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Aplausómetro y desalojo hormiga a medio discurso ante el inclemente sol

José Mujica, expresidente de Uruguay, observaba atento a un López Obrador, dueño y señor del escenario que manejaba a la perfección el timing de su evento, del AMLO-Fest

Aplausómetro y desalojo hormiga a medio discurso ante el inclemente sol  | La Crónica de Hoy

"Auí nos vemos en un año…”, emplazó el presidente Andrés Manuel López Obrador a sus huestes congregadas en el Zócalo en lo que fue el corolario de su fiesta, de su día, del llamado AMLO-Fest y que miles de gargantas, puño en alto, le celebraron y confirmaron con un “Sííííí, aquí nos vemos”.

Un año complicado, con una economía estancada, altos índices de inseguridad, crisis de desabasto de medicinas en hospitales, incluso una marcha de opositores a unos  cuantos kilómetros,  no parecen impactar en el ánimo de sus seguidores y menos opacó el AMLO-Fest donde miles de simpatizantes, otros transportados desde diferentes estados o alcaldías de la ciudad de México, llegaron a escuchar y aplaudir durante una hora y 19 minutos un  recuento de acciones vendidas como logros de este gobierno de la llamada Cuarta Transformación.

Un sol que caía a plomo, y parecía derretir el entusiasmo del monstruo guinda que esperó estoico durante más de cuatro horas bajo ese clima caluroso el discurso de su líder, un discurso planeado para arrancar el aplauso de sus huestes lo mismo por la entrega de becas a jóvenes y adultos mayores, que por su decisión de no arriesgar vidas en el fallido operativo de Culiacán e incluso por el asilo al expresidente de Bolivia Evo Morales, tanto como por los ataques a su villano favorito : el expresidente Felipe Calderón.

“Para nuestros adversarios, tal vez demostramos debilidad, pero nada vale más que la vida de las personas…”, justificó López Obrador y estallaron los aplausos y vivas de la gente.

Uno tras otro cayeron las andanadas de aplausos a diferentes “logros” que presumía López Obrador durante este año y respecto temas como la economía o seguridad  apenas se esbozaron o bien casi pasaron de noche.

El récord de aplausos se rompió o por lo menos se apagó cuando llegó al asunto de salud pública donde el fantasma del  desabasto de medicinas y la crisis hospitalaria recorrió la plancha de la Constitución.

López Obrador aseguró que se destinaron 40 mil millones de pesos para garantizar “lo más pronto posible” medicamentos, análisis clínicos, atención médica y hospitalaria gratuita y de calidad a todos los habitantes de México.  Esperaba una carretada de palmas y ovaciones por ese anuncio pero apenas un débil y pálido aplauso  se escuchó.

Aún está fresca la crisis en el sector salud, donde se ha evidenciado la falta de medicinas en hospitales y toda clase de artículos o materia prima en nosocomios de alta especialidad.

VILLANO FAVORITO. De inmediato López Obrador recurrió a su villano favorito, ese que le reditúa ­carretadas de aplausos y ovaciones cuando lo ataca o le atribuye responsabilidad en temas que no salen bien en su gobierno: el expresidente Felipe Calderón.

El presidente de la República jugaba de local y lo sabía.  Jugaba para las gradas. La sola mención de Felipe Calderón entre sus huestes disparó una lluvia de insultos y chiflidos que aumentó cuando López Obrador lo culpó de la crisis de seguridad que vive México.

“A algunos les da amnesia, pero no debe olvidarse que el 2 de enero de 2007, Felipe Calderón, para tratar de legitimarse luego del fraude electoral, ordenó desde Apatzingán, Michoacán, la participación de las Fuerzas Armadas en lo que denominó “Guerra contra el narcotráfico”. Esta irresponsable decisión condujo a soldados y marinos a una lucha frontal contra la delincuencia organizada, bajo la consigna de ‘limpiar’ como fuera, con ajusticiamientos, masacres o exterminio”, recordó

El Zócalo despertó del letargo y una fuerte silbatina atronó en el considerado corazón político del país con dedicatoria al expresidente de México convertido en el Villano favorito de la 4T.

El asilo al expresidente de Bolivia, Evo Morales mantuvo el clímax del aplausómetro cuando López Obrador justificó que México estaba en contra del supuesto golpe militar en ese país en contra del exgobernante.  De nuevo las carretadas de aplausos y los gritos de apoyo. “¡Evo, Evo!”

José Mujica, expresidente de Uruguay,  observaba atento a un López Obrador, dueño y señor del escenario que manejaba a la perfección el timing de su evento, del AMLO-Fest, aun cuando el quemante sol hacía estragos en sus huestes que empezaban a desalojar el Zócalo a medio discurso.

—“¿Les está afectando el sol?, preguntó al ver hileras de personas que abandonaban el Zócalo.

—“Síííí”—respondieron muchos mientras que otros a la sombra replicaban: “noooooooo”.

—Ya voy a terminar… aplacó  ante el desalojó hormiga que se registraba sobre todo de contingentes de Xochimilco y la CNTE del Estado de México que buscaban la salida para llegar a  los autobuses que los llevaron al Zócalo.

Sin embargo, López Obrador aún tardó otros 40 minutos en concluir su llamado Cuarto informe de gobierno donde enlistó todas y cada una de sus acciones, donde su lucha contra la corrupción y la impunidad se mantuvieron como el eje trasversal del discurso en este primer año de su gobierno, un discurso en el que sólo se dedicó un renglón a reconocer que no se ha crecido en materia económica y que la seguridad se mantiene como el desafío de su gobierno.

El estancamiento de la economía y el aumento de la violencia e inseguridad no se mencionaron por su nombre. Menos la marcha que realizaban miles de opositores al gobierno de López Obrador a pesar de que se llevaba a cabo a unos cuantos kilómetros del Zócalo.

Dos Méxicos, dos visiones de un mismo gobierno, pero aquí en el Zócalo, López Obrador jugó de local y eso siempre cuenta.

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