Mundo


Bolsillo lleno, lealtad firme: La frágil ecuación que sostiene a Maduro

Dilema. La fidelidad al régimen chavista depende de que no se corte el flujo de dinero procedente del petróleo. De momento sigue llegando al Ejército, pero su mejor aliado externo, el presidente ruso Vladimir Putin, empieza a ponerse nervioso

Bolsillo lleno, lealtad firme: La frágil ecuación que sostiene a Maduro | La Crónica de Hoy

"Estas armas están listas para defender nuestra patria. Estamos listos para defender al presidente Nicolás Maduro”. Así de contundente se expresó ayer el ministro de Defensa venezolano, el general Vladimir Padrino, en un acto castrense al que de nuevo acudió el mandatario chavista, en busca del calor que ya perdió en la calle. Sin embargo, la soflama militar del único gran aliado interno que sostiene al régimen debería interpretarse de la siguiente manera: “Estas armas están listas para defender nuestro patrimonio. Estamos listos para defender a nuestro benefactor”.

Así que nadie se lleve a engaño. Si el Ejército venezolano sigue sosteniendo al régimen chavista no es tanto por afinidad ideológica, sino porque es el principal beneficiario de la revolución socialista que se inventó Hugo Chávez y que sostiene a duras penas su heredero Maduro.

Que el régimen venezolano es una dictadura militar de facto —una “unión cívico-militar”, como suele decir Maduro— lo demuestra que los cargos más importantes del Estado están copados por uniformados: De 32 ministros, 14 son militares, al igual que la mayoría de las gobernaturas chavistas. El control de aduanas y el monopolio de la distribución de los pocos alimentos que circulan en Venezuela también está en manos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), pero la verdadera joya de la Corona que defienden a fusil cargado es PDVSA, responsable del 96 por ciento de los ingresos del país.

Rezar por PDVSA. El 27 de noviembre de 2017, Maduro dejó al frente de PDVSA al general Manuel Quevedo, con el encargo de aumentar la producción de petróleo en un millón de barriles más al día. Un año después, la estatal petrolera producía 740 mil barriles menos, hasta caer a mínimos históricos: un millón 171 mil (en 2016 producía 2.154 millones).

Cuando Maduro le pidió explicaciones, el ministro del Petróleo lo invitó a una misa en la que se rezó para que subiera milagrosamente el precio del crudo y fluyera el dinero para salvar a PDVSA.

En vez de un milagro, lo que ha sucedido es que el gobierno de Donald Trump ha congelado las cuentas de Citgo, la filial de PDVSA en Estados Unidos, por lo que el gobierno de Maduro ya no podrá disponer del dinero con el que paga por la compra de petróleo venezolano. Tal como están las cosas, sólo la necesidad imperiosa de no perder el favor del Ejército explicaría que Maduro no haya destituido al piadoso general, sin experiencia en manejo estratégico de la industria petrolera.

El narcoministro Reverol. Pero quizá el caso más sangrante de esa “unión cívico-militar” que sostiene la dictadura de Maduro sea el de Néstor Reverol, comandante de la Guardia Nacional Bolivariana.

El 1 de agosto de 2016, la Fiscalía de Nueva York acusó al entonces director de la Oficina Nacional Antidrogas (ONA) de Venezuela, Néstor Reverol, de usar su cargo para alertar a los narcotraficantes de redadas policiales y entorpecer investigaciones para permitir que barcos y aviones cargados de drogas salieran de Venezuela. Uno de esos cargamentos, con 800 kilos de cocaína, logró entrar en EU, pero allí esperaba la DEA a los traficantes, que resultaron ser dos sobrinos de la esposa de Maduro y que confesaron trabajar para el Cártel de los Soles, a las órdenes de Reverol.

Ese mismo año, Maduro nombró al militar ministro de Interior, Justicia y Paz. Para muchos venezolanos, éste es el precio que paga el mandatario por el silencio de uno de los hombres que más saben del negocio entre el narcotráfico y el gobierno venezolano.

Desde Rusia con poco amor. Y mientras el Ejército venezolano tiene mucho que ganar con la supervivencia del régimen de Maduro, su mejor aliado en el exterior, el presidente ruso Vladimir Putin, empieza a mostrar señales de que tiene mucho que perder.

El viceministro ruso de Finanzas Serguéi Storchak, admitió el martes que Venezuela probablemente tendrá problemas para honrar la deuda que ha contraído con Rusia, estimada en unos 3 mil 700 millones de dólares. El primer pago —de 100 millones de dólares— debe estar depositado este marzo. Nada más conocer este anuncio, Lukoil, la principal petrolera rusa, congeló su contrato con PDVSA, mediante el cual suministraba a la estatal venezolana los aditivos necesarios para los procesos de refinación de crudo.

Con una economía de nuevo renqueante en Rusia y Putin en caída acelerada de popularidad, tras su intento de alargar muchos años la edad para jubilarse, el Kremlin no puede arriesgarse a aventuras imperialistas lejanas, sobre todo, si sus aliados tropicales empiezan a cortar el flujo de dinero a devolver.

De momento, la actitud de Rusia —al igual que la de China y Turquía, los otros países que han apostado con préstamos e inversiones a la supervivencia del chavismo— es la de esperar y ver qué pasa con ­PDVSA y qué pasa con los militares venezolanos. Porque al final ni revolución ni antiimperialismo ni nada, lo que quieren es saber quién les va a pagar lo que les debe.

 

fransink@outlook.com

 

Comentarios:

Destacado:

LO MÁS LEÍDO

+ -