Opinión


AMLO y el desabasto de gasolina

AMLO y el desabasto de gasolina | La Crónica de Hoy

Supongo que algunos de los académicos que fueron profesores de Andrés Manuel López Obrador en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM están avergonzados por los errores garrafales cometidos por su exalumno. El tabasqueño está haciendo lo contrario de lo que—presumiblemente—aprendió cuando cursó la licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública (especialidad en Administración Pública). Título que obtuvo quince años después de haber ingresado a ese centro de educación superior.

Por sólo citar un caso: en la carrera de Administración Pública llevábamos la materia “Sistema Logístico” que trataba, principalmente, del abasto del campo y la ciudad. Lo primero que nos enseñaron en esa clase fue que, para echar a andar una determinada acción gubernamental, era indispensable diseñar, planear, organizar, y coordinar las actividades previamente concebidas. Lo complejo de esa materia era poner en acto y orquestar los recursos humanos, económicos, materiales, técnicos. Nos daban ejemplos prácticos.

Ninguno de esos factores operativos ha sido tomado en consideración al momento de echar a andar el combate contra el robo de gasolina. Todo se ha hecho improvisadamente: si los delincuentes ordeñan los ductos, pues cerramos los ductos y asunto arreglado. ¿Y los usuarios? Que se sacrifiquen. Así de simple, pero también así de arbitrario.

López Obrador prometió en campaña acabar con la corrupción. Yo creí que recurriría a lo que (presumiblemente) aprendió en las aulas universitarias. ¡Gran decepción! El Presidente ha pasado por alto todo lo que sus maestros le enseñaron.

La soberbia lo cegó: dijo en campaña: “al llegar yo al poder, se acabarán los malos manejos.” Conviene evocar el título del libro de Augusto Roa Bastos Yo el supremo. AMLO no trazó algún mapa de riesgos; tampoco, recurrió a la “investigación de operaciones”.

Aclaro: nadie cuestiona la necesidad de enfrentar la corrupción y el robo de combustible; rescatar a Pemex de la rapiña. Lo que se le olvidó al tabasqueño fue que para ello no solamente se necesita voluntad, sino también destreza en el manejo del aparato gubernamental.

Dicho en pocas palabras: si López Obrador sabía que iba a cerrar los ductos y que esa medida provocaría desabasto, por deducción lógica había que tomar previsiones para que no hubiera escasez de combustible. Pues no procedió así: el Presidente está dando palos de ciego con las consecuentes molestias y enojos de los usuarios.

Pero, no importa: en el mundo de López Obrador ese disgusto social puede borrarse de un plumazo: en la conferencia matutina del lunes 14 de enero el hombre de Macuspana dijo: “Y por adelantado agradecerle a la gente, a todos los mexicanos. Se han portado más que bien, han ayudado, se ha entendido que la transformación de México requiere de la participación de todas y todos.

“Tengo que agradecer eso. Me siento muy respaldado, así me lo expresan en la calle, puedo hasta estar en una gasolinera, que se están padeciendo molestias y la gente lo que me dice es: ‘Ni un paso atrás, no afloje’, y yo lo que les contesto es que: ‘El que se aflige, se afloja’. No nos vamos a afligir para acabar con la corrupción en el país.”

Estas palabras evidencian el talante populista de El Peje; vale decir, los líderes populistas siempre hablan a nombre del pueblo como si éste fuera una unidad compacta, sin fisuras. Los que no comulgan con sus ideas son el “no-pueblo”. Quienes están en desacuerdo no merecen ser mencionados; es la política de la exclusión y la polarización.

Así es como se ha puesto de moda la “posverdad” y los “hechos alternativos”. El autócrata interpreta lo que ocurre según criterios de conveniencia y oportunidad, aunque vayan en contra de la evidencia. Sus adeptos se encargarán de reproducir su discurso a pie juntillas. Como autómatas.

La tarea de quienes no comparten esa forma de ver la política es desmentir al líder populista. En primer lugar, como hemos insistido aquí, no tenía por qué haber desabasto: con una buena planeación se hubiera evitado que millones de personas se vieran afectadas en estados como Jalisco, Michoacán, Guanajuato, Querétaro, Estado de México y la Ciudad de México; 2) No es cierto que “los mexicanos” en su conjunto estén apoyando esta medida y que acepten estoicamente el sacrificio que ella implica simplemente porque, según López Obrador, era la única alternativa posible.

La empresa Mitofsky, encabezada por Roy Campos, hizo una encuesta para conocer la opinión de las personas sobre el problema del desabasto de combustible: “50% consideró que los ciudadanos deben apoyar estas medidas aunque deban padecer los problemas de abasto de gasolina, mientras que 39.3% piensa que se debe exigir la regulación del suministro de combustible de inmediato y que el gobierno debe buscar otras formas de combatir el huachicoleo.” (El Economista, 14-I-2019).

En consecuencia, es falso que todos apoyen a López Obrador y sus medidas hechas a la zumba marumba. La democracia es el gobierno de la mayoría que respeta y reconoce a la minoría.

La demagogia no puede ocultar la verdad. Nuestros maestros no nos enseñaron ni a mentir ni a manipular.

 

Twitter:@jfsantillan

Mail:jfsantillan@tec.mx

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