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Bannon tiene nueva misión: formar futuros líderes populistas en un monasterio italiano

Adoctrinamiento: El exasesor de Trump e ideólogo de extrema derecha quiere preparar a los futuros gobernantes para reconstruir la civilización judeocristiana y que combatan sus demonios, como el islam, los inmigrantes, el papa Francisco o su mayor obsesión: China.

Bannon tiene nueva misión: formar futuros líderes populistas en un monasterio italiano | La Crónica de Hoy

Vecinos del monasterio de Trisulti (imagen de abajo) protestan contra los planes siniestros de Bannon.

Para Steve Bannon no todos los caminos conducen a Roma, sino a 130 kilómetros más al sur, donde se alza entre montañas y bosques la Abadía de Trisulti, un imponente monasterio que espera convertir pronto en la primera escuela del mundo en formar líderes populistas de la extrema derecha.

Prevista su apertura para 2020 y con un cupo de 350 estudiantes, estará dirigida por el británico Benjamin Harnwell, presidente de la fundación ultracatólica Dignitatis Humanae Institute (DHI), cuyo objetivo es “combatir al secularismo radical que se ha instalado en Occidente”.

Tras ser adjudicado en febrero de 2018 a ese instituto ultracatólico por el gobierno Italia, Harnwell proclamó: “Queremos que Trisulti se convierta en la sede de la lucha para defender la civilización judeocristiana en todo el mundo”. Por su parte, Bannon, ajeno a las protestas de muchos vecinos de Trisulti, que no quieren que su monasterio caiga en manos de un extremista, dijo que su deseo es que de la escuela surjan “imitadores” de actuales dirigentes nacionalpopulistas, como el húngaro ­Viktor Orban y su admirado ministro del Interior italiano, Matteo Salvini.

CHINA, COMO ANTES LA URSS. Al igual que en su día ocurrió con la Escuela de las Américas, formadora de futuros dictadores latinoamericanos anticomunistas, la Escuela de Trisulti quiere graduados que sepan combatir los demonios que no dejan dormir al que fuera exasesor ideológico del presidente Donald Trump. Entre los peligros que acechan a “la cristiandad” enumeró el islam, la llegada de inmigrantes de otras culturas a Europa y Estados Unidos, el fortalecido feminismo y su mayor obsesión: China.

Hace dos días, Bannon acusó durante una conferencia en Washington a sus antiguos patrones, los poderosos jefes de Goldman Sachs, de ayudar a firmas chinas a introducirse en EU. “La lucha por evitar el avance de China, como hizo Estados Unidos con la Unión Soviética, es el evento definitorio de nuestro tiempo”, dijo y se comprometió a “señalar a los miembros de la élite que vendieron y siguen vendiendo el pueblo estadunidense al régimen de Pekín que esclaviza a su propio pueblo”.

CONTRA FRANCISCO, EL LIBERAL. Aunque sus mayores enemigos gobiernan a decena de miles de kilómetros hacia el oriente, otro objetivo en su agenda se encuentra a un puñado de kilómetros desde su futura escuela italiana: el papa Francisco.

De hecho, la elección de la Abadía de Trisulti no es tan casual. Aprovechando la ley que traspasa al Estado los monasterios, si ya no viven monjes, un grupo de religiosos afines a Bannon maniobró para que el deshabitado monasterio fuese comprado por el Instituto Dignitatis Humanae y no por una orden religiosa que también competía y que, inexplicablemente, se retiró de la pugna. Entre los que presionaron para que DHI se quedase con el monasterio cercano a Roma destaca un nombre: el cardenal estadunidense Raymond Burke, uno de los principales adversarios de Francisco, al que acusó de pretender abrir la Iglesia a los divorciados. “Un matrimonio consumado sólo puede disolverse con la muerte. Los vueltos a casar viven en pecado. Los divorciados no pueden recibir la comunión”, le exigió al Papa en una explosiva carta firmada por otros tres cardenales.

Hace un año, Burke levantó aplausos durante una concurrida conferencia en el hotel Church Village, a dos kilómetros del Vaticano, en la que dijo lo siguiente: “Como demuestra la historia, es posible que un pontífice romano, haciendo uso de su poder total, pueda caer en la herejía”. Llegado a este punto, el cardenal ultracatólico afirmó que “al Papa podemos desobedecerle”, mientras la multitud gritaba: “¡Pueblo de Dios, levántate. Tenemos que actuar!”.

A la espera de que se abra la escuela de líderes populistas de Italia, en la que probablemente impartirá cátedra el cardenal favorito de Bannon, convendría estar muy atentos a lo que ocurra detrás de sus muros medievales y si desde allí ambos planean convertir ese “tenemos que actuar” en una conspiración que suponga no sólo una amenaza real para el actual pontífice, sino para la acosada democracia liberal, la única que garantiza los derechos de las minorías y la que más se ha acercado a algo mucho más sagrado que la religión o la supremacía de un pueblo: la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

 

fransink@outlook.com

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