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Alejandro Sanz: el camaleón que tripuló la nave del olvido

El Foro Sol de la Ciudad de México presenció un espectáculo de alto nivel, orquestado por el cantautor madrileño Alejandro Sanz, el cual avaló la calidad que ha conseguido a lo largo de sus más de 30 años de carrera artística –desde que inició bajo el seudónimo de Alejandro Magno–, los cuales lo han hecho acreedor a 20 premios Grammy Latino y tres Grammy (americanos).

Alejandro Sanz: el camaleón que tripuló la nave del olvido | La Crónica de Hoy

Fotos: (Daniel Luna)

El Foro Sol de la Ciudad de México presenció un espectáculo de alto nivel, orquestado por el cantautor madrileño Alejandro Sanz, el cual avaló la calidad que ha conseguido a lo largo de sus más de 30 años de carrera artística –desde que inició bajo el seudónimo de Alejandro Magno–, los cuales lo han hecho acreedor a 20 premios Grammy Latino y tres Grammy (americanos).  

El concierto fue parte de La Gira, show con el que arrancó en su natal España y con el que pasó por Estados Unidos, a propósito de la promoción de su más reciente producción y la decimosegunda, titulada simplemente como El Disco, publicada el pasado 4 de abril y con la que ha conseguido Doble Disco de Platino en España, colocándose en la primera posición de los listados en 14 países.

Sin embargo, temas de otros materiales también tuvieron cabida: Viviendo Deprisa (1991), 3 (1995), Más (1997), El Alma al Aire (2000), No Es Lo Mismo (2003), Paraíso Express (2009), La Música No Se Toca (2012), Sirope (2015), Deja Que Te Bese (2016) y No Tengo Nada (2018).

Independientemente de lo rentable que es la melancolía para la industria musical, pocos artistas de su generación han logrado mantenerse vigentes. A través de la combinación de distintos ritmos como flamenco, salsa, funk o pop, Sanz crea música para distintas generaciones con el mismo impacto con que sonaron por primera vez canciones como “Lo que fui es lo que soy” en 1991.

Pero el pasado 7 de noviembre el Foro Sol no solo vio resurgir dichos temas, sino que fueron desempolvados con arreglos musicales que les dieron otro aire, una vibración distinta a cuando nacieron, como si con el tiempo las canciones hubieran madurado a la par que lo hizo su autor.

El concierto fue la confirmación del concepto en el que se ha convertido Alejandro Sanz, el cual no solo es mérito del cantante español, sino de los 12 músicos que lo acompañan, autodenominados “La Banda”. Quienes añaden su propia sensibilidad a cada canción, ya sea a partir de la voz, como en el caso de Karina Pasian, quien logró hacer una buena versión del tema “Looking for Paradise”, originalmente interpretado por la estadounidense Alicia Keys; así como a través de los instrumentos, tal es el caso del guitarrista Michael Ciro, quien además lo acompaña desde hace varios años como su arreglista.

Así destacan también Alfonso Pérez (director musical, piano, guitarra y coros), Helen De La Rosa (batería), Brigitte Sosa (bajo y teclado), Pau Figueres (guitarra y coros), Glenda del E (piano, teclados y coros), Chris Hierro (órgano, teclados y coros), Crystal Torres (trompeta), Carlos Martín (trombón, trompeta y percusión), Vic Mirallas (saxofón, piano, guitarra y coros) y Txell Sust (coros).

Algo que siempre ha caracterizado a Sanz es el reconocimiento público a quienes lo acompañan en cada tour. En esta ocasión las pantallas colocadas sobre el escenario proyectaron al inicio del concierto, una presentación formal de “La Banda”, su familia durante La Gira. Quienes rompieron con la cultura de anonimato en la que usualmente viven los músicos que acompañan a los artistas principales durante los conciertos. Contrario a ello, Sanz los invitó a dejar ese espacio común bajo los reflectores, para unirse a él siendo protagonistas de los diferentes momentos de la velada, convirtiéndose así en agentes activos durante toda la presentación, que a ratos desfilaban por el pasillo colocado frente al escenario, interactuando con el público y brillando por sí solos y en conjunto.  

Esa es la sencillez con que Alejandro Sanz ha sabido ganarse al público de distintas latitudes, permitiendo que otros brillen para poder resplandecer con ellos. Es en esa cercanía donde radica su éxito. Sin importar el aforo, logró conectar con cada persona, desde la que se encontró en la primera fila de asientos próximos al escenario, hasta aquella alma conmovida que a través del celular deseó capturar un pequeño fragmento del tema de su preferencia desde el lugar más elevado de las gradas.

Por ello no fue de extrañar que complementara su peculiar voz con un toque femenino, invitando al escenario a las cantantes Paty Cantú, Ximena Sariñana y Mon Laferte, tres voces distintas, seleccionadas de acuerdo a la esencia de cada tema: “No tengo nada", "Quisiera ser" y "Mi soledad y yo", respectivamente, siendo este último, uno de los duetos más acertados, pues la peculiar desgarradora voz de la chilena añadió un toque desolador al melancólico tema.

Como si no fuera suficiente, justo antes de concluir el concierto tuvo a bien apropiarse breve y respetuosamente de uno de los temas más emblemáticos de El Príncipe de la Canción, "La nave del olvido". Fuera de ser una interpretación que se suma a la incontable cantidad de homenajes que ha recibido José José desde su partida, hizo suya la canción valiéndose únicamente del piano del que disponían sus manos; sin pretender replicar a su primer intérprete, sino impregnándole su esencia, misma que logra camuflarse con la cultura de cada país que pisa.

Con ese nivel musical, su paso por el país incluye 11 presentaciones en distintas localidades, como Querétaro, Monterrey, Torreón, Puebla, Mérida, Veracruz, León y Ciudad de México, para concluir en Guadalajara, Hermosillo y Los Cabos.

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