Opinión


Ana y las “medias verdades” (O, la libertad de “destrucción”)

Ana y las “medias verdades” (O, la libertad de “destrucción”) | La Crónica de Hoy

Voy a omitir al medio que lo publicó, pero al final de cuentas mucha gente va a saber de qué estoy hablando porque las redes sociales se han ido distorsionando en sus objetivos de tal manera, que cualquiera se siente paparazzi y cualquiera cree que por tener el derecho a la libre expresión, también tiene el derecho a la “libre destrucción”.

Es evidente, muy evidente, que Ana Gabriela Guevara, ahora titular de la CONADE, anda con un pie en Sonora y otro en el Sur de Ciudad de México, es decir, mientras sigue atendiendo a su sueño de algún día ser gobernadora de su natal estado de Sonora, trata de poner en orden sus ideas para controlar al deporte mexicano, que según me decía ella misma hace 11 años y unos días, estaba enfermo y en fase terminal, por la desatención de la secretaria de Educación Josefina Vázquez Mota, su jefe, el presidente Felipe Calderón y en cierta medida por Carlos Hermosillo, quien era el titular del organismo que ahora dirige la propia Ana.

Ayer, y luego de que el presidente López Obrador casi le tuvo que hacer “manita de puerco” a varios de sus colaboradores, nos les quedó de otra que publicar completa su declaración patrimonial. Debo de señalar que no sé en qué momento exacto, pero Ana publicó y está disponible su declaración en el sistema de transparencia de servidores públicos.

La nota que “twitteó” un conocido diario de circulación nacional, señalaba con un falaz enfoque que Ana es dueña de dos vehículos de lujo Mercedes-Benz, lo que a simple vista nos diría que, la exdirectora del deporte de la Ciudad de México, exsenadora y exdiputada, o le va muy bien, o ha transado muy bien… Las dos afirmaciones serían temerarias, pero la última sería además de todo, mentirosa.

La ventaja de ser periodista y no deberle favores a nadie, es que puede uno decir las cosas, buenas y malas, y en mi muy particular caso puedo decir que a costa de mi cartera he estado presente en muchos, es más, en todos los eventos deportivos más importantes del mundo de al menos, las últimas dos décadas.

Eso incluye haber perseguido primero y seguido simplemente después a la ahora flamante funcionaria de la CONADE por casi todos los rincones del mundo. En los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 y Atenas 2004, en los Panamericanos de Winnipeg 99, Santo Domingo 2003 y Río de Janeiro 2007. Estuve cerca de ella en Edmonton en el 2001 y luego con ella en París 2003 (transmití con cargo a mi bolsillo la épica carrera cuando se coronó campeona mundial de los 400 metros) y luego en Helsinki en el 2005 (el campeón olímpico Ernesto Canto no me dejará mentir, pues él me acompañó), y en su cuarto y último campeonato mundial en Osaka en Japón, donde Rafa Soto, uno de sus más cercanos colaboradores puede atestiguar que colaboré incluso para obtener material fotográfico especial para la cobertura de este diario y del Ovaciones (en donde era Director Adjunto).

Puedo agregar sus concentraciones en España, Francia y Eslovenia, carreras en Zúrich y en Londres, y fui el primero en la fila cuando anunció que se iba del deporte en enero del 2008. O sea, es muy difícil que alguien me pueda decir algo de Ana que yo no sepa.

Y para información de quienes no lo saben, también fui el primer periodista al que le “presumió” su flamante Smart de 4 plazas en el 2003 (uno de los que se menciona son vehículos de lujo de la marca de la estrellita), cuando se lo acababa de comprar y que ocupó una frase que recuerdo perfecto: “Esta ching... el ‘botecito’ ¿no?”... Acabábamos de comer en un restaurante de Polanco en el que acordamos que haría comentarios exclusivos para Radio Fórmula antes y durante los Juegos Olímpicos de Atenas.

Y también sé que hizo muchos contratos con muchos patrocinadores como Telmex y Banamex y otros de menor renombre y que el dinero que ganó, lo ganó de forma honesta con base en su esfuerzo y no en la transa como sugiere este medio que ocupa una “aguilita” en su logotipo. Nadie le regaló nada aunque muchos “ardidos” así lo suponen, o más bien, se lo “imaginan”.

Los periodistas tenemos muchas obligaciones, una de ellas es no mentir, la otra es no decir las cosas de forma sesgada para que se interpreten de la peor manera por la malpensada forma en que funciona la idiosincrasia mexicana.

No soy su abogado, es más, no sé si me siga considerando su amigo, pero lo que sí sé, es que en medio de las tormentas que hay entre los aciertos y las equivocaciones, podrán criticar mucho a Ana Gabriela Guevara, pero definitivamente, y me consta, nadie puede decirle que lo que posee, mucho o poco, haya llegado por “favores”, “donativos” o “casualidades”....

Esta es la otra mitad que no se dijo, pero que se tiene que decir...

 

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