Opinión


Armando Vega Gil y el hashtag #MeToo

Armando Vega Gil y el hashtag #MeToo | La Crónica de Hoy

El suicidio del cantautor Armando Vega Gil, miembro del grupo de rock Botellita de Jerez, ha causado estupor. Este lamentable acontecimiento se registró el 1 de abril, catorce horas después de que este músico fuese denunciado por, supuestamente, haber acosado y abusado sexualmente de una menor de edad.

Momentos antes de quitarse la vida, Armando publicó una carta de despedida: “Buenas noches a todas y a todos. Hace unas horas, en la cuenta de twitter #MeTooMusicosMexicanos, una chica me acusa de abuso y acoso. Ella narra que el episodio ocurrió cuando tenía 13 años lo cual hace que esto se vuelva grave, muy grave. Bien, lo afirmo categóricamente, dicha acusación es falsa…Debo aclarar que mi muerte no es una confesión de culpabilidad, todo lo contrario, es una radical declaración de inocencia; sólo quiero dejar limpio el camino que transite mi hijo en el futuro…No se culpe, pues, a nadie de mi muerte: esta —el suicidio— es una decisión voluntaria, consciente, libre y personal.”

Luego de darse a conocer la muerte de Vega Gil, las redes sociales se encendieron. Los mensajes señalaron como responsables a quienes permitieron que se difundiera una acusación anónima con la divisa de ese hashtag.

A una semana del fallecimiento de su compañero, Botellita de Jerez difundió un pronunciamiento. Allí se afirma que el movimiento #MeToo no es culpable del suicidio de su amigo y que tampoco puede ser usado para generar emulaciones como un #MeTooHombres. La banda de rock hace explícita su oposición “a la violencia contra las mujeres, expresada en acoso, hostigamiento, violaciones y bárbaras expresiones de misoginia, como los nefastos feminicidios.” Hace un llamado “a no caer en provocaciones y polarizaciones.” (Eje Central, 9 de abril de 2019).

Convengamos en que las redes sociales son un arma de doble filo: De una parte, constituyen el fenómeno de comunicación más importante de nuestra época; por ejemplo, la Revolución árabe de 2011 no puede entenderse sin el concurso de internet. Por otra parte, han sido un vehículo para canalizar las peores infamias, amenazas y manipulaciones; como dijo Umberto Eco: “Las redes sociales dan voz a legiones de idiotas.”

En el caso del suicidio de Vega Gil es imperativo poner las cosas es claro: una denuncia anónima publicada en ­Twitter empujó a este músico a quitarse la vida. En consecuencia, es imperativo tomar en cuenta el llamado de Botellita de Jerez para que en esos espacios haya “filtros, protocolos, normatividades internas y marco ético.” En efecto, las redes sociales deben estar reguladas porque hoy son tierra de nadie: de ser espacios en los que, supuestamente, debería reinar la libre circulación de las ideas, en realidad, allí se han colado la intolerancia y el fanatismo, aparte de la manipulación de intereses de todo tipo. Pensemos, simplemente en la intromisión rusa en las elecciones presidenciales norteamericanas de 2016.

 En México, el movimiento #MeToo y sus diferentes ramas ha puesto el acento (y han hecho bien) en la violencia de género en la parte del acoso y la agresión sexual, también en los feminicidios. Se calcula que 10 mujeres al día pierden la vida por motivos de género. Nada ha podido detener la creciente ola de violencia que azota al país. La peor parte la están padeciendo las mexicanas.

Conviene recordar que el movimiento #MeToo nació en Estados Unidos el 15 de octubre de 2017. El hashtag, originalmente, fue idea de la activista Tarana Burke, quien lo usó desde 2006; pero, gracias a la actriz Alyssa Milano se viralizó. Alyssa urgió a las mujeres que hubiesen sufrido acoso y agresión sexual de parte del productor de cine Harvey Weinstein; las invitó a que salieran de las sombras y lo denunciaran. Gracias al empuje de Milano se presentaron denuncias concretas (no desde el anonimato) de Uma Thurman, Ashley Matthau, Annabella Sciorra, Dominique Huett, Lupita Nyong’o, Claire Forlani, Angelina Jolie y 64 actrices más contra Weinstein.

El hashtag #MeToo comenzó, así pues, en el medio artístico norteamericano, pero en un abrir y cerrar de ojos saltó a otros ámbitos. A este fenómeno expansivo se le conoce como “el efecto Weinstein”. Donde ha sido más resonante ha sido en el ámbito de la Iglesia católica y en el ambiente político. Para denunciar los abusos cometidos por sacerdotes se creó el hashtag #ChurchToo.

En el campo político, recordemos el escándalo que se armó cuando el presidente Donald Trump propuso, en septiembre de 2018, al ultraderechista juez Brett Kavanaugh como ministro de la Suprema Corte norteamericana. Su excompañera de secundaria, Christine Blasey Ford, lo acusó de haber participado junto con otros estudiantes en un ataque sexual contra ella.

Kavanaugh fue a juicio, pero, de manera desconcertante, fue exonerado. Así, pudo ocupar el puesto vacante en la Suprema Corte el 6 de octubre de 2018. Claro, para servir a los intereses políticos del misógino Donald Trump.

En suma, descanse en paz Armando Vega Gil; ojalá pueda haber una regulación de las redes sociales, e, igualmente, ojalá el movimiento feminista se fortalezca mediante la empatía y confianza que logre infundir en las mujeres.

 


Twitter: @jfsantillan
Mail: jfsantillan@tec.mx

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