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Agonizan restaurantes en el Centro Histórico

Agonizan restaurantes en el Centro Histórico | La Crónica de Hoy

Foto Alberto García

“Pásele, pásele, aproveche, que estamos al 2x1 pásenle”, suplica Lizeth con voz entrecortada afuera del restaurante Potzollcalli, dado que es poca la gente que recorre las calles del Centro Histórico por la emergencia sanitaria.

Una pareja camina sobre la calle de Tacuba e ignora el llamado de Lizeth para meterse a los Tacos Tlaquepaque y comer unos de suadero y un par de cocas; la calle esta desierta y es porque los uniformados restringen los accesos a ésta, debido a que la ciudad se encuentra en semáforo rojo.

Una grabación constante rompe el silencio que gobierna en la calle de Tacuba, son unos pequeños altoparlantes que repiten una y otra vez el mensaje: “Alerta, alerta, estás ingresando a una zona con emergencia sanitaria por el COVID-19”, para luego dar una serie de recomendaciones que pocas personas respetan.

Los restaurantes como El Cardenal y Sanborns de la calle Palma mantienen grandes letreros que relucen a la vista con la leyenda: “Comida sólo para llevar”.

Mientras tanto, en la calle Motolinia, al taquero ambulante lo tiene sin cuidado las restricciones sanitarias, ya que su fiel clientela acepta la oferta de “5x$20”.

“La ventaja es que aquí no nos toman la temperatura, ni nos obligan a usar el cubrebocas, son más rápidos y baratos”, comenta con sonrisa Lupita, empleada de una tienda aledaña, mientras le sirven sus tacos con mucha piña y poca salsa.

A las afueras del pequeño puesto se encuentra don Lucio, quien invita a la gente que camina sobre la desolada calle, acompañada de los gritos de volanteros de las ópticas.

Los locales de zapaterías, joyería, ropa y telas, que se encuentran en esa misma zona, permanecen cerrados; son pocas las tiendas que mantienen su actividad “normal”, aunque son contados los clientes que ingresan en ellas.

Los restaurantes, sin importar el tamaño, también registran movimiento; sin embargo, solamente para vender comida para llevar, por lo que afuera de los inmuebles están estacionados repartidores en bicicleta o moto, que esperan sus pedidos.

A pesar de haber anunciado su cierre por tiempo indefinido, la cafetería La pagoda hace un último esfuerzo para sacar a flote el negocio que con más de 20 años ha atendido a cientos de comensales.

 

“Adelante, pásele, tenemos para llevar”, grita Jorge a fuera del pequeño establecimiento. Al igual que los demás comercios en la zona este también se ve afectado por el poco flujo de personas, lo que no desmotiva a los empleados quienes con una sonrisa en el rostro invitan a las personas a pasar.   

“Definitivamente este virus nos jodió por donde se le vea”, comenta doña Magda, quien lleva barriendo las calles del centro por más de 10 años.

Señala que si hay personas en la calle es porque los accesos del Metro Allende están cerrados, no hay organilleros en las calles, el bullicio del Centro desapareció y ahora un manto de depresión y tristeza se posa en las calles de esta zona.

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