn into legends”, que se traduce como “hay viajes que se convierten en leyenda”.

Su hábil interpretación del Agente 007, le abrió las puertas a otros filmes de acción y aventura como The man who would be king, (1975), Robin and Marian (1976) o The wind and the lion (1975). No obstante, su popularidad y reconocimiento dentro de la industria del séptimo arte se dio a finales de los años ochenta; con el único Óscar que obtuvo como Mejor actor de reparto, gracias a su interpretación de un duro y veterano policía en The Untouchables en 1987.

Además de esa película, otros papeles como el de padre de Harrison Ford en Indiana Jones and The Last Crusade (1989), o el de capitán de un submarino soviético en The Hunt for Red October (1990) cimentaron su prestigio entre las nuevas generaciones, sin perder un ápice de su magnetismo.

Hijo de un camionero y una limpiadora, desde niño se empleó en todo tipo de trabajos alimenticios para ganarse la vida hasta lograr la oportunidad de debutar en el cine a finales de los años 50 con papeles habitualmente secundarios.

Connery, que celebró sus 90 años en agosto, se retiró de la actuación en 2006. Si bien, su fructífera carrera siempre quedó a salvo, incluso tras sus últimos desastres de taquilla que le llevaron a retirarse en 2003; sus apariciones mostraban habitualmente a un hombre taciturno, proclive a las imprecaciones, y en no pocos sentidos, contradictorio.

Siempre fiel a su Escocia natal, sus humildes orígenes imprimieron en él un carácter fuerte, con gran sentido de clase, y lo llevaron a adoptar en público posiciones controvertidas. Fue un defensor apasionado de la causa independentista escocesa y fundador de una ONG en su tierra natal para ayudar a niños desfavorecidos, Connery llevaba ya muchos años establecido en el paraíso fiscal de Bahamas, donde disfrutaba jugando al golf.

Muy implicado en la causa, aprovechó momentos como la ceremonia en la que la reina Isabel le nombró caballero, en la que apareció con falda escocesa, para reivindicar sus orígenes. La ministra principal de Escocia, la nacionalista Nicola Sturgeon, se mostró en Twitter “desconsolada” por la muerte de “uno de los hijos más queridos de nuestra nación”.

“Fue una leyenda global, pero, ante todo, un escocés patriota y orgulloso. Su imponente presencia en la apertura del Parlamento escocés en 1999 mostró su amor por su país de nacimiento. Sean fue un defensor toda su vida de una Escocia independiente y quienes compartimos esa creencia tenemos una deuda de gratitud con él”, dijo.

Su mayor virtud probablemente sea la de haber hecho perdurar su carrera a través de las generaciones. No es de extrañar, por tanto, que su seductora personalidad atrajese a todo tipo de público y de todas las edades.

La suya no fue una carrera jalonada por los premios ni ensalzada por los directores de culto. Aunque rodó con John Huston, Brian de Palma, Sidney Lumet o Alfred Hitchcock —en Marnie (1964)— gozó más del aplauso del público que de la crítica, en una filmografía llena de películas cuya sola presencia ya hacía taquilleras.

Los ha habido más grandes, pero pocos con esa capacidad de aparecer en tal cantidad de películas inolvidables para el espectador. Muchas de ellas, aventuras más grandes que el cine.

La recta final de su carrera, ya en torno a los 60 años, le procuró una nueva generación de seguidores, entusiasmados por ese hombre calvo sin complejos —que le llevó un tiempo aceptar— que seguía dominando la pantalla con su presencia en cintas de acción y aventuras.

“El ingenio y encanto que lució en la pantalla podían medirse en megavatios: ayudó a crear el taquillazo moderno”, expresó su heredero como 007, el actor Daniel Craig.

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