Escenario


Blanco de verano y las dolencias del amor materno

Entrevista. La actriz Sophie Alexander-Katz, protagonista del filme, habla de su experiencia en esta película que compite en el Festival de Sundance, el más importante de cine independiente en el mundo

Blanco de verano y las dolencias del amor materno | La Crónica de Hoy

Fotograma de la cinta dirigida por Rodrigo Ruiz Patterson.

Blanco de verano es el largometraje más reciente de Rodrigo Ruiz Patterson, un filme que aborda una temática familiar para la sociedad, pero pocas veces vista en la pantalla grande nacional: el amor materno que afronta su primer gran colapso con el fin de la infancia. Protagonizada por Adrián Rossi, Fabián Corres y Sophie Alexander-Katz, la trama discurre con una narrativa distinta que les ha válido un lugar en el Festival Internacional de Sundance.

“Teníamos en claro que nuestro objetivo primordial desde el día uno de rodaje, era el de ser capaces de abarcar todo el guion. Porque a veces aventurarte en una producción independiente es un deporte de alto riesgo, por los altos niveles de inversión que se requieren y la inestabilidad del proceso”, expresó Sophie Alexander-Katz, en entrevista telefónica desde el festival estadunidense, el más importante de cine independiente en el mundo.

Una de las características principales del filme es que nace como un proyecto académico por parte del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), apoyado por el Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad (Foprocine) del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), dentro del programa Ópera Prima, haciendo de Blanco de verano la vigesimosexta producción en nacer gracias a esta plataforma. La cual busca apoyar el primer largometraje de un director y cinefotógrafo egresado de la institución. 

“El reto para nosotros como actores era el de ponernos en la misma sintonía, porque el público detecta eso y nuestra meta final era que compraran la narrativa que hay dentro de la película, que entiendan el motor que hay detrás de cada personaje, por qué cada uno está lleno de equivocaciones, de malas decisiones y que con el correr de la película puedan entender los diferentes contextos, porque es algo que nos sucede a todos y que, a veces, hasta un amor arrebatado nos puede llevar a esa misma situación”, comentó la actriz.

El drama de Blanco de verano se centra en una familia promedio, una característica fundamental que la producción quería destacar para crear una empatía con el público, para poder hacerles ver que las historias reales que muchas veces juzgamos como banales, tienen un trasfondo lo suficientemente poderoso para llegar a la pantalla grande.

Rodrigo es un introvertido chico de 13 años que pasa la mayor parte del tiempo solo, salvo cuando está con su madre, Valeria, que también es su mejor amiga, su protectora y su mundo entero. Rodrigo cree que su relación es íntima y que está basada en la confianza mutua, hasta que una mañana se despierta y encuentra a un extraño en la casa: Fernando, el nuevo novio de su madre, que ha pasado allí la noche. El mundo de Rodrigo colapsa de la noche a la mañana, lo que provoca que se vea en la obligación de reconstruir el mundo solitario en el que una vez estuvo inmerso.

El director explicó que para construir la relación de madre e hijo, representada por los personajes de Valeria y Rodrigo, utilizó mucho la improvisación, un elemento poco común en el cine por la limitada cantidad de tiempo que hay para ensayar, pero que al final resultó determinante para darle verosimilitud a un vínculo casi edípico.

“Desde el casting era importante la relación que tendría con Adrián Rossi, de hecho, durante la preparación tuve que hacer la audición a escena con otros niños que eran aún considerados para la película, desde ahí era clara la intención de que la química que hubiera entre el elenco fuera mucho más allá. Porque, queríamos transmitir y crear un vinculo empático con el público, vinculo que a veces es menospreciado en el cine actual, pero que queríamos rescatar y llevar a cabo”, puntualizó.

Estar en un escaparate tan grande como lo es el Festival de Sundance es algo de lo que pocas producciones mexicanas pueden presumir. Competir codo a codo con las grandes potencias cinematográficas mundiales a nivel independiente es algo extraordinario para el arte cinematográfico en México, Blanco de verano es prueba fehaciente de que las historias y narrativas producidas en nuestro país son de calidad mundial.

“Creo que lo primero que pensamos cuando llegamos a Sundance era exponer a México con toda su valía. Debido a nuestro contexto social y la realidad de nuestro país desde hace años, las historias potentes nos sobran. Tenemos el material suficiente para defendernos en cualquier festival del mundo, porque estas narrativas que emanan de nosotros tienen temáticas casi que universales, pero que no dejan de sentirse mexicanas”, enfatizó la actriz.

“Participaciones como la que tenemos este año con Blanco de verano, deberían convertirse en una invitación a la reflexión, a que apostemos por el cine y el arte en general en el país. Hay muchísimas historias sin contar que están esperando ese último apoyo para volverse realidad y les estamos dando la espalda”, concluyó.

La cinta compite en el Festival de Sundance en la Official World Dramatic Competition, con funciones todos los días dentro de las salas del festival, convirtiéndose en un hito del cine independiente en México.

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