Opinión


Barbaridades jurídicas

Barbaridades jurídicas | La Crónica de Hoy

Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo

Ludwig Wittgenstein

La palabra ‘barbarismo’ deriva de la voz latina ´bárbaro’ con que en Grecia se nombraban a las personas extranjeras que hablaban otra lengua y, por esa razón, se comunicaban con dificultad con las nativas. No cuesta trabajo suponer, porque seguramente nos ha ocurrido en algún momento, la complejidad de interactuar, por ejemplo, con personas de una comunidad indígena o de viajar a otro país con el que no se comparte la lengua, por la complejidad de sostener algo tan elemental como una charla.

Hoy, varios siglos más tarde, entendemos un ‘barbarismo’ como una forma incorrecta de escribir o expresar una palabra o emplearla impropiamente. Este fenómeno tan común y a veces, diríamos, hasta connatural a la esencia de la persona, no se limita, sin embargo, al uso de la palabra sino también a dichos o hechos temerarios o carentes de cultura, que han dado paso a expresiones como ‘barbaridad’ que usamos cuando algo nos parece absurdo o sorprendente.

En esta segunda acepción quiero detenerme, primero, porque indiscutiblemente el Derecho, como construcción humana, se alimenta inexorablemente de la palabra y, segundo, porque subsisten de otros tiempos o se generan en los actuales, fórmulas, normas, regulaciones o simples expresiones que, en una palabra, resultan incomprensibles no por falta de capacidad cognitiva de los destinatarios de la norma, sino porque uno sencillamente no puede justificar o explicar su existencia.  Son, diríamos, pifias, anacronismos o barbaridades jurídicas que, por desgracia no se limitan al plano anecdótico. Veamos. El Derecho es palabra, es lenguaje, porque entre ellos existe una indisoluble relación a la que, entre otros autores, se han referido Habermas o Alexy mediante su argumentación jurídica en el que concibe al Derecho como un discurso jurídico. Esas voces, a diferencias de otras, tienen una característica especial, única incluso, porque están cargadas de fuerza o de poder para que los destinatarios tengamos que adecuar a ella nuestro comportamiento.

Ejemplos tenemos, y varios, en el Derecho Penal. Quizás por ser una rama popular, impactante y poderosa, goza de buenos especímenes que vale la pena señalar.

Como si se tratara de un animal, en la definición que el Código Penal Federal da del tipo penal de aborto, emplea la expresión ‘preñez’ en lugar de embarazo; o qué decir de las atenuantes en esa misma figura, que se actualizan en favor de la madre cuando ésta no tenga ‘mala fama’ o que el producto haya sido fruto de una ‘unión ilegítima’. Menuda discriminación contra la mujer, coronada con prejuicios sociales elevados al terreno jurídico.

Como si se tratara del viejo oeste, así tal cual, en el propio Código Penal Federal subsisten tipos penales atenuados para los delitos de homicidio y lesiones, cuando éstos fueren causados en duelo.

En el Código Penal del DF, en uno de los supuestos del delito de manipulación genética, se refiere a la disminución o eliminación de ‘taras’, concepto que ni siquiera reconoce o recoge la Ley General de Salud en nuestro país.

En este mismo Código, dentro del tipo de robo, apenas en agosto de 2019 se incorporaron como agravantes aquellos cometidos contra teléfonos celulares y aquellos en los que se emplee como medio comisivo una motocicleta. Entendemos el objeto de la reforma, pero también precisamos que ella pecó de super especificidad y, en su lugar pudo referirse, por ejemplo, a ‘dispositivos electrónicos portátiles’ en el primer caso y a ‘vehículos motorizados’, en el segundo.

¡En nuestro país hay más, muchas más! Consuelo de tontos, puede reconfortarnos saber que este tipo de barbaridades ocurren en todo el mundo. Botón de muestra el caso de la India, donde jóvenes de 15 años de edad pueden ser encarcelados por copiar o usar acordeones en los exámenes; según el texto de Alejandro Anaya Huertas “Jueces, Constitución y absurdos jurídicos” en el que usted podrá encontrar, otros muy interesantes ‘casos de la vida real’.

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