Opinión


Biden, llama a Castro

Biden, llama a Castro | La Crónica de Hoy

A un mes de que comience la temporada de primarias, de las que saldrá en verano el candidato demócrata que se enfrentará a Donald Trump en las elecciones de noviembre, el único aspirante latino, Julián Castro, anuncia que tira la toalla.

Es una lástima que no hayamos podido comprobar el poder real de un candidato latino en las urnas, aunque sea estado por estado; pero, seamos realistas, sus posibilidades de convertirse en candidato presidencial eran prácticamente nulas, como quedaba patente en cada encuesta de popularidad, donde no lograba romper la barrera del dos por ciento, siempre muy lejos de los cuatro favoritos: Joe Biden, Bernie Sanders, Elizabeth Warren y, de última hora, Pete Buttigieg.

Por otro lado, y viendo el aspecto positivo de su renuncia, al menos no tendremos que soportar al presidente Trump atacando sin piedad al candidato latino, a quien lo señalaría en sus duelos electorales como la prueba viviente de que “los mexicanos están invadiendo nuestro país”.

Era cierto que el traje presidencial le quedaba un poco grande al exalcalde de San Antonio y exsecretario de Vivienda con Barack Obama, pero nadie debería considerar a Castro un cadáver político. Sería una estupidez que ninguno de los aspirantes que siguen en la carrera aproveche el inmenso caudal de votos hispanos que arrastra tras de sí. Y si hay un aspirante que podría sacar más partido que nadie ante una eventual alianza con Castro ese sería, en mi opinión, Joe Biden.

Paradójicamente, Castro despuntó en uno de los primeros debates de aspirantes demócratas cuando se atrevió a atacar al exvicepresidente, al que prácticamente lo acusó de ser un “viejo que está chocheando”. Sin embargo, la política hace extraños compañeros de cama, y un golpe de efecto sería que Biden anunciara que un “veterano” político como él llevará de compañero de fórmula a un “joven”, orgulloso tanto de sus raíces mexicanas como del país que acogió a su abuela y le permitió cumplir el “sueño americano”.

Casualidad o no, Biden escogió San Antonio, la patria chica de Castro, para dar un golpe de timón a su campaña para atraer el voto hispano. “¡Hemos venido aquí a ganar Texas!”, declaró el 13 de diciembre el favorito en las encuestas, consciente de que no podrá ganar la candidatura presidencial, y mucho menos las elecciones de noviembre, si no logra el apoyo masivo de los hispanos. Una forma de matar estos dos pájaros de un tiro sería llamar al tejano Castro, un progresista moderado, convencerle de que forme parte de su equipo, y alejarle de cualquier tentación de aliarse con la “radical” Warren, o al “socialista” Sanders.

Si Biden no lo ha hecho ya, debería empezar a tomar nota de lo que pasó en Gran Bretaña en las recientes elecciones. El conservador Boris Johnson barrió a su rival Jeremy Corbyn por haber defendido un programa económico y social tan radical de izquierdas, que lo único que logró fue asustar a la gente y asestar la mayor derrota del Partido Laborista desde 1935.

Algo similar podría pasar en Estados Unidos. Si triunfa una candidatura excesivamente escorada a la izquierda, millones de estadunidenses (y desde luego muchísimos hispanos moderados) podrían asustarse y no ir a votar, o incluso votar con la nariz tapada a Trump.

Por eso, yo si fuera Biden estaría ahora mismo llamando a Castro.

 

fransink@outlook.com

 

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