Opinión


Boris, el payaso

Boris, el payaso | La Crónica de Hoy

A mediados de la semana que recién concluyó, el partido conservador de Gran Bretaña, los llamados tories, eligieron a Boris Johnson como su nuevo líder. Al hacerlo, lo eligieron como sucesor de Theresa May, quien concluye—quizás—una de las administraciones más grises en la historia de ese país. La de Johnson, el exalcade de la ciudad de Londres, podría ser peor, pues más allá de su fachada como una persona aparentemente bonachona e informal, es un personaje autoritario, pendenciero e irresponsable, que hace ver a Donald Trump como un amateur.

Ello se dice por la manera en que Johnson ha amenazado reiteradamente con la posibilidad de que el Reino Unido deje la Unión Europea sin cumplir con las formalidades del caso. Entre las que se deben atender, está la de qué sucederá con el dinero que GB le debe a la Unión, la de qué reglas mediarán el comercio entre GB y la Unión y, sobre todo, la de qué pasará con la frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte.

En esos y otros muchos temas, la campaña de Johnson para el liderazgo conservador fue algo parecido a un episodio del programa de Benny Hill, el cómico británico de los setenta y ochenta que se caracterizaba por sus situaciones absurdas con mujeres con poca ropa, policías torpes persiguiendo a ladrones igualmente torpes y música de circo en lugar de cualquier tipo de diálogo.

Johnson no sólo no respondió con la seriedad debida las preguntas que se le hicieron sobre las soluciones concretas que trataría de impulsar para los tres problemas ya señalados, en el marco del brexit, sino que recurrió a la mentira y al vano intento por hacer de su ignorancia algo chistoso. Sólo le faltaron las vedettes con poca ropa y la música de circo.

Ello ha hecho que el Parlamento británico aprobara, antes de la elección interna de los conservadores, un paquete de medidas para impedir que Johnson pudiera decretar un receso del Parlamento que le permitiera resolver, sólo con su gabinete, el último tramo de la negociación del brexit con la Unión Europea. En distintas oportunidades, Johnson dejó ver la posibilidad de usar ese recurso que ahora ya no existe.

Dada esa realidad, así como el que el partido conservador ha perdido en los últimos meses apoyos de parlamentarios que renunciaron a su militancia para protestar contra el brexit, no sería difícil que Boris ­Johnson fuera incapaz de cumplir con el encargo que la reina le dio de formar un nuevo gobierno. Baste recordar que, en 2015, los conservadores ganaron 330 escaños, cuatro más que el mínimo para formar gobierno de 326. En la elección adelantada de 2017, sólo lograron 317, por lo que debieron conseguir el apoyo de los ultraconservadores unionistas de Irlanda del Norte, lo que les dio apenas 327 escaños, uno más que el mínimo. En la actualidad, los conservadores sólo controlan 311 escaños, que sumados a los diez de los unionistas los dejan cinco escaños abajo del mínimo indispensable.

Luego del discurso de investidura, la mañana del  jueves, quedó claro que para concretar el brexit, el Reino Unido enfrenta un panorama complejo y difícil, en el que no puede descartarse la posibilidad de una nueva elección general adelantada que sirva como referéndum indirecto sobre el futuro del brexit, que tendría lugar en un escenario en que tanto los conservadores como los laboristas han sufrido bajas en sus fijas y sin que haya razones para ser optimistas sobre el futuro inmediato. Algo parecido ocurriría, por cierto, si Johnson pierde un voto de confianza en las próximas semanas.

 

 

manuelggranados@gmail.com

 

 

 

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