Opinión


Año 1848: Victor Hugo responde a los recortes de la 4T

Año 1848: Victor Hugo responde a los recortes de la 4T | La Crónica de Hoy

En un viaje que hice recientemente a Chile, escuché a un filósofo italiano (Nuccio Ordine, Diamante, 1958). Las ideas centrales de su conferencia están en el libro de su autoría La Utilidad de lo Inútil (Barcelona, Acantilado, 2013). El título es provocador pues incide en el debate que ha perdurado hasta nuestros días y que han mantenido casi todas las sociedades: la utilidad de los saberes útiles y la inutilidad de los saberes inútiles. El que yo ejerzo, creo que estaría clasificado como un saber inútil. Pero tanto Nuccio Ordine como yo, pensamos que no existirían los saberes útiles sin los saberes inútiles. Leyendo el libro encontré un discurso de Victor Hugo, literato francés de talla universal. Victor Hugo expuso su posición el 10 de diciembre de 1848, ante el senado francés. El título de su discurso es: “La crisis no se supera recortando los fondos para la cultura sino duplicándolos”. Sus palabras representan la firme respuesta frente a la propuesta de los ministros franceses de recortar el financiamiento para la cultura y la ciencia. El escritor decimonónico muestra de manera contundente que disminuir ese gasto es una opción perjudicial y del todo ineficaz. Reproduzco pues, el texto de Victor Hugo (páginas 82 a la 85 del libro de Ordine):

“Afirmo, señores, que las reducciones propuestas en el presupuesto especial de las ciencias, las letras y las artes son doblemente perversas. Son insignificantes desde el punto de vista financiero y nocivas desde todos los demás puntos de vista. Esto es de una evidencia tal que apenas me atrevo a someter a la asamblea el resultado del cálculo proporcional que he realizado. ¿Qué pensarían señores, de un particular que, disfrutando de unos ingresos de 1,500 francos dedicara cada año a su desarrollo intelectual, una suma muy modesta: 5 francos, y, un día de reforma, quisiera ahorrar a costa de su inteligencia seis céntimos?

Un ahorro ridículo para el Estado que, sin embargo, se revela mortal para la vida de bibliotecas, archivos nacionales, conservatorios, escuelas y muchas otras importantes instituciones. Y entre ellas, Hugo cita El Colegio de Francia, el Museo de Historia Natural, la Escuela de Paleografía y numerosos centros culturales de que Francia debería sentirse orgullosa. De un solo plumazo en los presupuestos, los recortes terminarán por humillar a toda la nación y, al mismo tiempo, a las pobres familias de artistas, científicos y poetas abandonadas a su suerte sin ayuda alguna”.

Continúa: “Un artista, un científico, un poeta, un escritor célebre trabaja toda la vida, trabaja sin pensar en enriquecerse, muere y deja a su país mucha gloria con la sola condición de que se proporcione a su viuda e hijos un poco de pan.

Pero error aún más grave es que el rigor del gasto se aplica en el momento equivocado, cuando el país necesitaría, por el contrario, potenciar las actividades culturales y la enseñanza pública: ¿Y qué momento se elige? Aquí está, a mi juicio, el error grave que les señalaba al principio: ¿Qué momento se elige para poner en cuestión a todas las instituciones a la vez? El momento en el que son más necesarias que nunca, el momento en el que en vez de reducirlas, habría que extenderlas y ampliarlas.

Cuando la crisis alcanza a una nación es más necesario que nunca duplicar los fondos destinados a los saberes y a la educación de los jóvenes, para evitar que la sociedad caiga en el abismo de la ignorancia: ¿Cuál es el gran peligro de la situación actual? La ignorancia. La ignorancia aún más que la miseria. ¡Y en un momento como éste, ante un peligro tal, se piensa en atacar, mutilar, socavar todas las instituciones que tienen como objetivo expreso perseguir, combatir, destruir la ignorancia!

A la enseñanza pública le incumbe la delicada tarea de apartar al hombre de las miserias del utilitarismo y educarlo en el amor por el desinterés y por lo bello: hay que levantar el espíritu del hombre, volverlo hacia Dios, hacia la Conciencia, hacia lo bello, lo justo, lo verdadero, hacia lo desinteresado y lo grande. Un objetivo que para ser cumplido requiere medidas opuestas a las adoptadas por los gobiernos precedentes y el actual comité de finanzas, habría que multiplicar las escuelas, las cátedras, las bibliotecas, los museos, los teatros, las librerías, los laboratorios de ciencias. Habría que multiplicar las casas de estudio para niños, las salas de lectura para los hombres, todos los establecimientos, todos los refugios donde se medita, donde se instruye, donde uno se hace mejor; en una palabra, habría que hacer que penetre por todos lados la luz en el espíritu del pueblo, pues son las tinieblas lo que lo pierden.

Victor Hugo fustiga a una clase política obtusa y miope que, creyendo ahorrar dinero, programa la disolución cultural y científica del país y destruye toda forma de excelencia: Han caído en un error deplorable; han pensado que se ahorrarían dinero, pero lo que se ahorran es la gloria”.

¡ Cuánta vigencia tienen las palabras de Victor Hugo! Pero, aclaro, cualquier similitud con nuestra actualidad mexicana, es una  simple coincidencia.

Esta nota es parte del discurso leído en la ceremonia del día 31 de mayo de 2019, cuando tuve el honor de recibir el doctorado honoris causa por la Universidad de Sonora.

 

*Miembro de El Colegio Nacional e Investigador del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM

 

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