Opinión


AMLO, el estadista

AMLO, el estadista | La Crónica de Hoy

Nunca antes se habían visto en México, como ahora con la 4T, tantos cambios de fondo y forma en tan poco tiempo en la Presidencia de la República. 
Son notables las modificaciones, de fondo y forma, que el Presidente Andrés Manuel López Obrador ha hecho en el país, incluyendo, al Informe Presidencial del 1 de septiembre.   
En sus primer año nueve meses de gobierno todos los adultos mayores tienen derecho a una pensión, erradicó los lujos del gobierno, encabeza un combate implacable contra la corrupción, no ha habido aumento de impuestos ni devaluación de nuestra moneda.   
Pero me voy a referir, tan solo a los cambios en el Informe Presidencial.  Sus antecesores se caracterizaron por los gastos excesivos, las excentricidades, las fiestas fastuosas y, lo más grave de todo, el ocultamiento de la realidad y de la corrupción a los mexicanos.  
De hecho, en los años de la preeminencia del partido único, la obligación de informar al pueblo se convirtió en un ritual para alabar, vitorear y adular al Presidente en turno. 
Todos los informes eran iguales, diseñados exclusivamente para el lucimiento del Jefe del Ejecutivo, en una especie de monólogo ininteligible, aburrido y que, con los años, se convirtió en insultante para los gobernados. 
Cada informe, como si fuese confeccionado en serie, recitaban las mismas mentiras, promesas y “logros” inconexos para marear a los gobernados. 
Después, con el fortalecimiento de la oposición, los presidentes que siguieron tuvieron que bajarle al rito dos rayitas, pero seguimos viendo gran derroche en producción de spots, grandes comilonas, compra de propaganda, promoción masiva y hasta de conciencias de comunicadores.  
Lo peor de todo es que los contenidos tampoco cambiaron mucho. Los presidentes de principios del nuevo milenio también utilizaron la oratoria grandilocuente, estilizada, estudiada y plagada de silogismos para impresionar y engatusar a las audiencias. 
Todo lo opuesto a sus antecesores, Andrés Manuel López Obrador cambió de raíz el paradigma del Informe de Gobierno.    
Lo primero que hizo es institucionalizar la austeridad. Redujo el gasto en producción de spots, canceló el despilfarro en comilonas, gastos superfluos en compra de espacios y conciencias en medios de masivos de comunicación. 
Otro cambio sustantivo es que ahora el primer mandatario habla con lenguaje sencillo, claro y directo, sin ambages. Sin privilegiar la retórica ni los alardes oratorios de sus antecesores. 
El presidente refuerza su discurso con datos duros, referencias comprobables, pasajes históricos y, desde luego, recurre a la política para diferenciarse de sus opositores y antecesores.    
Pero no utiliza ni manipula, como los anteriores mandatarios, con datos aislados, frases hechas y lugares comunes inconexos y desvinculados de la realidad. 
Con estos cambios esenciales, el rito del 1 de Septiembre del ayer, quedará sepultado en el anecdotario histórico y los mexicanos habremos escalado un peldaño más hacia la honestidad y claridad informativa que tanto nos hacía falta.  
Muchas cosas han mejorado en México desde que llegó Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de la república y, como lo reconfirmaremos mañana, una de ellas es el Informe Presidencial. 

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