Opinión


“Balance gubernamental”

“Balance gubernamental” | La Crónica de Hoy

Aspirar a cambiar las condiciones de vida de millones de personas (para bien) no puede estar a discusión, generar estrategias, políticas, programas que procuren reducir brechas nunca podrá ser sujeto de duda. El problema siempre termina en los “cómos”. Y esto implica una buena dosis de autocritica. Para ello es necesario dejar de lado el autoelogio, porque se pierde la objetividad en el balance gubernamental y se convierte esto en complaciente.

Generar autocrítica cuando en gobiernos anteriores no existía es un signo real de cambio, aceptar las fallas (las propias) permite mantener el capital político y enviar señalas de madurez democrática.

Gobernar, más allá del sentido común, implica ese equilibrio permanente entre administrar recursos y ejercer el poder político, entendido este último al relacionado con las libertades, con el ejercicio democrático y con la mejora de la gestión de los problemas públicos.

Por ello, comenzar con hacer un balance gubernamental con altas dosis de autocrítica deja ver que en serio, estamos hablando de una transformación, que pasa por la ética pública y por el ejercicio de esta nueva moral que se pretende permear en el ánimo social. En el balance gubernamental se vale decir la verdad.

De lo contrario, si prevalece el mensaje de división, maniqueo, con criterios clientelares entonces se trata de imparcialidad gubernamental, que no termina por poner de acuerdo a un país, ni en solucionar los aspectos sociales más críticos.

Por ello, un balance gubernamental, si lo que se quiere es tomar distancia del pasado, debe ser de autocrítica, de reconocimiento de lo que falta por recorrer, pero también de unidad, de conciliación, sino se termina por generar confusión social, división, dudas e inician las preguntas sobre los resultados, se ventilan las inconsistencias entre lo discursivo y la realidad. Es cierto que la curva de aprendizaje actual ha sido larga y ha cobrado altas facturas, pero mucho se haría por comenzar a reconocer que los errores y aprendizajes son parte permanente del ejercicio público, así podríamos creer que estamos, al menos, en los albores de una transformación verdadera.

Dr.Luis David Fernández Araya

@DrLuisDavidFer

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