Opinión


Biden, encarcelado

Biden, encarcelado | La Crónica de Hoy

Imaginen esta situación. 20 de agosto de 2020. Han pasado  tres meses del asesinato del afroamericano George Floyd y de los peores disturbios raciales en Estados Unidos, desde el asesinato de Martin Luther King, más de medio siglo antes. Esa noche de verano, Joe Biden es elegido candidato presidencial demócrata gracias a su condición de exvicepresidente de Barack Obama y un discurso victimista sobre el maltrato histórico a los negros en Estados Unidos.

Pero, en contra de lo que Biden esperaba, los estadunidenses no se entusiasman con su candidatura y el presidente Donald Trump lidera cómodamente las encuestas. En cuanto se da cuenta de que lo más seguro es que pierda, el candidato demócrata empieza a denunciar que el gobierno prepara un fraude en las elecciones del 3 de noviembre y advierte que sólo reconocerá sus resultados si él gana. Y así, machaca las redes sociales, día tras día, sin que sus dueños en Silicon Valley se inmuten ante el impacto psicológico de la mentira que el populista Biden cocina a fuego lento.

Llega la noche electoral y las proyecciones anuncian la reelección de Trump. El candidato demócrata —con el silencio cómplice o el apoyo abierto de los jerarcas del partido— presenta querellas por fraude en los estados donde no ganó. Al mismo tiempo, enaltece a las masas con mensajes donde asegura que le robaron las elecciones y que, “si los débiles congresistas demócratas confirman la reelección del usurpador republicano, el pueblo valiente que lo sigue no permitirá que esto ocurra”. Y fue lo que ocurrió —en este escenario hipotético, el 6 de enero—, cuando el candidato que no supo perder le indicó a los “radicales” del Black Lives Matter, el camino que lleva al Capitolio.

Este era el momento esperado por Trump. Dejó que la turba rompiera la enclenque barrera policial del Capitolio y dejó que los seguidores de Biden grabaran con sus celulares cómo profanaban el templo de la democracia estadounidense, cómo agredían a los agentes, y como se les escuchaba gritar: “¡Ahorquen a los traidores demócratas!”

Con todo este material grabado y con la audiencia siguiendo horrorizada el asalto en directo, Trump logró que se confirmase lo que venía diciendo durante meses: que el movimiento Antifa y los Black Lives Matter -y no las milicias supremacistas y neonazis- son organizaciones terroristas y deben ser juzgadas y condenadas como tales.

Una vez conseguido su objetivo ya pudo ordenar a la Guardia Nacional a que arrestaran a los asaltantes o los abatieran, en caso de ser necesario.

¿Y qué habría pasado con el candidato incitador a la insurrección?.

Puesto que no se convirtió en presidente, los republicanos no abrieron contra Biden un proceso de “impeachment”, pero hicieron algo peor: invocaron el artículo 18 del Código Penal que condena hasta con veinte años de cárcel a quien cometa un delito de sedición, que se aplica a quienes “conspiren para derrocar a los poderes de la nación”.

Afortunadamente, este escenario hipotético nunca habría ocurrido por una sencilla razón. Porque, si Biden hubiese perdido las elecciones en noviembre, habría felicitado al ganador (como hizo la misma noche electoral de 2016 Hillary Clinton, pese a que siempre fue arriba en las encuestas y ganó el voto popular). Biden jamás habría enardecido a las masas como hizo Trump.

Pero lo terrible es que, si Biden hubiese perdido y se hubiese comportado como Trump, la reacción del mandatario reelecto y de los republicanos habría sido desgraciadamente el escenario de pesadilla descrito. Habría ocurrido que el agente que murió a golpes de extintor en el Congreso el 6 de enero, sería a estas alturas el primer mártir de la guerra de Trump contra los “terroristas de izquierdas” y los “enemigos de los blancos”. Y el presidente reelecto tendría cuatro años para convertir a Estados Unidos en un infierno.

fransink@putlook.com

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