Escenario


Björk y el amor trascendental de Cornucopia

La artista islandesa impactó con su fusión de “teatro digital” y “concierto de música pop de ciencia ficción” con el que busca crear conciencia ecológica

Björk y el amor trascendental de Cornucopia | La Crónica de Hoy

Para Björk, la manera de superar el duelo es la confrontación. Lo ha dicho la misma cantante islandesa cuando lanzó su disco Utopía (2017), material con el que regresa al optimismo y la posibilidad amorosa, y que salió en respuesta a Vulnicura (2015), un triste álbum que realizó al final de su relación de una década con el artista Matthew Barney, el padre de su hija adolescente.

Ese disco ha sido la base de Cornucopia, un ambicioso espectáculo que ella lo describe como la fusión entre un “teatro digital” y un “concierto de música pop de ciencia ficción”. Pero también es una forma de expandir el propósito de Utopía para dar un mensaje mucho más contundente sobre un futuro alternativo femenino, feminista y esperanzador, en el que “la naturaleza y la tecnología colaboren”, como lo dice literalmente en una parte del show.

Cornucopia llegó a México el pasado sábado. La islandesa construyó una carpa dentro del Parque Bicentenario con una capacidad para cuatro mil personas, que comenzaron a llegar desde las 18:00 horas, dos antes de que iniciara el concierto. Los asistentes ocuparon sus localidades guiados por personal del lugar que adelantaba una instrucción de Björk: “no se puede tomar fotos, ni grabar durante el concierto, tampoco se puede estar de pie porque no quiere que haya ninguna distracción, el propósito es crear una experiencia única”. Y no falló.

Cuando se presentó en mayo de este año dentro del Teatro Shed’s McCourt, de Nueva York, Cornucopia fue catalogado como “el concierto escenificado más elaborado hasta la fecha”. La experiencia ha dejado impresionados a los asistentes, con su intensa manera de hablar del optimismo, el cual no tiene una tónica general de la felicidad sino que lo muestra a través de su interpretación de lo salvaje que puede ser la belleza de la naturaleza y que además usa la metáfora artística, con el uso de la tecnología para hacer guiños a la forma en la que ésta ha cambiado los modos como nos relacionamos.

Antes de comenzar el concierto un grupo de 30 personas se alinea en el escenario, se trata del coro Stacatto de la UNAM, quienes vestidas de blanco daban voz a los temas islandeses como “Ísland, farsælda frón” y “Vísur vatnsenda-rósu”, entre otros. La propuesta en el escenario utiliza cortinas transparentes que ocupan el lugar de pantallas comunes, ahí se vio por primera vez virtualmente a Björk mientras cantaba “Family”, que provocó los primeros aplausos, pero fue con “The gate”, cuando se pudo ver físicamente a la cantante por primera vez, con el llamativo vestuario diseñado por Olivier Rousteing.

Cuando ella apareció se pudo ver también el resto de la propuesta estética cuyo concepto fue dirigido por Lucrecia Martel. El escenario creado por Chiara Stephenson, está llevado a lo microscópico. Figuras que parecen hongos, flores y pistilos, juegan con la música de la cantante. Además “The gate”, abraza al espectador con su solemnidad, nos muestra una atmósfera que representa el “amor trascendental”.

Björk tiene como pilar melódico la flauta dentro del show. Ese instrumento que fue su favorito en la infancia con el cual se rebeló a los compositores clásicos cuando aprendió la furia de la música contemporánea y atonal, se convierte en fundamental de la propuesta musical para la cual incluye a Viibra, un grupo de siete mujeres flautistas de Islandia, que acompañan la armonía de temas como “Arisen my senses”, con bailes y el juego de visuales.

A capela suena hermosamente “Show me forgiveness” y luego de los aplausos en las cortinas se ven flores mientras se escuchó “Venus as a boy”; sin embargo, fue el eclecticismo de “Claimstacker”, la que hipnotizó a los asistentes, que aún tenían cierto desconcierto con el audio tipo atmos, que parecía susurrarles desde diferentes puntos del domo.

Cuando sonó “Isobel”, nuevamente el público se rindió en aplausos y gritos. Flores como soles se veían en las cortinas, todo un espectáculo fueron los visuales creados por el artista Tobias Gremmler. A ella le siguió un hermoso respiro: “Blessing me”, una canción de amor en la que, entre arpas, la cantante intercambia MP3 con su amante platónico e imagina la “fantasía” de su “unión física”.

“Tenemos que imaginar algo que no existe. Escarbar intencionalmente al futuro y exigir espacio para la esperanza. Tejer un domo matriarcal. Imaginemos un mundo donde la naturaleza y tecnología colaboran. Y hacer una canción sobre ello, una maqueta musical y movernos en ella… Escribamos música para nuestro destino. Imaginen un futuro, estén en él”, se leyeron en las cortinas las palabras de Björk antes de que llegaran temas como “Body Memory” y “Hidden Place”, en las cuales la cantante estuvo dentro de un aro.

En “Mouth’s Cradle”, las luces y sonidos juegan con el vértigo del público, pues parece que hay una alarma real; luego las flores renacen en “Features creatures”. Las emociones se mantuvieron en “Courtship”, “Pagan poetry”, y temas como “Loss”, “Sue me” y “Tabula rasa” completaron el cierre de emociones, apoyados por la arpista Katie Buckley, el percusionista Manu Delago y el DJ de música electrónica Bergur Porrison.

Salieron del escenario y antes del encore, se escuchó en el público el grito de: “Ni una más”, en referencia a la protesta de las mujeres contra la violencia de género. Antes de regresar al escenario se proyectó un discurso de Greta Thunberg, activista sueca, que se esfuerza por salvar al planeta.

“Dicen que aman a sus hijos sobre todas las cosas. Y aún así, les están robando su futuro frente a sus propios ojos (…). Necesito decirles que el cambio viene, les guste o no a nuestros líderes”, expresó la activista de 16 años en el video transmitido por las pantallas, para finalmente la cantante despedirse con “Future forever” y “Notget”.

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