Opinión


AMLO: Lo bueno, lo malo y lo feo

 AMLO: Lo bueno, lo malo y lo feo | La Crónica de Hoy

El lunes 26 de agosto, en la emisión vespertina de Radio Centro (97.7 F.M., que conduce Jesús Escobar, este amable conductor me hizo una entrevista sobre el presidente Andrés Manuel López Obrador y lo que se espera de su primer Informe de Gobierno. Informe que, por ley, debe presentar ante el Congreso de la Unión el 1 de septiembre. Jesús me propuso hablar sobre “lo bueno, lo malo y lo feo” de AMLO.

Esta fórmula para llevar a cabo la conversación está inspirada en la famosa película de Sergio Leone, El bueno, el malo y el feo (1966), en la que los papeles protagónicos estuvieron a cargo de Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Wallach. Expresé mi parecer en ese orden. Lo que quisiera hacer aquí es precisar y ampliar algunas ideas sobre el tema.

Lo bueno: dije que en las elecciones celebradas en nuestro país el 1 de julio de 2018 había prevalecido la institucionalidad y la legalidad. No sólo estuvo en juego la Presidencia de la República sino también la renovación completa tanto de la Cámara de Diputados como de la Cámara de Senadores.

Hubo 89 millones de ciudadanos inscritos en el padrón electoral; de esa cantidad, 56 millones fueron a las urnas; es decir, hubo una participación del 63 por ciento. Aproximadamente 30 millones de ciudadanos sufragaron a favor de López Obrador, el 53 por ciento de quienes participaron. (Tómese en cuenta que, por las razones que sean, 59 millones de mexicanos no votaron por AMLO).

Morena, como sabemos, arrasó: la coalición Juntos Haremos Historia domina las dos cámaras legislativas, se llevó las dos gobernaturas en disputa, Puebla y Baja California, más 19 congresos locales.

A ese comentario, centrado en la solidez institucional, ahora yo agregaría que se le debe reconocer a López Obrador la perseverancia; no haberse doblegado ante la adversidad: 2006 y 2012 los resultados oficiales no lo favorecieron.

A esto también agregaría el hecho positivo de haberle arrebatado el poder a los tecnócratas, quienes le impusieron al país, desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), el modelo neoliberal. Ese modelo privilegió la concentración de la riqueza en unas cuantas familias y, en consecuencia, ahondó las desigualdades sociales. Esos tecnócratas se desentendieron del “problema social”: más de 50 millones de mexicanos cayeron en la pobreza.

Lo malo: en la entrevista con Jesús Escobar señalé que el problema más preocupante que tenemos ahora es la voracidad de AMLO por concentrar el poder en su persona. Medidas como nombrar a los superdelegados en las entidades de la república son sintomáticas de esa estrategia. El tabasqueño está transgrediendo el federalismo: no tiene porqué poner a una especie de virreyes en los estados para que ellos centralicen y gestionen los recursos de la Federación. En los hechos suplantan a los gobernadores.

Preocupa que esté afectando al federalismo que fue pensado para ser un contrapeso al poder central. En esa misma tesitura, AMLO está tratando de debilitar la división de poderes: al Legislativo ya lo tiene postrado a sus pies; está socavando al Judicial.

La democracia liberal tiene como una de sus premisas fundamentales el estado de derecho, que se plasma en la superioridad de la ley sobre el poder. Tal es el sentido más profundo del Constitucionalismo. Es conocida la postura adoptada por El Peje en el sentido de que, para él, la justicia es superior a la ley. Una argucia para escapar de la obligación de subordinarse a la norma jurídica porque, en última instancia, en esas condiciones ¿quién tiene la capacidad para definir lo que es justo o injusto? Pues obviamente el hombre que está en la cúspide.

Otra cosa que yo agregaría —y que no dije en la entrevista radiofónica— fue que AMLO está polarizando a los mexicanos, entre chairos y fifís, conservadores y lopezobradoristas, entre la mafia del poder y el pueblo bueno. Se trata de una estrategia típica de los autócratas populistas: dividir a las sociedades, crear bandos opuestos, atizar los conflictos, romper la unidad, crear un enemigo. No hay duda, López Obrador, junto con sus operadores y propagandistas, han logrado tal propósito. 

Lo feo: a Jesús Escobar le señalé que en este rubro se había visto mal la actitud sumisa adoptada por López Obrador ante el gobierno norteamericano en torno al problema de los migrantes centroamericanos. Da vergüenza la manera en que AMLO ha eludido defender la soberanía y el decoro de la nación frente a Trump, un energúmeno, buscapleitos, que ha puesto al mundo de cabeza.

En política exterior el tabasqueño ha mostrado una actitud timorata. Por ejemplo, no asistió a la Cumbre del Grupo de los 20 países más ricos del mundo que se llevó a cabo en Osaka, Japón, el 28 y 29 de junio. Ese retraimiento resulta más inexplicable y condenable en la medida en que hoy más que nunca la frontera entre la política nacional y la política internacional se está desvaneciendo.

Los mexicanos no nos podemos aislar del mundo; es imposible, aunque así lo quiere el mandamás en turno.

 

 

 

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